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Murió Vicente Leñero; homenaje al escritor en Bellas Artes

Vicente Leñero (1933-2014), en imagen del 26 de noviembre de 2009, durante una entrevista con La Jornada. Foto Carlos Ramos Mamahua

Vicente Leñero (1933-2014), en imagen del 26 de noviembre de 2009, durante una entrevista con La Jornada. Foto Carlos Ramos Mamahua

Merry MacMasters y Ana Mónica Rodríguez

El periodista, narrador y dramaturgo Vicente Leñero, de 81 años, falleció en su casa ayer a las 9 horas a causa de un cáncer pulmonar.

Hoy, de 12 a 14 horas, en el Palacio de Bellas Artes se rendirá un homenaje al autor de Los periodistas, informaron sus familiares, quienes la tarde del miércoles –en una ceremonia íntima– asistieron a la cremación de los restos de Leñero.

El dramaturgo trabajaba en un guión de cine sobre Gustavo Díaz Ordaz, basado en la novela Disparos en la oscuridad, de Fabrizio Mejía Madrid, filme que sería dirigido por Sebastián del Amo.

Nacido el 9 de junio de 1933 en Guadalajara, Jalisco, Leñero estudió ingeniería civil en la Universidad Nacional Autónoma de México y periodismo en la Escuela Carlos Septién García.

Entre sus obras destacan Los albañiles (1963), llevada al cine; El garabato (1967), El evangelio de Lucas Gavilán (1979), Asesinato (1985) y La vida que se va (1999).

De 1977 a 1998 fue subdirector de la revista Proceso y recibió los premios Mazatlán de Literatura (1987), por Puros cuentos; el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (1997); el de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 1992, por su trayectoria en el teatro; el Xavier Villaurrutia, por su antología La inocencia de este mundo, y el Nacional de Ciencias y Artes, en Lingüística y Literatura, en 2001. En 2011 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua.

Obsesión por el trabajo

En 2013, Vicente Leñero no aceptó homenajes ni festejos en su cumpleaños. Siempre fui muy tímido y aislado, dijo el reconocido autor.

Me choca cumplir años y no lo voy a celebrar; ya se lo dije a todo mundo. Uno puede celebrar publicar un libro y el acierto o la fortuna de los amigos y de la amistad, pero no debería hacerlo con los cumpleaños, expresó.

Del dramaturgo, su esposa, Estela Franco, subrayó –en esos días– la armonía y la amorosa relación que imperó en su matrimonio por más de 50 años.

Lo admiro como persona y como escritor. Siempre lo he alentado, lo he acompañado en toda nuestra convivencia. Es un hombre obsesivo en su trabajo. Por fortuna, tiene muchos años que se dedica a ello en su biblioteca y siempre lo veo escribiendo y muy dedicado. Claro, esto ha ido bajando un poco, porque antes escribía muchísimo.

Sin embargo, prosiguió su esposa, siempre lo veo ocupado, porque es muy generoso; a sus alumnos, a gente que le pide que le revise sus novelas o guiones, responde siempre con mucha responsabilidad.

Dijo que la admiración hacia su esposo radicaba en que era un hombre muy comprometido. Estábamos muy unidos en la cuestión religiosa, y que sea un hombre tan trabajador para mí ha sido muy respetable. Siempre ha estado conmigo, en las buenas y en las malas.

De su biografía, el promotor cultural y editor José María Espinasa dio cuenta en un texto que se publicó en La Jornada Semanal, suplemento cultural de esta casa editorial, con el cual se sumó a las celebraciones y homenajes que recibió Vicente Leñero, uno de los más importantes narradores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX en sus ocho décadas de vida.

Espinasa recordó: “En 1961, después de terminar sus estudios de ingeniería, se da a conocer como escritor con el libro La voz adolorida. Rápidamente se vuelve protagonista de las letras mexicanas, y suma a su incansable trabajo como editor y periodista una constante actividad literaria que no se limitará a la narrativa, sino que se extenderá con el tiempo a otros géneros, como el teatro y el guión de cine”.

En 1963, prosiguió el editor, con la aparición de Los albañiles, distinguida con el Premio Biblioteca Breve, pareció proyectarlo, junto a Carlos Fuentes, como el otro protagonista mexicano del boom.

“La novela es hoy por hoy un libro de referencia y ha aguantado mucho mejor que otras novelas de sus contemporáneos el paso del tiempo. Pero Leñero no fue el protagonista que se esperaba del boom, simplemente siguió siendo un gran escritor.

“Ese profesionalismo, ese oficio, está puesto al servicio de la obra con gran inteligencia. Todos los textos de Leñero son obra personal, incluso los que se pueden considerar estrictamente pedidos laborales –como un guión de cine, por ejemplo–, y eso los vuelve notable literatura.”

Desde 1994, Vicente Leñero era integrante del Sistema Nacional de Creadores.