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En “Santos Vivientes”, el público es el verdugo de los mártires

En Santos vivientes el público es el verdugo de los mártires

Santos vivientes permite romper con la solemnidad de los museos: en lugar de la contemplación o la reverencia, hay alegría y algo lúdico, afirmó CámaraFoto Secretaría de Cultura del GDF

En Santos vivientes el público es el verdugo de los mártires

Santos vivientes permite romper con la solemnidad de los museos: en lugar de la contemplación o la reverencia, hay alegría y algo lúdico, afirmó CámaraFoto Secretaría de Cultura del GDF

Alondra Flores

Mártires se activan para destruirse una y otra vez, según dispone el público. Engranes y mecanismos dan vida a esculturas monumentales: Santo Tomás, el incrédulo, lanza un dedo violento contra el torso para ser enviado inercialmente sobre un resorte; unas pinzas arrancan los dientes de Santa Apolonia desfigurada, un mazo contundente resuena sobre el pecho de San Jerónimo.

La exposición Santos vivientes,debut del artista inglés Michael Landy en México, ha recibido casi 30 mil visitantes desde su apertura en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, el pasado 5 de noviembre. Es como una cámara de tortura donde el público es invitado a accionar los actos de martirio. Así opinó Landy sobre su muestra en el recinto en el Centro Histórico.

La colección de esculturas cinéticas retoma la tradición pictórica del Renacimiento, literalmente la hace pedazos y la reconstruye al agregar máquinas desechadas por la modernidad, mecanismos hechos de material reciclado recuperado de deshuesaderos y mercados de pulgas.Representaciones de los santos de antiguos lienzos fueron fotografiados y recortados, luego las desmembradas partes fueron materializadas en piezas escultóricas.

Pero la obra no está completa sin el público, ya que es quien debe accionar el movimiento tortuoso, ya sea presionando un pedal, lanzando piedras, rodando una manivela, insertando una moneda o tocando un botón luminoso.

Es una interacción dinámica, donde gran parte del resultado es mirar hacia los rostros de los visitantes, puntualiza Ery Cámara, encargado de exposiciones de San Ildefonso.Algo inusitado, porque en los museos nunca se permite ser partícipe en la vida y muerte de una pieza.

Los santos retomados por Landy defendieron sus ideas ante el martirio y los llevó a la muerte. Eso hacen también los artistas. Es lo que hizo surgir el interés de Landy por los santos, explicó el especialista.

Cámara comentó que algunas personas preguntan si no representa cierta irreverencia. No creo eso. Al revés: nos permite recordar una historia que se nos fue por muchas reflexiones. Además, permite romper al público con cierta solemnidad de los espacios museográficos, donde en lugar de la contemplación o la reverencia hay alegría y algo lúdico que permite una relación con el santo, acto que difiere de la relación con el templo.

La exposición surgió originalmente en la National Gallery, en Londres. La institución británica invitó a Landy a interactuar con el acervo del museo y entablar un diálogo en una reinterpretación contemporánea del arte.

Una consigna paradójica, pues la misión de la galería nacional es preservar el patrimonio, mientras la destrucción ha sido un sello en la obra de Landy, quien en su proyecto Break Down (Desmantelamiento) trituró todas sus pertenencias, como su certificado de nacimiento y su automóvil, así como valiosas obras de arte, algunas regalos de su amigo, el polémico artista Damien Hirst.

Sólo quedarán piezas maltrechas

Sin embargo, este conjunto de esculturas también tiene un motivo destructivo. Los santos en movimiento se golpean en sus movimientos mecánicos. Al final de la exposición, que concluye el 8 de marzo, parte del proceso artístico es dar por resultado piezas maltrechas, deterioradas, abolladas, disfuncionales, una colección en ruinas. El hecho de reanimarlo es también participar en la destrucción. Es la recreación del martirio.

La monumental escultura de San Esteban fue una pieza realizada especialmente para San Ildefonso. La idea es que el público recree su martirio arrojando las piedras como lo lapidaron los romanos. Una piñata fue parte de la inspiración.

Durante el montaje de su obra en México, Landy presenció la procesión en honor a San Judas Tadeo hacia la Iglesia de San Hipólito, el pasado 28 de octubre. Miles de devotos con enormes santos a cuestas o vestidos en túnicas verdes desfilaron ante la mirada del innovador artista, quien expresó: Aquí sí están vivos los santos.