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Busca Museo Berliner dar nueva vida a patrimonio canadiense

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Museé des Ondes o museo de Berlinale. Foto Notimex

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Museé des Ondes o museo de Berlinale. Foto Notimex

Por Notimex

Montreal. Reducido a un pequeño espacio donde apenas exhibe una mínima parte de su acervo, el Museo Emile Berliner (Museé des Ondes) avanza paso a paso en el ambicioso proyecto de remodelación de sus instalaciones, que le permita ser relanzado, en su totalidad, en 2017.

Durante un recorrido, en julio pasado, por el inmueble del 1050 de la calle Lacasse, aún se observaba vacía la galería principal; al fondo, en un pequeño sótano, la muestra “La radio en Montreal en tiempos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”, abierta hasta febrero de 2016.

El espacio concentra algunos gramófonos de principios del siglo pasado, discos para gramófonos y algunos de vinil de 33 rpm; aparatos de medición de ondas, placas de televisores de bulbos, y láminas que ilustran y explican el desarrollo de las ondas sonoras y la industria del audio.

Pierre M. Valiquette, presidente del patronato encargado del Museo, explicó entonces a esta agencia que ha sido una labor titánica la de rescatar el recinto y salvaguardar lo que considera una colección histórica, parte del patrimonio cultural, científico y tecnológico de los montrealeños.

Entrevistado en el viejo complejo industrial de Saint Henri, conocido como edificio RCA Victor, el entusiasta promotor cultural habló sobre el valor de esta colección privada que, gracias a la donación de la gente, suma ya unas 30 mil piezas, y sobre la necesidad de mayores apoyos, públicos y privados, para este proyecto.

El museo, recordó, abrió sus puertas al público en 1992 y desde 1996 fue instalado en el complejo RCA; a lo largo de estos casi 20 años ha crecido gracias al entusiasmo de los pobladores, que saben de la trascendencia de su acervo y de la propia edificación.

Según un documento mediante el cual se buscó la declaratoria patrimonial del complejo, se trata de uno de las primeras edificaciones en Montreal que se construyeron con características de nave industrial y a principios de siglo se constituyó como puerta a la industrialización de la ciudad.

Al cimentarse el primero de los edificios que integran el complejo de 320 mil ft2 (97 mil 536.00 m2), trabajaban 40 empleados, pero llegó a haber tres mil, diseminados en diversas áreas, desde la producción de gramófonos y discos hasta la del primer satélite canadiense, recuerda Valiquette.

De acuerdo con el proyecto ejecutivo de relanzamiento del museo, disponible en la página del mismo (Moeb.ca), se trabaja para cuadruplicar su área actual, a fin de contar con espacios de exhibición y almacenamiento adecuados a las normas internacionales.

Además de integrar el estudio RCA Victor (1943) y restaurar su sala de grabación (en funcionamiento), a la que se darían sus dimensiones originales, permitiendo al Museo ofrecer una nueva serie de actividades educativas a los visitantes y con ello dar nueva vida a ese patrimonio tecnológico.

Cabe decir que, con este estudio, Canadá fue el primer país en beneficiarse de un tratamiento acústico de la distribución de varios cilindros.

La experiencia acústica en su sala, cuyas paredes están cubiertas con la curva de madera es única y, de hecho, es uno de los últimos testigos de esa era tecnológica que aún funciona en el mundo.

Punto neurálgico en un complejo industrial lleno de historia, esos cambios pretenden que el museo se convierta en piedra angular del complejo (cuyo primer edificio data de 1912) que resguarda un importante legado que va de lo histórico a lo arquitectónico, pasando por lo cultural, lo científico y lo tecnológico.

De acuerdo con el documento “On the heritage value of the RCA building”, disponible en el sitio “ville.montreal.qc.ca”, el valor del complejo considera aspectos como su historia, el prestigio de sus ocupantes, la tradición de innovación que marcó la producción industrial asociada a las ondas sonoras y a la industria en el desarrollo de dispositivos de alta tecnología.

Su valor técnico, unido a su prestigio y popularidad en el gremio musical, que sigue acudiendo al Estudio Víctor por su gran calidad de sonido; derivando en una intensa actividad cultural.

El valor arquitectónico, ya que en su edificación participaron varias grandes firmas de arquitectos que le han dado diversos rostros, “todos inscritos en la continuidad de la composición industrial modernista en el Montreal de principios de siglo”.

Y desde luego, el valor que le da la presencia del Museo Emile Berliner (1851-1929), que honra al gran inventor judío, de origen alemán, quien a finales del siglo XIX y principios del XX patentó el gramófono, el micrófono, el disco de gramófono y otros dispositivos de grabación.

Berliner, un alemán naturalizado estadounidense, que detonó la industria canadiense emigró a Estados Unidos en 1870 pero las disputas legales por las patentes y las malas sociedades lo llevaron en 1898 a crear el famoso Deutsch Gramophone Company en Hanover, Alemania.

Un año más tarde estableció su negocio en Montreal, donde fundó la Emile Berliner Gramophone, donde producía y vendía los gramófonos con patentes exclusivas para la América angloparlante.

Se sabe que inició arrendando locales junto a la Compañía Telefónica Bell, de Canadá, situada en la calle del acueducto (hoy Lucien L’Allier), y que en ese 1900 abrió su primera tienda en Sainte-Catherine.

Sus esfuerzos derivaron en la Berliner Gram-o-phone Company de Canadá, que más tarde se convirtió en la Victor Talking Machine Co., que se estableció en 1908 en el distrito de Sainte Henri, cerca de la línea de ferrocarril que conecta a Filadelfia.

El documento “Emile Berliner – An Unheralded Genius Part I – The Early Years”, disponible en “www.hebrewhistory.info”, destaca la trascendencia de Berliner, como un actor principal en la génesis de la industria del audio que revolucionó el mundo de la música.

El encuentro entre los actores de la radio y el gramófono dieron como resultado, en 1929, el nacimiento de RCA Victor, que se convertiría en punta de lanza del desarrollo de alta tecnología en Canadá y el resto del mundo, gracias a sus dispositivos para la grabación y reproducción de sonidos.

La reputación tecnológica que adquirió Canadá se reflejó en una pujante industria tecnológica que fue de los nuevos televisores a los radares (de primera necesidad en la industria del espionaje) hasta el primer satélite canadiense, el Alouette 1, lanzado en 1962.

Berliner murió de un infarto en 1929, dejando en manos de sus hijos esta industria, establecida en Sainte Henri hasta 1952; aunque RCA abandonó la escena hasta 1978.

Actualmente, la historia del lugar está preservada en el Museo Emile Berliner, donde se da cuenta de las muchas transformaciones que ha sufrido, a nivel estructural, de la urbanización y el paisaje, así como de la evolución tecnológica que albergó.