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Carlos Orduña pinta para mantener en su memoria las costumbres de México

Mural en Los Ángeles dedicado al líder chicano César Chávez Foto cortesía del pintor

Mural en Los Ángeles dedicado al líder chicano César Chávez. Foto cortesía del pintor

El pintor señala que no toda su obra es costumbrista, pero sí refleja mi gusto por recorrer mi país. Sobre estas líneas, La calle Foto cortesía del pintor

El pintor señala que no toda su obra es costumbrista, pero sí refleja mi gusto por recorrer mi país. Sobre estas líneas, La calle. Foto cortesía del pintor

Carlos Orduña

Para Orduña, el arte es una necesidad personal. Foto María Meléndrez Parada

Mónica Mateos-Vega

Para Carlos Orduña (Hidalgo, 1946), el arte es una necesidad personal.

Siempre supe que iba a hacer algo con el dibujo; desde los primeros trazos que realicé a los seis años, después se convirtió en algo muy importante en mi vida. Pinto desde los 14 años y no he parado, dice.

La sobrevivencia en el arte es muy difícil, pero tengo 40 años dedicados a la pintura, fiel a mi estilo, que se aleja de modas y presiones del mercado, y no me arrepiento, señala.

Orduña, autor de un mural en Los Ángeles dedicado al líder chicano César Chávez, fue discípulo de Jorge González Camarena (1908-1980) y de Armando Campero, de quienes abrevó el espíritu nacionalista del muralismo, mismo que plasma con entusiasmo en sus cuadros de caballete.

Artesanos y sus obras, rostros indígenas, escenas rurales y mujeres con los trajes típicos de sus comunidades son algunos de los temas que inundan los lienzos del pintor, quien considera que se trata de conceptos que nos nutren y que han estado en riesgo de desaparecer debido a la globalización.

Se trata de piezas, lamenta, ante las que algunas instituciones culturales muestran cierta resistencia, porque tienen aversión a las obras muy mexicanas, que consideran retrógradas, fuera de contexto o enterradas, cuestiones que no son ciertas, como me dicen los coleccionistas y las muchas personas a las que les gusta mi trabajo.

Mostrar el quehacer de un creador en museos y galerías es indispensable para sobrevivir en el medio, continúa, pero hay bloqueos. Para algunos artistas la única manera de progresar es por medio de amistades e influencias. No vale tanto la capacidad artística o la idea de la obra, sino cuántas relaciones se tienen.

No obstante las vicisitudes del mercado a las que se ha enfrentado, Orduña afirma: “Si hubiera visto que mi obra no podía tener existencia y continuidad, ya me hubiera dedicado a hacer otras cosas. Pero mostrar nuestra cotidianidad, costumbres, por medio del arte mexicano, atrae a muchas personas, sobre todo a los extranjeros, que tienen un gusto muy especial por la pintura ‘tradicionalista’.

“No toda mi obra es costumbrista, pero sí refleja mi gusto por recorrer mi país, cuyas manifestaciones culturales me atrapan y trato de mantener vigentes en mi memoria. No puedo dejar de plasmar eso que tanta emoción y placer me causó, por ejemplo, la Guelaguetza o el uso simbólico de las máscaras en ciertas festividades.

Ante ello, me planteo: ¿quiero dar gusto a quienes tienen el poder de decir qué mostrar al público de los museos y galerías o hago lo que me gusta? Opto por lo segundo. Este es mi camino.

De 2000 a la fecha Carlos Orduña ha realizado exposiciones individuales en la galería Jean Marc de West Hollywood, en la Municipal Art Gallery de Los Ángeles, el hotel Intercontinental y las Law Offices Gilbert Moret, en Los Ángeles; en Talento Hispano, en esa ciudad de California, así como en la Universidad Autónoma del Estado de México, el Salón de la Plástica Mexicana y las galerías Pedregal Royal y Pedregal Radisson, en la ciudad de México, donde expondrá próximamente en la galería del Club de Banqueros.