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Desentraña Eduardo Monteverde mitología y saberes de la medicina

El libro Historias épicas de la medicina, explica Eduardo Monteverde a La Jornada, relata la actuación de médicos canallas, como Aureliano Urrutia Sandoval (1872-1975), prócer de la ciencia mexicana, quien fue secretario de Gobernación de Victoriano Huerta y mandó matar a Belisario Domínguez Foto Roberto García Ortiz

Carlos Paul

El libro Historias épicas de la medicina, de Eduardo Monteverde, catedrático, patólogo, escritor, documentalista y periodista de nota policiaca, es un compendio de ideas, creencias, anécdotas, descubrimientos, mitos, leyendas y experiencias profesionales médicas.

Con esos elementos articula una historia del concepto de medicina, así como la de ciertos médicos que en su complejidad como personas no siempre actuaron como héroes, sino como canallas que lucraron con la salud de sus semejantes.

Publicado por el sello Crítica, se trata de un libro asombroso, desbordado de información y digresiones, donde se mezclan arqueología, historia, física, religiones, biología, navegación, toxicología, filosofía, poesía y moda, apunta Paco Ignacio Taibo II en la contraportada.

De acuerdo con el autor, se trata de una labor de divulgación científica que parte de su trabajo académico de profesor de historia y filosofía de la medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Dirigido a cualquier lector, con narrativa ágil, detectivesca y lúdica, la cual llevó siete años de escritura, el libro integra 13 capítulos y puede ser leído hasta por diversión.

El primero, El origen, explica Monteverde, es muy importante, pues en él se integra gran cantidad de etimologías. Si al lector le atrae lo trágico, la medicina tiene un origen de tragedia: es la historia de Asclepio, para los griegos Esculapio; y su mamá Corónide, amante del dios Apolo.

La ironía (de esa tragedia griega y de la noción de medicina) es la imposibilidad de sintetizar voluntad y destino, la vida y la muerte.

Buena parte del texto, abunda, tiene que ver con las diferencias del ánima, el espíritu y la locura a partir de, curiosamente, la cultura judeo-cristiana. Para concluir con un capítulo en el que Hans Krens descubre los mecanismos moleculares de la respiración.

La visión con la que se aborda esa historia de la noción de medicina es desde el modelo postulado por la escuela mecanisista, señala Monteverde.Inicialmente la bioquímica y la biología, que repercuten socialmente, es decir, cómo los cambios cuantitativos y cualitativos en los procesos del metabolismo animal se expresan en los conceptos de normalidad y anormalidad.

Reduccionista y determinista

Historias épicas de la medicina conjuga relatos de médicos canallas, por ejemplo, la de Aureliano Urrutia Sandoval (1872-1975), considerado prócer de esa ciencia mexicana, quien fue director de la Facultad de Medicina, pero también secretario de Gobernación de Victoriano Huerta, y mandó matar a Belisario Domínguez. Prueba y evidencia de que los humanistas pueden ser canallas.

Otro caso es el británico Thomas Dover (1660-1742), quien egresó de la Facultad de Medicina de Cambridge, quien fue lo mismo pirata y esclavista, y rescató de una expedición al marinero en que se basa la historia de Robinson Crusoe.

Dover fue acusado de envenenar a muchas personas en Londres, por haber inventado unos polvos con opio, pero murió rico y con reconocimiento.

Otro personaje es Hans Adolf Krebs (1900-1981), quien sale de Alemania huyendo. En Reino Unido descubre el ciclo de la respiración, pero durante el régimen nazi utilizó ácidos contra los judíos para asfixiarlos. Paradoja que desconcierta.

En la vida real, dice Monteverde, nos encontramos con héroes y héroes canallas, con el hecho de que el supuesto humanismo médico no garantiza el tener ética.

Entre los títulos de los capítulos del libro figuran Perplejidades de la salud, La curación de la conciencia, La medicina es una guerra de actitudes e ideas, de magia y evolución, y Estampas de necrología, altruismo y cirugía en el siglo XIX.

La medicina, concluye Monteverde, es reduccionista y determinista; las células están determinadas a reproducirse o a sucumbir, no hay de otra.

La historia de esa noción, de la mitología al conocimiento científico, es lo que el lector encontrará aquí.