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En tének no hay una palabra para referirse a la pérdida de un hijo

Jacquelina Fernández, reconocida por Conaculta, lamentó la desaparición de normalistas. En la imagen, manifestación por Ayotzinapa, el jueves en la plaza de Armas de la capital potosina. Foto: César Rivera

Arturo Bárcenas

Xilitla, SLP. En tének, como en español, no hay una palabra para referirse a quien como padre pierde a un hijo. Yo soy normalista y comprendo a los padres de los 43 alumnos de Ayotzinapa desaparecidos, expresó Jacquelina Fernández Acosta, maestra bilingüe de primaria, quien recibió un reconocimiento como transmisora de la lengua materna en la región de las huastecas, por parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), por conducto de la Dirección General de Culturas Populares, el pasado jueves.

Ese día se inauguró el 19 Festival de la Huasteca, que este año está dedicado a los niños de esta zona cultural, para saber cómo viven, qué hacen, sus problemas y su enorme importancia como continuadores de tradición e identidad.

En la plaza principal, parecida a la de otros pueblos, cientos acudieron a divertirse. Guardaron silencio y aplaudieron a la maestra Jacquelina, quien vestía el traje típico, con elegancia y orgullo. Fue designada Pilar de la Tradición Huasteca.

En entrevista, expuso que el tének es fácil o difícil de aprender, según se le quiera ver. Para nosotros, la gramática del tének no es difícil, porque crecimos hablándolo. Son 27 grafías y seis de ellas son muy propias del tének. El resto son como las del español, que es la materia que imparto, más matemáticas. Lo que se enseña en primaria. A mí me gusta dar clase a los niños chiquitos, porque es más divertido. Se expresan en su lengua materna. Es un sentimiento muy bonito cuando los niños hablan, leen y escriben. Niño se dice kwitol. Lo difícil del tének es su interpretación al español. Ustedes que hablan español para nosotros es como si hablaran inglés.

Otra cosmovisión

Lleva 25 años dando clases. “Yo soy de Tancanhuitz y los de aquí, de Xilitla, hablan náhuatl. Hablamos tének unas 4 mil personas. Yo estoy orgullosa de hablarlo, porque no es sólo eso, sino que es una cultura, una cosmovisión. Es un mundo distinto, porque lo que yo siento, por ejemplo, al portar mi traje, no lo sentirían ustedes igual. Sólo verían el colorido, pero no el valor que le damos.

“Agradecemos mucho a la naturaleza, a la madre tierra, cuando bailamos, porque también soy danzante. Así la respetamos. Hay quienes ya no hablan su idioma porque tienen que salir de sus localidades, van a las grandes ciudades, se mezclan con quien no los entiende y se van adaptando. Cuando regresan a su comunidad ya vienen mezclando su idioma. A veces dejan de hablarlo porque les dicen indios y los discriminan. Los malentienden y los maltratan.

“Eso a mí me tocó vivirlo en mi comunidad. A los 15 años aprendí el español y no había una escuela completa ahí. Sólo podías llegar al cuarto grado. Ibamos a Tancanhuitz y los niños nos agredían. Por eso algunos compañeros de mi generación no acabaron la primaria, por el acoso, la discriminación, el maltrato. Si no se siente la identidad y el orgullo, da vergüenza. Hay quien pregunta si yo hablo huasteco y les digo que no. Huasteco se les llama a quienes viven en la región huasteca, hablantes o no del tének. Yo hablo la lengua tének. Eso del bullying ha existido siempre y lo han padecido los grupos étnicos. Cuando alguien llama a una persona indio o naco… ¡ah!, me da risa, porque si me lo dicen a mí, esa persona me demuestra que es ignorante.”

Nuevo diccionario

Elaboró con otras personas un diccionario español-tének. “Soy parte de un grupo, de maestros y no maestros, que estamos en una asociación civil. La huasteca es una región que identifica. Nos relacionamos y compartimos la comida, el traje, el habla, la música, la poesía. A mí me gusta la danza El Rey Colorado”.

Como en otras regiones del país, hay mucha cultura. “Nos falta el recurso económico, porque el recurso humano lo tenemos”, refiere

No esperaba el reconocimiento que le dieron y estaba emocionada, apretando el marco con su diploma, su testimonio. Yo al enseñar no pienso sólo en el niño, sino en la familia y en la comunidad. Toqué puertas y me las cerraron. No esperaba un reconocimiento. Estudié la normal en Tamazunchale y en Ciudad Valles, en la Universidad Pedagógica Nacional. Luego la maestría en la Universidad del Valle de México, en Tampico.

–¿Qué opina del caso de los normalistas desaparecidos de Guerrero?

–¿La verdad? Pienso que es desastroso, muy desagradable. Son cosas que no deben ocurrir. Hoy (el jueves) se movió el país como pocas veces para pedir que aparezcan vivos. No hay palabras. Está eso fatal. En tének no hay palabra para llamarle a eso de perder a un hijo. Hay que ubicarse en lo que viven los padres de esos muchachos desaparecidos. ¿Dónde están? Es algo que no se le desea a nadie. Eso que pasó no está claro.

Da clases en la escuela primaria Lázaro Cárdenas del Río. “Siento feo jubilarme, pero hay que dejarle el espacio a la nueva generación, que llega con más ganas”.