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México se fue a la barranca y es necesario sacarlo de allí, señala Fernando del Paso

México

Fernando del Paso (DF, 1935) fue homenajeado y recibió el reconocimiento Corazón de León, lo flanquean Alberto Galarza, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, y Tonatiuh Bravo Padilla, rector de la Universidad de Guadalajara. El autor de Noticias del Imperio habló de sus pequeñas luchasFoto Arturo Campos Cedillo

México

Fernando del Paso (DF, 1935) fue homenajeado y recibió el reconocimiento Corazón de León, lo flanquean Alberto Galarza, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, y Tonatiuh Bravo Padilla, rector de la Universidad de Guadalajara. El autor de Noticias del Imperio habló de sus pequeñas luchasFoto Arturo Campos Cedillo

Juan Carlos G. Partida

Guadalajara, Jal.

El escritor Fernando del Paso (DF, 1935) jamás teme a los colores. Así lo demostró ante el público que llenó el paraninfo de la Universidad de Guadalajara (UdeG), con rombos rojos en los calcetines negros, sus bostonianos de un colorado intenso, los tirantes debajo de la chaqueta de rayas, cuadros policromáticos y su única formalidad: corbata ancha en gris con tono rata.

Nunca he sido valiente que digamos, pero es necesario, y ustedes lo harán, reconocer que se requiere un poco de valor, aunque sea un poquito, para usar el saco que me puse hoy, dijo en su discurso al recibir el jueves por la tarde la presea Corazón de León, máximo reconocimiento que confiere la Federación de Estudiantes Universitarios.

El novelista también tuvo valor para, después de dos años y medio de terapia de lenguaje luego de un infarto cerebral que lo dejó sin habla y con problemas de locomoción ya que aún necesita usar silla de ruedas, leer su discurso de cinco hojas ante cientos de estudiantes y autoridades universitarias.

“Tras una larga e intensiva terapia lingüística, gracias a mi terapeuta Celia Rodríguez, me obligué a leer en voz alta toda Noticias del Imperio en sesiones de dos horas a la semana. Tardé dos años, que se cumplieron hace dos semanas. Resultó paradójico y muy hermoso que yo diera mi voz a ese libro y que éste, 28 años después, me la devolviera”, relató.

Valor para volver a un país inestable

¿Yo corazón de león? ¡Valiente cosa! Los únicos corazones de león de quienes me han llegado noticia en mi vida son Ricardo I, rey de Inglaterra, quien expuso su vida y su reino en un intento de rescatar Jerusalén de las manos de los impíos. Y los que han salido de esta Universidad de Guadalajara, dijo el escritor en su discurso.

Hizo un breve recorrido autobiográfico del valor que necesitó para dejar México a los 30 años e irse con su esposa Socorro a la Universidad de Iowa, por la tercera parte del sueldo que yo ganaba en la agencia de publicidad estadunidense Young and Rubicam, con tal de tener más tiempo para desarrollar mi vocación y mi pasión que era la de escribir.

También de su posterior viaje a Europa para residir 14 años en Londres, al lado de su familia y con un contrato provisional de tres meses sin garantía de ser renovado, o sea renovable cuatro veces al año, durante toda mi estancia allí.

O de su mudanza a París para trabajar en Radio France y enfrentarse a las autoridades galas que no dejaban entrar al país a su esposa por inmigrante no deseada, pese al contrato de su marido con la radiodifusora.

Tal vez también necesité otro poco de valor para regresar, a los casi 60 años, a un México inestable. Esto fue posible, como ustedes lo saben, gracias a la UdeG.

Atribuyó también valentía a superar las múltiples enfermedades que ha padecido, comenzando a los 27 años cuando se sobrepuso a un cáncer de testículo al que siguieron otros de vejiga y próstata.

“A los 50 años se me rasgó el corazón. Paradójicamente me salvó un coágulo de 15 centímetros de largo, ocho en su parte más ancha y tres en su parte más gruesa. Después de eso me han puesto dos stents: uno en la pierna izquierda y otro en la arteria coronaria izquierda y me han operado de dos lipomas y dos obstrucciones intestinales”.

Dijo que su pasión por las letras, supone, surgió de luchar contra este enfermizo destino, cuando en su primer cáncer Francisco Cervantes le llevó al hospital el libro La tumba sin sosiego, de Cyril Connolly, crítico literario inglés.

En su discurso, Del Paso habló de sus pequeñas luchas.

Sin embargo, quién soy yo para hablar de luchas, mis enfermedades actuales son las de cualquier hombre de 80 años que se enfrenta a la vejez. Quién soy yo para hablar de valentía y valor si nunca ha faltado comida en mi plato ni techo sobre mi cabeza. Lucha, la de los más de 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza; coraje, el de los estudiantes que manifiestan su inconformidad; valentía, la de los periodistas que denuncian las injusticias; valor, el de los padres de los más de 25 mil desaparecidos, asentó.

Para culminar dijo que hoy la nación necesita de una lucha socialmente coordinada que reconozca que México se fue a la barranca y es absolutamente indispensable sacarlo de allí.

Que el buey o los bueyes que lo empujaron se queden atrapados y se asfixien en su propia ineptitud y propia irresponsabilidad. Para eso debemos tener el valor de no callarnos nunca ante las injusticias que cometen nuestros gobernantes, finalizó.