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Muestra en Bellas Artes brinda un luminoso perfil de Cartier-Bresson

Muestra en Bellas Artes brinda un luminoso perfil de Cartier-Bresson

Prostitutas de la calle Cuauhtemotzín, ciudad de México, 1934Foto Fundación Henri Cartier Bresson, París/ ©Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos, cortesía de Fundación Henri Cartier Bresson

Mónica Mateos-Vega

El público mira atento la estrategia del cazador, Henri Cartier-Bresson (1908-2004): él se confunde entre la multitud, camina rápido, su mirada hurga más allá. Olfatea de un lado a otro. De su hombro izquierdo cuelga el estuche de su cámara; en la mano derecha, escondida en su espalda, su Leica lista para captar lo que llamó el instante decisivo.

Y de repente, ahí está, la imagen, la luz o las sombras, que encienden al fotógrafo francés. De un zarpazo, coloca la cámara frente a sus ojos y ¡zas!, en menos de un segundo oprime el obturador. Al mismo tiempo echa el pie derecho hacia atrás, como si fuera un paso de ballet, en un brinquito. Las personas alrededor apenas lo notan, y él sigue andando, persiguiendo, atrapando obras maestras.

Así transcurre uno de los videos que se proyectan en la exposiciónHenri Cartier-Bresson: la mirada del siglo XX, que se presenta en el museo del Palacio de Bellas Artes, la cual ha convocado a miles de personas a poco más de un mes de su inauguración.

Abierta durante este periodo vacacional, si bien se trata de la primera gran retrospectiva del artista en ese recinto, es la quinta vez que el público mexicano tiene oportunidad de apreciar el trabajo de uno de los pioneros del fotorreportaje.

En 1935, gracias a su amistad con su colega mexicano Manuel Álvarez Bravo (1902-2002), Cartier-Bresson participó en una muestra compartida, un primer mano a mano con su amigo, en el máximo recinto cultural del país.

En septiembre de 1980, el artista francés regresó a exponer al Palacio de Bellas Artes de manera individual, y seis años más tarde, en 1986, volvió a compartir espacio con Álvarez Bravo. En 2002, ambos fotógrafos invitaron a otra muestra tripartita a su colega estadunidense Walker Evans.

Ahora se presentan 398 piezas que incluyen no sólo las extraordinarias fotografías de Cartier-Bresson, sinocollages, pinturas, dibujos, películas, revistas y periódicos que brindan a los visitantes un amplio y luminoso perfil del artista de la lente.

Ahí está el primer autorretrato que hizo Henri cuando era niño, pero también los dibujos que realizó en la etapa final de su vida y, por supuesto, esas imágenes en blanco y negro que son poesía y belleza: las piernas entrelazadas de unas amantes sorprendidas en la intimidad de un hotel de paso, la desnudez de la pintora Leonor Fini (1907-1996) en el agua, el trasero de Lupe Marín (primera esposa de Diego Rivera), niños transformados en ángeles, la felicidad de una novia en el vaivén de un columpio, incluso un puñado de vísceras de res que bajo la lente de Cartier-Bresson se transforman en un hermoso bodegón.

Dolor, horror y pobreza

Pero también está ahí el dolor y horror de un mundo en guerra, el desempleo, los cambios sociales, la recién nacida Cuba revolucionaria, la ridiculez de la monarquía inglesa, el tiempo libre de las clases medias, la pobreza africana, los funerales de Gandhi, y México: la Merced y sus prostitutas, Oaxaca y sus claroscuros, los amigos.

El conjunto de obra exhibida proviene de 20 colecciones internacionales, entre las que sobresalen la propia fundación Henri Cartier-Bresson de París, la Bibliothéque Kandinsky del Centre Pompidou, Monsieur François-Marie Banier y la Cinémathèque Française, entre otras.

El museo del Palacio de Bellas Artes (Eje Central y avenida Juárez, Centro Histórico) abre de martes a domingos de 10 a 17:30 horas y cuenta con visitas guiadas. Concluye el 17 de mayo.