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El tenor mexicano Javier Camarena hace historia en el Teatro Real de Madrid

El tenor mexicano Javier Camarena y la soprano Aleksandra Kurzak, anoche, durante la escenificación de La hija del regimiento, ópera de Gaetano Donizetti (1797-1848). “‘Estoy muy emocionado y todavía no me lo puedo creer, sólo puedo decir que estoy muy agradecido”, dice a La Jornada. Foto Javier del Real/ Teatro Real

El tenor Javier Camarena y la soprano Aleksandra Kurzak, anoche, durante la escenificación de La hija del regimiento, ópera de Gaetano Donizetti (1797-1848). “‘Estoy muy emocionado y todavía no me lo puedo creer, sólo puedo decir que estoy muy agradecido”, dice a La Jornada. Foto Javier del Real/ Teatro Real

Armando G. Tejeda

El tenor mexicano Javier Camarena hizo historia esta noche en el Teatro Real de Madrid.

Ante un público entregado, extasiado ante una voz tan singular y portentosa, el cantante nacido en Jalapa hace 35 años cantó por exigencia del clamor popular un bis en su penúltima función de la ópera La hija del regimiento, de Gaetano Donizetti, con lo que en una noche dio 18 do de pecho, lo que desató una intensa ovación en una noche mágica.

Estoy muy emocionado y todavía no me lo puedo creer. Sólo puedo decir que estoy muy agradecido, dijo Camarena a La Jornada unos minutos después de terminada la función, cuando todavía recibía en los pasillos y en la trastienda del teatro felicitaciones de sus compañeros.

Javier Camarena llegó a su estreno en el Teatro Real con un buen cartel y con las expectativas muy altas, debido a sus recientes éxitos en Nueva York, Zurich y Barcelona, donde no sólo fue aclamado como una estrella de rock, sino que incluso la crítica más exigente se rindió ante su timbre de voz y su capacidad para hacer con la voz un constante ir y venir de acrobacias entre las notas más exigentes y complejas.

Incesante ovación

El papel de Tonio, en La hija del regimiento, forma parte de la historia artística de Javier Camarena. Su debut en la ópera, con un papel protagónico fue precisamente con esta obra, en 2004, en el Palacio de Bellas Artes de México, donde se le reconoció la calidad y singularidad de su voz, pero también se advirtió de sus carencias en el escenario al interpretar al personaje.

El cantante reconoció que hace 10 años, cuando aún no pasaba por Zurich –donde vive y forma parte del Teatro de la Ópera– ni había conocido a su mentor Francisco Araiza, parecía un palo de escoba en el escenario, sin movimiento y tieso.

Hoy, después de su debut y sin que hasta ahora interpretara de nuevo este papel, Camarena hace historia como un grande de la música.

La voz y la forma de entender el bel canto del tenor mexicano ya se compara con figuras como Luciano Pavarotti, Alfredo Kraus y Plácido Domingo.

En la historia reciente del Teatro Real sólo ha habido dos personas que han cantado un bis por aclamación del público: Leo Nucci, cuando interpretó –junto a Patrizia Ciofi– el dúo verdianoSi, vendetta, tremenda vendetta, en 2009 y como un reconocimiento del público a la trayectoria del barítono italiano. Y el tenor veracruzano, que es primer debutante en lograr ese hito.

Desde el debut de Camarena en el Teatro Real, la crítica, los abonados del recinto y el público celebraron la voz, el entusiasmo y la sinceridad de su interpretación. Cosechó aplausos, casi siempre con duración de más de cinco minutos.

Sin embargo, lo de la función de hoy fue diferente, no sólo por el bis que hizo del aria Ah mes amis, con sus nueve Do de pecho cada una, en los que alcanza unos agudos arriesgadísimos para cualquier cantante. A ello se sumó la confabulación secreta y espontánea de un público que identificó la singularidad del cantante mexicano y que decidió, antes de la función, repartir octavillas para reclamar a voz en grito un bis.

Y así fue: antes de que terminará el aria, la audiencia empezó a aplaudir y a gritar sin cesar bis hasta que logró que el aforo completo del Teatro Real se pusiera de pie a mitad de la función y reclamaran con pasión que se ejecutara el segundo bis en la historia del Teatro Real.

La batuta de Bruno Campenella

El director artístico, Bruno Campenella, miró a los ojos a Javier Camarena y con un giro en la batuta ordenó a la orquesta repetir el aria para que el tenor la cantara de nueva cuenta.

Sólo hubo un par de violines, un chelo y un instrumento de viento que no se dieron cuenta de la instrucción y siguieron con la partitura, sobre todo por lo extraño que resulta una petición de este tipo, sólo al alcance de los más grandes de la música.

El cantante ya había protagonizado un hecho semejante en el Metropolitan de Nueva York, cuando el pasado marzo suplió al tenor peruano Juan Diego Flórez en el papel protagónico de La Cenicienta, y también logró desatar la admiración del público ante la impecable ejecución del personaje y de las arias más complejas.

Y ahora, con sólo seis meses de diferencia, logró de nuevo el máximo reconocimiento y con un papel que es especialmente importante en su carrera, por ser el primero que interpretó en un escenario.

Así lo recordó Javier Camarena en la breve conversación con La Jornada:Todavía no terminaba el aria y ya habían empezado los aplausos y sentí que algo había en el aire. Empezaron a gritar bis, bis, bis. He mirado al maestro y me ha indicado que lo hagamos y así lo hice. Acabé con los ojos cerrados y sólo escuchaba los aplausos del público, mientras todo mundo me abrazaba, las personas del coro, de la orquesta… Sólo puedo decir que estoy muy emocionado y muy agradecido.