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Ilustrador belga narra el día a día del Cervantino en Guanajuato

François Olislaeger, durante la entrevista con ‘La Jornada’, en la capital cervantina de América. Foto Alondra Flores

Alondra Flores Soto, enviada

Guanajuato, Gto. Muy frustrante resulta para François Olislaeger dibujar únicamente en blanco y negro. ¡Hay tantos colores en la ciudad!, afirma con deleite, en entrevista con La Jornada, durante su primera visita a Guanajuato.

Al mismo tiempo, serían infinitas las posibilidades. Esos colores bajo el sol se reflejan en las calles, en las personas. Es como si hubiera colores en el aire, sin soporte, describe.

Olislaeger, ilustrador de origen belga (Lieja, 1978), ha sido convocado por el Festival Internacional Cervantino (FIC) como reportero especial que cada día comparte escenas plasmadas con tinta sobre el papel: de alguna obra, de las calles o de lo que sucede detrás bambalinas.

Lo hago de manera muy intuitiva, sin preparar mucho. No es tanto como un reportero, sino como espectador, pero con la oportunidad de dibujar al mismo tiempo, explica sobre el trabajo que desarrolla durante las tres semanas de actividades del FIC.

Enseñar la onda general

Antes, esa idea Oislaeger la llevó a la práctica ocho años en el Festival de Aviñón, donde dibujaba el programa de ese encuentro escénico francés y quedó un libro impreso como testigo documental. Al observar las obras y conciertos hace bocetos en vivo, entre cinco y 20 ilustraciones por obra para crear minihistorietas. “Me siento como espectador y trato de registrar algunas de las imágenes del show y agregar texto para que al final sea una narración”.

Durante su estancia en la capital cervantina ha observado ensayos y montajes. Otras veces conversa con los artistas. También dibuja lo que está alrededor, rincones de la ciudad, para enseñar la onda general, conversa en un español casi perfecto, pero con un acento que delata su procedencia extranjera.

El Pípila, la estatua monumental desde la que se divisa el caserío de colores de la ciudad de Guanajuato, patrimonio de la humanidad, fue de lo primero que captó la atención de François Olislaeger, quien transformó en trazos de tinta al héroe de piedra asomado entre las alturas, en medio de las musas de bronce que posan en lo alto del teatro más importante de esta urbe.

“El primer día que llegué a Guanajuato, al estar frente al Teatro Juárez llamaron mi atención las esculturas que sobresalen en la fachada, dedicadas a las bellas artes. En segundo plano había otra figura y alguien me explicó quién es El Pípila. Me interesó mucho la correspondencia”, explica.

Es un personaje que da a entender de manera sintética la historia de la ciudad, porque entre los túneles y este hombre algo es evidente: las minas, la independencia y la leyenda, pues dicen que murió a causa del polvo de las minas.

Parque Unión, sitio tradicional

El Cervantino, que dura tres semanas, también incluye abordar el funicular y ascender hasta el famoso mirador, sentarse en las escalinatas a dejar pasar el tiempo y admirar los colores, así como los edificios más sobresalientes, entre ellos la Catedral, la Universidad, la Alhóndiga de Granaditas y el Parque Unión.

Este último sitio, tradicional punto de la ciudad frente al fastuoso Juárez, fue otro de los primeros protagonistas en los trazos de Olislaeger. Unos minutos antes de la ceremonia de inauguración del festival, cerca del teatro, otro teatro, escribió en la viñeta con hombres entre las bancas del parque, bajo la sombra de los árboles, boleándose los zapatos.

Los túneles que atraviesan la capital cervantina de América, alguna vez como parte del pasado minero, hoy repletos de autos, han sido captados en esta historia gráfica de los días de fiesta con inspiración en El Quijote.