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En México somos mucho pueblo para la derrota, afirma Eraclio Zepeda

Eraclio Zepeda

Escribir es mi oficio, tan sencillo como cualquier otro, como ser carpintero. Te digo esto porque a veces escucho, sobre todo a jóvenes que esperan escribir cuando están inspirados. Me da una gran tristeza, porque quien escribe sólo cuando está inspirado nunca va a ser escritor, será siempre un aficionado de la literatura, dice Eraclio Zepeda (en su casa de la colonia Condesa) Foto Cristina Rodríguez

Ericka Montaño Garfias

La biblioteca del escritor Eraclio Zepeda Ramos (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1937) tiene unos 7 mil libros, cuadros, fotografías, armas de él, de su padre y su abuelo, y ahí es donde a las cinco de la madrugada comienza a trabajar.

“Es una hora ideal, porque no hay ni teléfonos ni visitas ni trabajos domésticos, hay una gran calma. Termino por ahí de las nueve, que es cuando desayunamos.

Después me gusta caminar, ver los periódicos, hacer alguna visita anticipada, porque no me agrada caer de improviso a ningún lugar, y en la tarde vuelvo al trabajo y a veces se prolonga hasta la noche, siempre y cuando no vaya al cine, porque éste me interesa mucho, dice Zepeda, quien este año ha sido reconocido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura.

Este es mi mundo, dice durante una entrevista realizada en su casa, en la colonia Condesa, para hablar de su escritura, sus viajes, sus proyectos y de la situación actual del país. “Estamos en un momento interesante, difícil, complicado, pero somos mucho pueblo para la derrota. Estoy seguro de que tenemos la energía suficiente, en todos los niveles, para superar esta difícil situación en la que estamos.

“Cuando digo difícil situación la caracterizo sobre todo como la confusión acerca de que la justicia se puede encontrar en la ilegalidad. Eso es falso.

No me desespera ni me subyuga este terror, porque sé que, como te decía, somos mucho pueblo para la derrota, subraya el autor de cuentos, como el libro Benzulul, poesía, una obra de teatro y la tetralogía de Viento del siglo, que representó su incursión en la novela.

Ahora prepara otro libro de cuentos, uno más de las crónicas de sus viajes en los que recorrió lugares como Cuba, donde estuvo al lado de los revolucionarios contra la invasión en Bahía de Cochinos, la Ruta de la Seda y el Polo Norte.

La literatura como espejo, no retrato, del mundo en el que se vive. “Sostengo que la única forma de ser universal es ser profundamente local. Si tienes las raíces profundamente enterradas en tu tierra podrás aspirar a cualquier lugar del mundo, pero si inviertes esto, quedarás como una hoja al viento, sin ningún asidero.

Escribir es mi oficio, tan sencillo como cualquier otro, como ser carpintero. Te digo esto porque a veces escucho, sobre todo a jóvenes, que esperan escribir cuando están inspirados. Me da una gran tristeza, porque quien escribe sólo cuando está inspirado nunca va a ser escritor, será siempre un aficionado de la literatura. ¡Imagínate que el carpintero construyera su mesa de madera únicamente cuando está inspirado! ¡Se muere de hambre! Lo único que sabe el carpintero es cuánta viruta le sobra a la tabla para ser mesa, lo único que nosotros los escritores sabemos es cuántas palabras le sobran a la frase para ser redonda y perfecta.

Ahora recibe el galardón en una buena etapa de su oficio literario.Este premio me causó una alegría y una satisfacción enormes, porque estoy en un momento de gran productividad. Escribo como nunca lo hice de joven. Tengo ya 77 años, pero me siento fuerte, hay días en que me siento un poco decaído, y entonces visito a algún contemporáneo y lo veo tan carcacha que salgo nuevecito.

Dos libros por terminar

Eraclio Zepeda prosigue: Estoy pasando por un periodo que empezó desde 2000 con la tetralogía, y ese ritmo de trabajo lo he continuado; tengo ahorita dos libros por terminar. Uno es de cuentos, de personas que viven en Chiapas sin haber nacido en esa entidad: chinos, japoneses, judíos, etcétera; y otro de crónicas, de los lugares que he visto, donde he tenido la fortuna de viajar por muchos sitios. Creo que es tiempo de contar lo que he visto. Para mí siempre el camino ha sido una provocación.

Eso es en cuanto a su espíritu viajero. En su obra literaria, que combinó algún tiempo con su militancia en el Partido Comunista y también como profesor, lo que le interesa es ver e inventar un mundo.

Zepeda deja claro: “El escritor no retrata, no es un fotógrafo del mundo, no es un trasladador de lo que ve, sino más bien de lo que cree ver o de lo que inventa. Muchas veces un cuento se hace no nada más de un personaje o una observación, sino de muchos personajes y muchas observaciones que vas mezclando y surge un ser que no existía antes, y eso me entusiasma enormemente.

Todo lo que se refiere a las relaciones entre los seres humanos, incluso más allá de éstos, con los animales, también me interesa mucho: esa es mi materia de trabajo.

Aunque Eraclio Zepeda se inició escribiendo poesía (su libro emblemático es La espiga amotinada, que dio origen a un grupo literario) abandonó la publicación de ese género después de su matrimonio con la poeta Elva Macías: viajaron a China y ella le enviaba los poemas de Eraclio Zepeda a su amiga Elsa Cross, quien los llevaba al taller de Juan José Arreola. “Ahí me di cuenta de que mis días de poeta habían terminado, porque la poeta es Elva. La poeta en casa es Elva. Nunca más volví a publicar poesía, porque pensé que ella era mucho más capaz para encontrar el brillo de la palabra poética.

“Pero nunca dejé de escribir poesía, jamás, porque creo que la prosa sin el ejercicio de la poesía se vuelve coja, retumbante, y molesta al oído.

“A veces leo prosa y parece que está escrita por carretoneros, por artilleros, es un sonido jamás terso, y creo que la literatura debe ser sumamente tersa y escrita de tal manera musical que no se note. Pero también he aprendido que lo importante de la cultura es que no se note, que ni siquiera estorbe. Lo peor que le puede pasar a un escritor es pensar que lo sabe todo, porque igual no sabe todo y es muy molesto.

Nunca me he sentido abrumado por una sola dirección o camino, ni siquiera en los años de intensa militancia. Siempre pensé que lo peor que podía pasarle a la política y a la poesía es escribir poesía política. Ni es poesía ni política.

Cuento, novela y crónica

El género favorito de Eraclio Zepeda es el cuento, “ahí me he sentido como en casa. Pensé que siempre iba a ser el cuento, pero he descubierto que me gusta mucho la novela. También empiezo a descubrir el gran sabor de la crónica, ahora no podría decirte con gran seguridad como lo hacía hace 10 años cuando el cuento era mi instrumento.

“También escribí teatro (El tiempo y el agua), una sola obra que tuvo éxito y un premio nacional. En muchas cosas me he asomado con curiosidad. He hecho cine. La primera películaReed México Insurgente, donde interpreté a Pancho Villa, papel que repetí en Campanas rojas, y también el corto De tripas corazón, con Gael García Bernal.”

Sin embargo, dice, mi oficio es ser escritor, y que lo que escriba me guste. Creo que si me gusta puedo tener lectores, pero si no me gusta, no le va a gustar a nadie.