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Belleza y esperanza frente a la muerte

"La pólvora se asocia a las guerras y atentados terroristas, pero la utilizo en beneficio de la paz", aclaró el artista. Foto La pólvora se asocia a las guerras y atentados terroristas, pero la utilizo en beneficio de la paz, aclara

Armando G. Tejeda

Madrid. La pólvora como metáfora antagónica de la guerra y la destrucción. Frente a la muerte y el desaliento, la belleza y la esperanza.

La obra del artista chino Cai Guo-Qiang (Quangzhou, 1957) se adentra en el origen del proceso creativo en la primera exposición, en la historia del Museo del Prado, creada in situ en sus históricos salones repletos de las grandes obras de la historia del arte.

El misterio de la creación en el clímax del vértigo de la explosión, en la incandescencia geométrica de los colores extinguidos y desnudos por la mano de un escultor ciego en medio de un mar en llamas.

El Museo del Prado inauguró hace unos días la exposición El espíritu de la pintura, iniciativa que se originó hace unos cuatro años y que en los siete meses recientes le ha exigido dedicación absoluta a uno de los creadores más admirados y cuestionados, al mismo tiempo, del arte contemporáneo.

La utilización reiterada y magistral de la pólvora que hace Guo-Qiang, esa materia que lo mismo sirve para dinamitar montes, cargar de destrucción armas militares o derrumbar construcciones en ruinas, en su caso sirve para rendir un homenaje estético y conceptual a sus grandes maestros artísticos: El Greco, Diego Velázquez, Tiziano, Goya y Rubens.

Ese proyecto supuso además que Cai Guo-Qiang se erigiera en el primer artista en la historia de ese museo madrileño en crear un trabajo in situ,pues no obstante que lo inició en su estudio en Nueva York, la mayor parte la desarrolló entre las paredes de esa pinacoteca.

La exposición reúne 27 pinturas de mediano y gran formatos –una, la que da nombre a la muestra, mide 18 metros cuadrados– y su proceso creativo es con base en igniciones de pólvora sobre lienzo.

Diálogo con grandes maestros

Durante la presentación de la muestra, Cai Gou-Qiang explicó que su principal y más honda influencia a lo largo de su trayectoria artística ha sido la visión del color y la fuerza de El Greco, pero que los otros grandes maestros con los que entabló un diálogo abierto en estos siete meses de trabajo le han permitido construir un nuevo lenguaje, para el que edificó también un método que hasta ahora no había utilizado en su manejo de la pólvora.

Básicamente porque la pólvora española era muy pura, el clima de Madrid muy seco y eso hacía que el proceso de ignición fuese súbito, casi imperceptible. Lo que provocaba caos en la obra.

El artista chino, de 59 años, es considerado uno de los creadores más destacados del arte contemporáneo desde los años 90 del siglo pasado, pero saltó a la fama internacional por su participación como director artístico de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008.

Sin duda dos de sus obras más comentadas y celebradas son La manada de 99 lobos, en la que las esculturas de hierro recubiertas de piel de lobo crean un círculo que tiene en uno de sus límites una pared de cristal en la que se van estrellando los animales escultóricos. La otra pieza es Escalera al cielo, construida con fuegos artificiales en 2015.

Su utilización de la pólvora, además de su origen oriental y su fuerza expresiva, también plantea una reflexión sobre el devenir del mundo.

La pólvora se asocia a las guerras y a los atentados terroristas. Pero aquí la he utilizado en beneficio de la paz y de la belleza. Nada como la pólvora para unir el pasado con el futuro. Porque la pólvora también puede servir para crear belleza y dar esperanza.

Explosiones controladas

Para dotar de color a la pólvora y a sus explosiones controladas, Cai Guo-Qiang utiliza colores tradicionales y así rinde homenaje a sus maestros. El resultado es el rojo de Tiziano, un poco de negro, el púrpura del Greco, el verde de Rubens, el rojo y negro de Goya. Son mis impresiones de sus colores.

La exposición montada en el Museo del Prado, que concluirá el 4 de marzo, incluye la proyección de un documental de 20 minutos de la cineasta española Isabel Coixet, en el que se hace un recorrido por la obra y el proceso creativo del artista.