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Destaca Egoyan la similitud entre la tela en blanco y la pantalla vacía

egoyan

Atom Egoyan ayer, en Oaxaca, durante la entrevista con La JornadaFoto Jorge A. Pérez Alfonso

Merry MacMasters

Oaxaca, Oax.

Tener conciencia del proceso de la representación es algo que el cineasta canadiense Atom Egoyan (El Cairo, 1960) atribuye tal vez al hecho de ser hijo de pintores.

Estoy muy consciente de los aspectos formales del cine, de cómo algo es representado y lo que esas consideraciones significan. Eso no sólo funciona en términos de mi sentido de composición, la selección de colores y movimiento, sino más bien en cuanto a la estructura, expresa en entrevista con La Jornada.

Este sábado, Egoyan recibirá el Premio Internacional al Cine Digital El Pochote 2014, en coordinación con el CineClub El Pochote, en el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa).

El reconocimiento fue implementado en 2005 por iniciativa del artista Francisco Toledo, así como Armando Colina y Víctor Acuña, directores de la Galería Arvil, con la finalidad de estimular la creatividad de los realizadores de video digital.

El galardón consiste en una medalla de plata diseñada por Toledo, pintor, escultor, grabador, ceramista y fundador del CaSa.

Crecer con un deseo frustrado

Desde los albores de su carrera, Egoyan se percató de “cómo una historia era relatada, por qué de cierta manera y quién la cuenta. Muchos cineastas sólo buscan algo que es naturalista –claro, sabemos que la cámara de cine puede representar la realidad de manera notable–, pero siempre trato de resistirme a eso”.

Siempre se siente atraído por la idea del gran cineasta ruso Andrei Tarkovski, en el sentido de esculpir en el tiempo. De que los elementos fílmicos sean segmentos registrados, de modo que pueda moverme. En especial, en mis primeras películas me importaba el diálogo que intentaba crear con el cinéfilo basado en sus expectaciones de lo que veía, a la vez de implicarlo en ello.

Los padres de Egoyan, Joseph y Shushan, nacieron en Armenia, pero vivían en El Cairo, donde compartieron el mismo profesor de pintura, Ashot Zorian. Al parecer su padre fue la primera persona de Medio Oriente en obtener una beca para estudiar en el Instituto de Artes de Chicago en los años 50 del siglo pasado. De regreso a Egipto, donde Joseph conoció a su futura esposa, al poco tiempo se mudaron a la costa oeste de Canadá.

En Victoria, Columbia Británica, los padres de Egoyan abrieron la primera galería privada, que resultó insostenible, así que la ampliaron a una mueblería.

Egoyan y su hermana, pianista , crecieron en medio de una especie de deseo frustrado, de modo que cuando ellos se inclinaron por las artes, los padres se preocuparon. Para el también guitarrista clásico, crecer así los hizo muy conscientes de nuestras vidas; además, siempre había buenas pinturas en las paredes de la casa.

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Atom Egoyan ayer, en Oaxaca, durante la entrevista con La JornadaFoto Jorge A. Pérez Alfonso

Estudiante de música, luego de relaciones internacionales –deseaba ser diplomático en un lugar exótico para escribir teatro–, cuando una pieza dramatúrgica suya fue rechazada, siendo alumno de la Universidad de Toronto, de puro coraje se la llevó a la sociedad de cine para filmarla.

En el momento que tuvo una cámara de cine en las manos sintió que ese era un personaje y que eso era para él.

Gusto por la instalación

–Cuando empezó a hacer cine, ¿estaba consciente de esta perspectiva de las artes visuales?

–Sí. Uno ve una pintura y está consciente de un marco. Al ver a mis padres empezar a trabajar con un lienzo en blanco, ver sus bosquejos preliminares, mirar el proceso de la composición, uno está consciente de lo parecido entre la tela en blanco y una pantalla vacía, que además suelen ser rectangulares. Hay un marco que necesita ser llenado.

Egoyan gusta de la instalación. Actualmente, su pieza Steenbeckett se exhibe en el Mac Birmingham. Esa obra fue adquirida por la Tate Modern, como parte de una colección de proyectos de la organización londinense Art Angel. La pieza utiliza 2 mil pies de celuloide a la última toma de la película que el cineasta hizo de la obra de teatro Krapp’s last tape, de Beckett, artista de gran relevancia para él, que se desplazan por la galería como una especie de bosque o nube.

También presentó una obra, hecha junto con el portugués Saramento, en la Bienal de Venecia en 2001. Titulada Close, era una especie de máquina que torturaba al espectador. También ha creado obra para el pabellón armenio.

Director también de ópera, para una puesta en escena de Così fan tutte,Egoyan obtuvo los derechos para usar imágenes del cuadro Las dos Fridas, de Kahlo, a quien admira. Después de dirigir tres películas –la más reciente esRemember– e igual número de óperas en los pasados tres años, Egoyan disfruta de un merecido descanso, con su esposa, la actriz Arsinée Khanjian, en México.

Ante la premiación, el CaSa y el Cineclub El Pochote auspician un ciclo de cine del 21 al 24 de noviembre con películas de Egoyan, como Exótica, El ajustador, El filo de la inocencia y Ararat.