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Lorena Wolffer visibiliza la violencia de género en el país

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Ángel Vargas

Una de cada cinco mujeres en México, según una encuesta nacional reciente, sufre violencia de su actual pareja, sea verbal, sicológica, física, sexual, económica o patrimonial.

Sin embargo, es una problemática tan añeja, extendida y común que se percibe como algo normal y, por lo mismo, es invisible.

Y actualmente, ante la escalada de violencia que enfrenta el país, es doblemente invisible; sólo es existente en términos políticos y sociales la que se deriva del crimen organizado y el narcotráfico, considera la artista Lorena Wolffer (DF, 1971).

Fue a partir de esa conciencia que la también activista desarrolló un proyecto de intervenciones y acciones culturales, cuya finalidad es hacer visible y público el grave problema de la violencia de género y, por extensión, familiar que se padece en nuestra nación.

Luego de siete años de trabajo, el resultado de esa iniciativa llega al Museo de Arte Moderno (MAM) en forma de muestra, con el título Lorena Wolffer/Expuestas: registro público, la cual podrá visitarse desde hoy y concluirá el 18 de octubre en varios espacios del recinto: la sala Federico Gamboa, el Gabinete y el Jardín Escultórico.

Se trata de un recuento documental de los 13 performances y acciones colectivas que lanzaron a la artista y militante entre 2007 y 2013 a las calles y los albergues de la ciudad de México y otros puntos del país, como Querétaro y Tijuana; incluso del extranjero, como Gran Bretaña y China, para recabar testimonios de manera directa sobre lo que denomina una plaga socio-cultural.

“Es un proyecto que tiene que ver con la violencia hacia las mujeres, la violencia ‘normalizada’ hacia ellas; con los testimonios, las palabras, las vivencias y las experiencias de miles de mujeres que participaron a lo largo de siete años”, explicó la creadora.

El proyecto original, del cual se desprende esta exposición, ya sucedió en las calles. Es algo peculiar, porque no es un museo la primera parada, sino que fue al revés. Ahora lo traemos aquí como una manera de cerrar, de documentar, de analizar, para mirar todo esto junto.

En conferencia de prensa, antes de un recorrido por la muestra, este viernes, Wolffer aclaró que la parte esencial de esa iniciativa tiene que ver con cada una de las participantes, en el sentido de darles voz y espacio, porque generalmente son acalladas e ignoradas.

No es un proyecto artístico tradicional; es una metodología peculiar en la que el arte se encuentra con el activismo, pero también tiene que ver con las leyes locales, con tratados internacionales relacionados con los derechos de las mujeres, dijo.

Tiene que ver con que las mujeres nos convirtamos en tema de derechos; con formas alternativas no sólo de visibilizar y denunciar esta grave problemática, sino también de sanarlas y repararlas; con dónde nos paramos y cómo somos parte todos los días de estas violencias sin darnos cuenta y echar un paso para atrás para mirarlas y dejar de ejercerlas.

Con la curaduría de Hugo Avendaño, Expuestas: registro público reúne documentos gráficos, audiovisuales y materiales de las acciones y performances de la artista durante estos años para visibilizar ese problema.

Algunos llegan a ser escalofríantes, como la instalación armada con objetos donados por mujeres de diversos puntos del país con los cuales fueron víctimas de algún ataque o agresión.

De un muro penden cinturones, vidrios, billetes de diferentes denominaciones, cuchillos, bolsas de plástico, cuerdas de diversos materiales, almohadas, botellas, zapatos, planchas, un machete, una cámara fotográfica y hasta una máquina de escribir, todos identificados por un número que corresponde al relato sobre cómo fueron utilizados.

Igual de impactante es el registro fotográfico de un performance que Wolffer realizó en colaboración con ocho sobrevivientes de violencia que estuvieron albergadas en el Refugio de la Fundación Diarq, las cuales relataron en sesión pública, en el Parque España de la ciudad de México, sus experiencias.

Contar las historias es un ejercicio de sanación y reparación, dijo Wolffer, quien emprendió una acción similar, aunque esta vez con la escritura de testimonios y de respuesta a los agresores, en una serie de bastidores colocados en el Zócalo de la capital del país, a lo que denominóMuros de réplicas, cuyo registro es parte de la muestra.

Una singularidad de la exposición es que permite a los espectadores involucrarse y participar de manera directa mediante el programa de talleres y cursos que se realizarán de manera paralela, como de equidad de género, prevención y detección de la violencia y derecho de ciudadanía.

Otra es un memorial creado ex profeso con los nombres de víctimas de violencia, que podrá ser alimentado por el visitante.

Esta pieza nació a partir de que la artista advirtió que no hay un registro fiable de las fallecidas a causa de la violencia, ni de aquellas que la han padecido.