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Diez artistas mexicanos alcanzan en Rusia el sueño de sentir la gravedad cero

Juan Pablo Duch

artistas mexicanos

Diez artistas mexicanos alcanzan en Rusia el sueño de sentir la gravedad ceros Foto: cortesía del Museo Politécnico de Moscú

Con tenacidad admirable –casi dos años de preparativos– sólo menos intensa que su entusiasmo, nueve artistas de vanguardia y un científico mexicanos, cuyas edades entre los treinta y mediados los cuarenta permiten calificarlos como todavía jóvenes y, a la vez, lo suficientemente maduros en términos de su labor creativa o capacidad de investigar, hicieron realidad aquí un sueño compartido: sentir, en carne propia, la gravedad cero.

Es una experiencia única, al alcance de unos cuantos elegidos –poco más de medio millar de cosmonautas o astronautas– cuya misión es conquistar el espacio desde 1961, cuando comenzaron los viajes tripulados más allá de la atmósfera.

Y para lograr sobrevivir en condiciones de gravedad cero la fase de entrenamientos de los cosmonautas incluye en Rusia los vuelos en aviones adaptados Iliushin 76 MK, que en dos horas de vuelo pueden hacer 10 parábolas.

Pero antes de poder subir a uno de esos aparatos, tocaron muchas puertas –en realidad, mandaron su propuesta por correo electrónico a la NASA estadunidense, a la Agencia espacial europea, al Roskosmos ruso, entre otros– y sólo los rusos, tras un periodo de dudas iniciales, aceptaron colaborar con el grupo de artistas mexicanos interesados en experimentar la gravedad cero, lo cual se hizo posible después de obtener los indispensables apoyos institucionales.

Llegado el momento, tras pasar las revisiones médicas de rigor en el Centro de formación de cosmonautas Yuri Gagarin, ubicado en la Ciudad de las Estrellas, en las afueras de Moscú, y ser los primeros civiles admitidos con un fin meramente artístico, los artistas mexicanos –mientras flotaban y daban volteretas en una suerte de cámara lenta, con los pies jalándolos hacia arriba y de pronto creyendo que podrían estamparse en el techo o en el suelo, difícil era saberlo– cumplieron la primera parte del proyecto La gravedad de los asuntos, que puede resumirse como una reflexión cultural y científica acerca de cómo incide la gravedad en el día a día de las personas.

La dimensión del infinito

Ahora, comenta a La Jornada el director del proyecto, Naum (Naum Mantra Romero, artista de medios y músico multi-instrumentalista cuya labor creativa se desenvuelve entre México y Gran Bretaña, donde cursó una maestría en artes en la Universidad de Londres), viene lo más difícil, que es digerir la experiencia y traducirla en obra –exposiciones, seminarios, talleres, sonidos, imágenes, documentales, libros–, aportando cada uno de los participantes su propia interpretación del fenómeno.

Por el momento, señalan en tono de broma, la primera conclusión indisputable de este viaje parabólico es que las mujeres mexicanas sufren menos los efectos de la gravedad cero o, si se prefiere, tienen mejor estómago, lo cual hizo añicos la falacia del sexo débil.

Tienen ahora mucho en qué reflexionar. Por ejemplo, ¿la capacidad creativa está atada a la gravedad? Es una pregunta esencial que tienen que contestar estos artistas, se incorpora a la plática nuestro anfitrión, el embajador de México en Rusia, Rubén Beltrán, quien reunió a los participantes del proyecto con un grupo de reporteros locales.

Aún no hay respuestas definitivas. Ale de la Puente, maestra en diseño industrial y en construcción naval por la Arches School de California, directora artística de La gravedad de los asuntos, considera que la fuerza de gravedad nos permite llevar la imaginación hacia la poesía, hacia nuestra biología, mente y espíritu.

Con ella coincide Juan José Díaz Infante, artista transdisciplinario, fotógrafo y poeta, quien apunta que el objetivo no es vivir en el espacio, sino vivir en el espacio con poesía, ya que ésta nos permite sentir la dimensión del infinito.

Para Tania Candiani, en cuyos trabajos se aprecia una nostalgia permanente por lo obsoleto, como ahora que investiga los primeros artefactos inventados por el hombre para volar, “después del vuelo parabólico, todo cambia: es increíble la sensación de caer flotando…”.

En el proyecto participan también los artistas Fabiola Torres-Alzaga, Marcela Armas, Arcángel Constantini, Iván Puig y Gilberto Esparza.

Y con todos ellos, también realizó el vuelo parabólico uno de los máximos expertos mexicanos en la fuerza de la gravedad, Miguel Alcubierre, director del Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Desde su experiencia como curador de numerosas exposiciones y ex secretario técnico del MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo), Jorge Reynoso Pohlenz, actual agregado cultural en Moscú, promovió el proyecto entre las instituciones rusas.

Los primeros resultados de La gravedad de los asuntos serán presentados al público en una exposición, a inaugurarse el 29 de enero siguiente, en el Laboratorio de Arte Alameda de la ciudad de México.

Después, en abril del año entrante, la exposición vendrá a Moscú, al Museo Politécnico, que ya la espera con interés, según señaló Natalia Fuchs, curadora de proyectos interdisciplinarios de dicho museo.

JSL
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