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Piedras de colores

piedras

Hugo Gutiérrez Vega deja un legado de más de 35 libros de poesía traducidos a 10 idiomas, otros 13 en prosa, además de múltiples ensayos. Foto Cuartoscuro

Por Ericka Montaño

Los grandes temas de Hugo Gutiérrez Vega: el amor, los viajes, los amigos, el cine, los poetas admirados, la vida, la muerte, el teatro, la infancia, los gatos, quedan en sus cientos de poemas publicados ya sea en forma de libros autónomos o en antologías como Peregrinaciones. Poesía reunida 1965-1999,editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, y Peregrinaciones. Poesía reunida 1965-2001, publicada por el Fondo de Cultura Económica en su colección Letras Mexicanas, que incluye el prólogo de Marco Antonio Campos y, al final, una plática entre ambos escritores.

En esa plática, el director de La Jornada Semanal dice de sus libros: son una conversación sostenida a lo largo del tiempo. Una sola corriente, pero de temática variada. He escrito ese único libro hecho a través de los años y los viajes.

De poesía son 40 títulos, algunos fueron traducidos a inglés, francés, italiano, griego, rumano, ruso, griego, árabe, serbo-croata, neerlandés y portugués. En prosa, la lista llega a 14. A éstos hay que añadir ensayos y poemas aparecidos en revistas y publicaciones de México y del mundo.

Carlos Monsiváis escribió en el prólogo de Cantos de Tomelloso y otros poemas, que Hugo Gutiérrez Vega “es de los primeros en percibir el triste error de fijarle a la poesía temática y vocabularios consagrados. Él renuncia al despliegue de los recursos heredados del saber neoclásico (común a nuestra generación, así se use en tono de burla) y de la tradición rápidamente determinada por la obra del grupo de los Contemporáneos. No acepta la intensidad versicular instalada y prefiere ‘correr el mundo’, abandonar seguridades y pruebas instantáneas donde la poesía certifica que lo es desde el uso de ritmos aplaudibles y palabras ‘profesionalmente poéticas’, incluso al margen de su contexto.

De modo que parece insólito, Gutiérrez Vega no elige desolaciones, incursiones para un yo espectral, extravío en el laberinto de metáforas o cultos por la muerte propia y ajena, y se decide por un tono de confianza intimista, de burla de sí que es alabanza del mundo, de pesimismo circunstancial que es exaltación de las nuevas posibilidades poéticas de lo cotidiano.

Hugo Gutiérrez Vega involucra al lector en el libro Cuando el deseo termine:Te propongo un juego con palabras como piedras de colores. Si encuentras en lo que digo algo que te pertenece, el juego seguirá, porque mis palabras son tuyas y de todos. Lo único que hace la poesía es cantar lo que a todos pertenece.

Publicamos algunos fragmentos de la antología del FCE, con autorización de la editorial.

Poemas del amor no escuchado

(fragmento)

I

Estamos juntos a la puerta
de ese terrible amor
juntos, lejanos.

Cada uno con su voz tan ininteligible
y con el germen de su propia muerte
oculto en las entrañas.
Y hablamos hasta la madrugada…
Hablamos del amor
y de las cosas poco importantes.
Hablamos de lo que creímos
y que al irse nos ha dejado
los lugares baldíos.

Hablamos de la vida,
de las regiones del espíritu
(pero de esto pudimos hablar
gracias a nuestra calidad
de dueños desterrados)
y hablamos de las cosas poco
importantes: nuestro miedo…
nuestro trabajo…
de la situación social…
de la muerte, del tiempo,
de la muerte y de la última película
y de la muerte.

Y nos callamos hasta que la estrella
murió en el golpe de la luz amanecida.

Cuando se hizo la luz
regresamos a nuestro paraíso primordial
y quedamos dormidos
a la perversa sombra del manzano.

Las voces ocultas

(fragmento)

III Defensa del ser

In memóriam Antonio González de León

No somos más que un pañuelo
agitado por el viento de los muelles.
Nuestro deseo es llegar,
pero siempre nos vamos.
Somos una risa interrumpida
por el invierno;
una mañana con sol súbitamente
invadida por los ejércitos de las nubes;
una tarde tranquila sorprendida
por la lluvia;
una noche con la luna
cubierta de pronto por el temporal.

Pero… somos y eso no nos lo quita el viento.
No seremos, pero hemos sido.
Sirva esto para seguir andando
por el camino siempre interrumpido,
para saber que nuestros ojos
siempre podrán distinguir
las figuras que viven
en la otra orilla del abismo.