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Atisbos al mundo de 20 pueblos nómadas

Carlos Paul

La magna exposición Río Congo: artes de África Central fue inaugurada ayer en el Museo Nacional de Antropología.

Reúne unas 350 piezas, de las cuales un centenar se exhibe por primera vez de manera pública.

Esa muestra excepcional permite atisbar el fascinante y misterioso mundo, lleno de simbolismos, de 20 pueblos nómadas que se extienden por seis países: Camerún, Guinea Ecuatorial, Gabón, República del Congo, Angola y República Democrática del Congo.

Viven y se nutren del segundo río más caudaloso del mundo: el Congo, el más extenso del continente africano después del Nilo, el octavo más largo del planeta y que cruza dos veces el ecuador.

Madera, piel, fibras, marfil, plumas, hueso, rafia, hierba, follaje, cerámica, caolín, resinas, algodón, hierro, latón, cobre, vidrio, conchas, perlas y pigmentos son algunos de los materiales utilizados para la creación de máscaras, esculturas, armas, instrumentos musicales y textiles, entre otras piezas que dan cuenta de la expresión humana inherente a todas las culturas en torno a la vida, la muerte, la fertilidad, la ritualidad y la religiosidad de esos pueblos.

Representación y significado se integran en cada pieza; forma y contenido son inseparables; la apariencia y el universo de las ideas que expresan forman un todo indivisible. Cada una de las obras habla de la relación de esos 20 pueblos nómadas con su medio ambiente, con su historia y su idea del mundo, llámense adouma, bembe, chokwe, eshira, fang, kongo, kwele, luba, mbeti, pende, punu, songye, tsogho o yombe, explicó Teresa Franco, directora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en la apertura de la exposición.

Con la curaduría de François Neyt, la muestra en México es más amplia de la que se presentó en el Museo del Quai Branly de París, pues ahora incorpora dos secciones nuevas: una de instrumentos musicales y otra de artes gráficas.

De acuerdo con la titular del INAH, las máscaras, las esculturas relicario, las imágenes de los ancestros, las figuras protectoras, las representaciones femeninas, las insignias, todas de indudable valor artístico, son mucho más que piezas elaboradas para la contemplación, pues constituyen medios propiciatorios de las fuerzas positivas de la naturaleza; para alejar a los malos espíritus; para proteger en situaciones como el embarazo y el alumbramiento; para establecer una comunión con la naturaleza; un lazo con los antepasados y con la historia comunal; y, sobre todo, como elementos de cohesión de las sociedades.

Danza y música, esenciales

La danza y la música también son esenciales en la ritualidad. La muestra incluye instrumentos musicales como arpas, tambores, silbatos y sonajas que dan cuenta de la musicalidad de los pueblos del río Congo y el sentido estético de sus creadores.

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Fuelle de herrería nkom, de la cultura fang de Gabón, siglo XIX, madera y latón, perteneciente al Museo del Quai Branly de París, incluido en la muestra montada en el recinto de Paseo de la Reforma esquina Gandhi, Bosque de ChapultepecFoto cortesía del INAH

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Estatuilla de ancestro, cultura bembe, finales del siglo XIX-principios del XXFoto cortesía del INAH

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Estatuilla mágica, cultura kongo, anterior a 1892Foto cortesía del INAH

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Máscara antropomorfa, cultura lega, principios del siglo XX, madera, Museo del Quai Branly. Las piezas aquí reproducidas figuran en la exposición del Museo Nacional de AntropologíaFoto cortesía del INAH

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Máscara kifwebe, cultura songye. República Democrática del Congo, principios del siglo XX, madera y pigmentosFoto cortesía del INAH

De todas las obras, la colección de la cultura songye es la más representada en la exposición, reconocida por sus máscaras y singulares esculturas que protegen al pueblo y confieren fecundidad y riqueza.

De igual manera se pueden apreciar las máscaras vinculadas con la deidad del bosque, creaciones de los pueblos de la selva ecuatorial, los kwele y fang de Gabón. Su estilizada forma no escapó a la mirada de Matisse, quien inmortalizó el rostro de su mujer bajo la sobria línea de esas caretas africanas.

En la apertura oficial, Maryse Bossiére, embajadora de Francia en México, dijo que la exposición Río Congo… en el Museo del Quai Branly recibió más de 220 mil espectadores. Ocupó el segundo lugar, en número de visitantes, en contraste con todas las exposiciones en ese recinto.

Sin ofrecer una cifra, la diplomática francesa señaló que la exposición que ocupó el primer lugar fue la que se realizó unos años antes en torno a la cultura teotihuacana. Adelantó que en otoño de 2016 se montará en Francia otra magna exposición de arte moderno y contemporáneo mexicano, que a lo mejor todavía no se conoce bastante bien en Europa.

El descubrimiento del arte de África Central, señaló Bossiére, fue de mucho impacto para los artistas europeos de principios del siglo XX. “Del conocimiento de ese arte, a los artistas europeos les permitió ir hacia la abstracción, como Picasso y Mattise, de quien se exhiben varias piezas de su colección personal.

“En el momento de cerrar el año –concluyó la embajadora francesa–, sumergirse en el universo del arte de África Central, que puede parecer a la vez tan lejano y cercano, es una muy buena manea de seguir adelante.

Cerrar la página de 2015, para nosotros los franceses, no dejó de ser muy difícil. Hay que recordar que conocerse, respetarse y descubrirse unos a otros es la mejor manera de imaginar un mundo en paz.

Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, quien se encargó de inaugurar la exposición, destacó, entre otras cosas, que Río Congo… permitirá conocer otra cultura, quizá lejana, pero que tiene el atractivo y el común denominador de la vida humana, lo cual se vuelve referente para entender la cultura universal.