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El Concierto de Aranjuez es parte de mi ADN; jamás me cansa, dice Pepe Romero

Cuando toco, pienso en la música que hago y la vibración que la guitarra me produce al sentir físicamente el sonido es una sensación inigualable, señala Pepe Romero (Málaga, 1944) Foto cortesía del INBA

Cuando toco, pienso en la música que hago y la vibración que la guitarra me produce al sentir físicamente el sonido es una sensación inigualable, señala Pepe Romero (Málaga, 1944). Foto cortesía del INBA

Ángel Vargas

La de Pepe Romero (Málaga, 1944) es una relación de sangre con el Concierto de Aranjuez, que anoche interpretó como solista, en el programa con el que la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) inauguró su temporada de 2015, en el Palacio de Bellas Artes.

Y lo es, no sólo porque lo ha tocado infinidad de veces en su más de medio siglo de trayectoria artística, explica el guitarrista español, sino porque lo acerca de manera casi epidérmica con el compositor Joaquín Rodrigo, autor de la obra, quien, más que amigo, fue para él como un abuelo.

Es una obra presente en toda mi vida; incluso es parte de mi ADN. No exagero si digo que la he tocado miles de veces, pero jamás me ha cansado; es como con mi mujer, con la que llevo muchos años de casado y cada día la quiero más, explica a La Jornada.

“Hay, además, obras con las que uno entabla una especie de amistad, y ésta lo es. Quizá en eso ha influido mucho la profundísima relación y cariño que mi familia y yo tuvimos con Joaquín Rodrigo, quien era como mi tío o mi abuelo. Cada vez que toco el Concierto de Aranjuez es revivir esa entrañable amistad, una manera de evocarlo”.

Al margen de ese aspecto personal, el músico reconoce que es una de las partituras capitales para la guitarra en el ámbito académico y, afirma, fue el pasaporte de ingreso que ese instrumento tuvo en ese campo. También está convencido de que es el concierto para instrumento solista más ejecutado en la historia.

Es una obra siempre fresca y novedosa a la que nunca se puede perder el respeto, porque demanda atención absoluta del intérprete. Está llena de inspiración, amor e ilusión, tan plena de sentimientos que nunca se puede hacer de forma mecánica, destaca Romero.

La actuación al lado de la OSN –que se repetirá este domingo, a las 12:15 horas, en el recinto de avenida Juárez, esquina Eje Central Lázaro Cárdenas, Centro Histórico– representa el regreso de Pepe Romero al Palacio de Bellas Artes, después de una década.

Leyenda viviente de la guitarra

A sus casi 71 años, Pepe Romero, quien es considerado una leyenda viviente de la guitarra en el mundo, dice sentirse pleno en fortaleza y vigor; y sostiene que la relación con su instrumento se da en un plano espiritual.

“Me siento joven cuando toco, aunque no cabe duda que a lo largo de la vida uno ha pasado por muchas experiencias que se reflejan en lo que hacemos.

La mayoría de intérpretes, incluyéndome, cuando son jóvenes tienen más la tendencia a correr y, cuando se es mayor, a sentir. Eso no implica que hoy no pueda correr o dejar de sentir, sostiene.

Para mí, la guitarra es muy espiritual, quizás porque la relaciono con mi padre, mi único maestro y el guitarrista que más he admirado; es un vehículo en el que viajo a los rincones del sentimiento más profundos, ya sea el amor para mi padre, mi madre, mis hijos, mi mujer, mi pueblo; es algo que va más allá de lo físico. Cuando toco, pienso en la música que estoy haciendo y la vibración que la guitarra me produce al sentir físicamente el sonido es una sensación inigualable.

El primer concierto de la OSN, anoche, también incluyó La rapsodia española, de Maurice Ravel, y El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, partitura en la que interviene la mezzosoprano Carla Lopez-Speziale.