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El último preso o la policía, “comedia que pone el dedo en la llaga del sistema político mundial”

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Bruno y Odiseo Bichir, durante una función que se realizó en Los Ángeles el 16 de mayo pasado Foto Notimex

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Bruno y Odiseo Bichir, durante una función que se realizó en Los Ángeles el 16 de mayo pasado Foto Notimex

Arturo Cruz Bárcenas

Aplausos de pie se sucedieron el viernes pasado al final de la función de estreno de la obra El último preso o la policía, escrita por el polaco Slawomir Mrozek, dirigida por Alejandro Bichir y protagonizada por los hijos de éste: Demián, Bruno y Odiseo, quienes con esta comedia –que raya en el teatro del absurdo– ironizan sobre la realidad que abruma al individuo por el control del Estado, por el sistema.

El teatro Helénico estuvo lleno y las risas, unas veces a destiempo, de efecto retardado, y otras francas carcajadas, mostraron la comunicación que sólo en el teatro se puede lograr.

Son inevitables las referencias a la realidad mexicana, porque Mrozek crea una obra universal. Los militares obedecen a un mismo fin: ser soporte del Estado. El pueblo está constituido por hombres, el Estado por hombres con armas, señaló Gramsci.

Diez años habían pasado desde que Alejandro Bichir había dirigido a sus hijos, en Malcolm y su lucha contra los eunucos. Ahora los acompaña en el escenario Reynaldo Rossano.

Un país hipotético

Mrozek vivió en México, autoexiliado. La historia tiene lugar en un hipotético país, donde el sistema opresor ha sido tan brutal que ya nadie está dispuesto a reclamar sus derechos ni a alzar la voz contra el gobierno; de esta manera, el último preso político que queda está dispuesto a retractarse de sus ideas subversivas y revolucionarias con el fin de ser puesto en libertad, lo que desencadena un sinfín de hilarantes enredos en los que la policía y el sistema se cuestionan su razón de ser, porque no queda nadie a quien aprehender.

Bruno, entrevistado, expresó a La Jornada: “Estamos agotados y felices. Es una dinámica en la que uno no queda a gusto con el trabajo, o no hay descanso alguno. Sigo ensayando; estoy con el libreto en la mesa.

“La obra es una comedia cuyo autor es muy complejo, incluso muy preciso y hasta neurótico en su modo de plantear cómo llevar a escena sus trabajos. Es un autor piedra angular de la dramaturgia contemporánea, feroz en su crítica, en la dirección del análisis de su momento histórico, que es lo que vivimos. Esta obra la escribió en 1958 y es vigente en este país y donde se monte. Me refiero a lo puntual de su texto. que es verdaderamente enloquecido, delicioso, absurdo en sus redundancias y recovecos, en sus barroquismos de lenguaje.

“Precisamente, busca la profundidad, la trascendencia. Pone el dedo en la llaga del sistema mundial. Y esto lo vemos hoy: la economía china cae y arrastra a muchos países. ¡Así estamos! Estornuda China y nos da pulmonía en América Latina. ¡Esto es espantoso! Y esta comedia habla de esa resonancia.

De alguna manera, tenemos una empatía particular por el teatro shakespeareano. Los géneros en Shakespeare se mezclan a placer y se llevan a sus últimas consecuencias. Sin embargo, siguen siendo obras profundas, trascendentes. No son solemnes, pero sí serias, e incluso oscuras. Ese es el tipo de trabajos que nos gusta hacer. Por eso es que esta obra pretende serle fiel a Mrozek, pero se va desbarrancando en muchos otros géneros.

Los personajes: Demián es El último preso, Bruno es el jefe de la policía, Odiseo es el sargento, Reynaldo Rossano es el general y la esposa del sargento (alterna Hasiff Fadul), y Baltazar Morelos e Israel Rodríguez son policías.

Bruno añadió: “Desde nuestro punto de vista el triple salto mortal es nunca traicionar al autor. El significado para nuestra familia es mayúsculo: nos encanta trabajar en familia y ser dirigidos por nuestro padre. Tiene gran sentido del humor. Ama la vida y al teatro, nos ama a nosotros y a todos los actores con los que trabaja.

“Es un hombre excepcional, de quien aprendemos mucho y, sin embargo, tenemos diferencias importantes en el proceso creativo. A veces por la cercanía familiar uno tiene diferencias fuertes, pero el resultado es de un placer inaudito. Es la tercera ocasión en que trabajo con él. Demián, la segunda. Es difícil juntarnos para lo que sea y más para una temporada teatral.

Esta obra puede provocar la risa desatada, el divertimento, importante para nuestra alma, como ciudadanos de un país convulso como es el nuestro. Afortunadamente, por medio de esta catarsis teatral se lleva a la reflexión, a través de emociones trascendentes.

Vorágine

Agregó: “Después de una serie de risotadas y de buen humor. Se tiene la oportunidad de no quitar el dedo del renglón sobre este sistema tan vorágine que nos envuelve, en el que sigue desapareciendo gente, la prensa está en riesgo, la economía trastabillea y la seguridad social, la educación, la industria, la ciencia, la tecnología, el arte y los deportes están desbarrancados.

Nos preocupa que haya autoalabanzas del gobierno, cuando en la vida diaria hay mucho oscurantismo y entredichos. Nada termina por sanearse. La población sigue pendiente de un hilo. Una obra de teatro no cambia al mundo, a un país, a una ciudad, pero sí a una persona. Creemos en la física cuántica, en el poder del teatro.

El último preso o la policía se escenifica en el teatro Helénico, en avenida Revolución 1500, San Ángel. La temporada concluirá el primero de noviembre. Funciones: viernes, 20:30 horas; sábados, 18 y 20:30; domingos, 18. Duración: 100 minutos. Boletos 400 y 350 pesos.