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Interactúa el público con el arte experimental de Lozano-Hemmer

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Tensión superficial, 1992, trabajo de Rafael Lozano-Hemmer incluido en la exposición del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, propone un sistema de vigilancia computarizada, pantalla y programación en Delphi, mediante un ojo que sigue al espectador con precisión orwelliana. Para esta obra se inspiró en El año solar, texto de Georges BatailleFoto Cristina Rodríguez

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Tensión superficial, 1992, trabajo de Rafael Lozano-Hemmer incluido en la exposición del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, propone un sistema de vigilancia computarizada, pantalla y programación en Delphi, mediante un ojo que sigue al espectador con precisión orwelliana. Para esta obra se inspiró en El año solar, texto de Georges BatailleFoto Cristina Rodríguez

Fabiola Palapa Quijas

Más allá de ser un mero observador, el visitante de la primera exposición monográfica de Rafael Lozano-Hemmer, Pseudomatismos –inaugurada el miércoles pasado en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (Muac)–, podrá interactuar y erigirse en un elemento que complete esa propuesta del artista.

El arte experimental de Lozano-Hemmer, como él mismo señala, se parece más a las artes escénicas que al arte visual porque recurre a la tecnología para crear soportes artísticos donde el público participa.

Siempre he trabajado con la tecnología, con los medios, no porque sean nuevos u originales, sino porque son inevitables. Nuestra economía, política y cultura están conducidas a través de canales de comunicación globalizantes que no son opcionales, es decir, cualquier creador que trabaje en nuestra cultura tecnológica de hoy es un artista tecnológico, explica el autor de instalaciones interactivas que se ubican en la intersección de la arquitectura y el performance.

Recorrido por 23 años de quehacer

La muestra reúne 42 obras que recorren 23 años de producción audiovisual, como piezas de video interactivo, robótica, vigilancia computarizada, fotografía e instalación sonora, entre las que figuran cinco estrenos mundiales en varias escalas, desde el Pabellón de Ampliaciones, una enorme proyección realizada en colaboración con el artista polaco Krzysztof Wodiczko, hasta Nanopanfletos de Babbage, pequeños folletos de oro que fueron impresos en la Instalación de Nanoescala de la Universidad de Cornell.

En este lenguaje tecnológico que utiliza Lozano-Hemmer son importantes el tacto, la vista, la respiración, el oído y el movimiento del público, porque en cierta forma la exposición busca activar relaciones entre máquina, entorno y percepción, y así mostrar el modo en que la tecnología, el cuerpo y el cuerpo-político son inseparables.

“La idea que tengo y comparto es la de McLuhan de hace 50 años: que la tecnología es una segunda piel, una extensión del ser humano; no es una herramienta o algo que esté fuera de nosotros, sino que forma parte de nosotros mismos; incluso si vives en una región remota de la sierra y no tienes un teléfono eres parte de esta cultura tecnológica, porque tus padres viven a través del intercambio virtual de datos en una economía que no está sustentada por recursos.

No es que vea a la tecnología como algo que podamos cooptar; me parece coherente con nuestro estado de ser utilizarla, pero como una especie de relación con uno mismo. Somos ciberorganismos y podemos intentar usarla en una forma en la que no fue diseñada, por ejemplo, hoy las obras de arte tienen cámaras de vigilancia, señala.

Crítica desde la tecnología

El curador de la exposición, José Luis Barrios, considera que Lozano-Hemmer siempre se mueve en el límite engañoso y seductor de la tecnología, al crear piezas con la más alta tecnología, con sistemas complejos de información, pero jamás se deja seducir por las máquinas.

“Rafael –afirma el curador– es un crítico desde dentro de la tecnología y lo lleva al extremo de poder producir la paradoja estética de la máquina y eso es fascinante en su trabajo.”

Para el artista, define Barrios, la tecnología es algo natural y normal, es parte de nosotros mismos y de la reflexión de quiénes somos ante la sociedad, la política y la cultura.

En la exposición Pseudomatismos, cuyo título hace referencia a los automatismos surrealistas, práctica artística que apostaba al poder creativo del subconsciente y se sostenía sobre la noción de valor en lo accidental, se presentan varias de las obras más representativas de Lozano-Hemmer, comoAlmacén de corazonadas, que representó a México en la Bienal de Venecia de 2007.

Se trata de una instalación interactiva donde el público sostiene un sensor que detecta la frecuencia cardiaca; una computadora registra el pulso y lo transmite al foco más cercano, el cual parpadea al ritmo exacto del corazón.

De esa obra, inspirada en la película Macario, dirigida por Roberto Gavaldón, hay cinco reproducciones, además de la copia de autor, la cual se muestra ahora en el Muac.

Una fue adquirida por el Museo de Arte Contemporáneo de Montreal, otra por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York y otra por la Fundación Jumex en México.

La exposición también incluye propuestas como Respiración circular y viciosa, Pan-Himno, Reporteros con fronteras, Blow-up, Bifurcación yEmpaquetamiento de esferas; esta última consiste en piezas impresas en 3D diseñadas para concentrar en un solo dispositivo multicanal la producción musical de un compositor. Por ejemplo, la esfera de Franz Schubert es de 45 centímetros de diámetro y cuenta con 998 bocinas, cada una tocando un opusdistinto de entre sus 998 composiciones.

La muestra Pseudomatismos, de Rafael Lozano-Hemmer, montada en el Muac del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, Ciudad Universitaria), concluirá el 27 de marzo de 2016.