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Migrantes en Tapachula esperan hablar con AMLO

Integrantes de la CNDH buscarán establecer un diálogo este jueves 20 de junio con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto Alfredo Domínguez

Hermann Bellinghausen, enviado 

Tapachula, Chis. Un centenar de migrantes de distintas nacionalidades se concentraron hoy ante las pequeñas oficinas locales de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) para demandar respuesta del gobierno mexicano a sus solicitudes de asilo, residencia o permiso de trabajo para permanecer, insistieron, en territorio nacional. “No queremos llegar a Estados Unidos, decían hondureños, salvadoreños, cubanos, haitianos y “africanos”, blandiendo copias de documentos de la Secretaria de Gobernación (Segob) que confirman sus trámites.

“Mañana buscaremos hablar con el presidente Andrés Manuel López Obrador en su visita a Tapachula”, anuncia el defensor de derechos humanos Luis García Rey, quien los representa en sus trámites y demandas.

“Ya tienen todo para la visa, pero no les han resuelto. La Comisión Nacional de Ayuda a los Refugiados (Comar) no cumple sus compromisos ni sus plazos. Muchos de ellos están asentados en Ciudad Hidalgo y tienen que venir diariamente a esperar una respuesta. No se cansan de insistir. Ya ‘huellearon’, ya cumplieron todos los requisitos, tienen derecho a la visa”, añade. “Reclaman protección, en sus países sufren las mafias, la represión, la dictadura”.

Escuchando a las mujeres de Cuba u Honduras, a los muchachos de Haití, al atribulado padre de la niña Génesis María Barrientos, detenida en la Estación Siglo XXI y enferma de salmonelosis, igual que sus dos hermanitos, sin atención y encerrados, queda claro que el camino del migrante es un laberinto. Podrá ser un calvario, un purgatorio, un infierno, una pesadilla, rara vez un golpe de suerte. Pero una vez que entra en relación con las autoridades de México y solicita asilo, o permiso de trabajo, la ruta del migrante deviene un auténtico remedo de El castillo de Franz Kafka. Toca a las puertas de la fortaleza, le prometen y prometen, sabe que no puede regresar, pero no logra reanudar su camino, atrapado en una flaca esperanza.

Multitud de azares y quizás desgracias lo, o la empujaron a las fronteras de México y aquí está, atrapado entre la discriminación, la burocracia, la política binacional con Estados Unidos en el más alto nivel y las negociaciones que los vecinos gobiernos centroamericanos. Es por él, por ella, por los miles de personas que aspiran a cruzar el territorio nacional rumbo al norte, o bien permanecer aquí como refugiados o fuerza de trabajo, que atravesamos una crisis de política internacional, de soberanía y seguridad nacionales.

Este jueves, el presidente Andrés Manuel López Obrador vendrá a esta frontera a entrevistarse con el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele. García Rey proclama: “Por nuestro derecho, por nuestra protección, vamos a buscar este jueves al presidente de la República para que nos escuche”. Cita a todos: “Mañana a las ocho de la mañana aquí, para ir a donde esté el presidente” y les pide anotarse en una lista para “saber cuántos no tenemos que transportar”.

Son parte de la multitud cotidiana que acude a la Comar de Tapachula a esperar respuesta, siempre demorada, a veces infinita. “Me dijeron que en dos semanas en abril, ya pasaron tres meses y no hay para cuándo”, dice una mujer hondureña. Esas historias se repiten en los albergues, saturados a tope, como “El buen pastor del pobre y el Migrante”, que hoy acogía a más de 500 personas, casi doblando su capacidad. Así está desde hace ocho meses.

Las condiciones de salud de los menores llegan a ser graves. En “El buen pastor” hay tres casos de tuberculosis, y no hay doctor ni medicamentos. Andan con cubrebocas, y poco más, entre la aglomeración en el patio central y los pasillos del lugar. La constante presencia de medios estos días en todas las partes donde los migrantes pasan, esperan, huyen o se ocultan, les permite contar sus historias, desahogarse, llorar ante las cámaras de televisión, echar sus penas al viento.

José Barrientos, padre de Génesis, reside y trabaja en Tijuana pero vino a reunirse con su esposa y sus tres hijos, procedentes de Honduras. Están en la Estación Siglo XXI, enfermos. “No me dejan verlos, ni los dejan salir”. Denuncia que miembros del grupo Beta lo amenzaron con deportarlo “si sigue protestando”.

Los controles militares, policiacos y migratorios se han multiplicado a lo largo de la frontera y las carreteras de Chiapas. Todos los días llegan contingentes de la Guardia Nacional, con equipo, armas y transportes. Oficialmente serán “sólo” mil 500. Pero no olvidemos que ésta es la entidad más militarizada del país, así que sólo se incrementa la presencia castrense. En días recientes los patrullajes de vehículos militares se han multiplicado en Tapachula, las carreteras y ciudades vecinas.

JSL
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