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Historiadores desmitifican a Franco 40 años después

Franco

Una de las mayores mentiras de Franco es que salvó España de la Segunda Guerra Mundial, asegura un historiador. Foto Afp

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Una de las mayores mentiras de Franco es que salvó España de la Segunda Guerra Mundial, asegura un historiador. Foto Afp

Por Afp

Madrid. Cuarenta años después de la muerte de Francisco Franco, los historiadores se esfuerzan todavía en desmontar los mitos que el dictador español construyó para reescribir constantemente su historia y eternizarse en el poder (1939-1975).

“Franco mintió sobre casi todo”, asegura el historiador británico Paul Preston, considerado el gran especialista del franquismo.

“Una de sus mayores mentiras es que salvó España de la Segunda Guerra Mundial, cuando estaba intentando constantemente meterse en la guerra” del bando fascista, añade el autor de la monumental biografía “Franco”.

El general desencadenó con un golpe de Estado la guerra civil española (1936-1939), que terminó ganando con la ayuda decisiva de Hitler y Mussolini. “España era un país desangrado, abatido, era más un problema que una solución para Hitler que se irritó por lo que pidió Franco” para entrar en el conflicto mundial, explica el historiador español Carlos Gil Andrés.

“Cuidado, cuando hubo 47 mil personas que fueron a luchar en el frente ruso con la División Azul (con los alemanes), no puedes decir que España no estaba en guerra”, añade su compañero Julián Casanova, coordinador de la obra colectiva “40 años con Franco”.

En sus escritos, Preston describe a Franco como un hombre “poco culto”, “mediocre”, con un “enorme egocentrismo” y “una calculadora crueldad”, animado por el odio feroz al separatismo, el comunismo y la masonería que quería erradicar del país.

La violencia del régimen era estructural, con “al menos 50 mil personas ejecutadas en la década posterior al final de la guerra” y “cientos de miles de presos en las cárceles”, señala Casanova. Pero el militar manifestó también, según Preston, “una notable astucia e intuición” para adaptarse a las circunstancias. El “enviado de Dios” como “salvador de la tradición occidental cristiano”, “el primer estratega del siglo” que “no se equivocó jamás”, el “arquitecto del milagro económico”: las leyendas sobre Franco se propagaron a través de la Iglesia católica y las informaciones oficiales que se difundían obligatoriamente en los cines.

Algunas siguen expandidas, como la imagen de Franco como “un salvador de los judíos”.

“No era como Hitler, no quiso aniquilar toda la raza judía pero era muy antisemita”, asegura Preston. “Empezó a abrir la mano respecto a los judíos una vez caído Mussolini, cuando ya se vislumbraba la posible derrota del Eje”, dice.

“Hay un folleto publicado por el gobierno español en 1947 diciendo que Franco había ofrecido a los judíos asentarse en España. Era mentira pura, lo más que le ofrecía era el tránsito por el territorio español y con muchísimos obstáculos”.

Millonario y corrupto

“Toda mi vida es trabajo y meditación”, dijo Franco en 1946. Pero desde 1936 jugaba a golf y más adelante se aficionó a pescar en su yate o a costosas cacerías durante las que adjudicaba contratos gubernamentales.

En La otra cara del Caudillo, el historiador español Ángel Viñas destruye esta imagen de dirigente “austero y espartano”. “Mientras sus soldados morían en las trincheras, padecían hambre y piojos, se estaba haciendo millonario” con alrededor de 34 millones de pesetas (388 millones de euros en 2010) el 30 de agosto de 1940, explica Viñas.

El historiador desvela la “operación café”: la venta en 1939 de 600 toneladas de café enviadas por Brasil para financiar obras sociales pero cuyos beneficios fueron a la cuenta del dictador.

“El franquismo ha sido uno de los regímenes más corruptos de la historia de España”, concluye Viñas. “No digo que Franco fuera un ladrón” porque en su dictadura él “era fuente de derecho, sus decisiones eran ley, no podía hacer nada ilegal”.

Como si fuera un rey, Franco entraba en las iglesias bajo palio y miles de españoles se arrodillaban al paso de su vehículo, constató en 1939 un embajador estadounidense.

“Tenía delirios de realeza: su orgullo exigía que solo le sucediese alguien de sangre real”, escribe Preston, desmontando un último mito: “la idea de que había previsto y aprobado el papel que desempeñaría el rey Juan Carlos en la transición hacia la democracia”.

Fue su sucesor, instruido por el dictador, quien “decidió no cumplir las tareas que Franco le encomendó”.