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A Santa Cecilia, por un año más de música y abundancia

Ricardo Dávila

Son las 11 de la noche en la Plaza del Mariachi. Hombres vestidos con traje charro de etiqueta van llegando al inmueble ubicado entre avenida Ponciano Arriaga y calle de Los Bravo en el centro de San Luis Potosí. Erguidos e impecables. Cada músico lleva consigo el instrumento con el que hará tributo para celebrar a Santa Cecilia, patrona de los músicos, por su día. Su cumpleaños. Un ritual que se realiza desde hace al menos 30 años.

La luna vierte una iluminación blanquecina sobre los asistentes. Los faros respaldan el entorno con luz artificial. Las vestimentas de los integrantes de mariachi varían entre el color negro y el color blanco. Relieves en hileras doradas o plateadas trepan por los costados de sus pantalones y mangas. Moños bordados finos se asoman a la altura del cuello los músicos. Ninguno lleva sombrero. Algunos llevan chamarra debido al frío.

Y comienzan Las Mañanitas. El guitarrón, la trompeta, el violín, la guitarra y la vihuela hacen presencia. Coordinados, melódicos y potentes. Cada integrante del Mariachi ejecuta su instrumento para celebrar a la Santa y también a la Virgen María. Música tradicional y folclórica, canciones como Cielito Lindo y el Son de la Negra son parte del ceremonial.

El primer grupo presente fue el de Los Andariegos. Rindieron tributo frente al altar donde estaba la figura de Santa Cecilia que era iluminado con una luz parda y adornado con un arreglo floral de rosas blancas. Por arriba danzaban papeles blanquiazules crepé. Los músicos dieron una muestra de talento. Un miembro de la agrupación comentó a La Jornada San Luis que este año les fue bien en ganancias. Afortunadamente.

También hicieron acto de presencia y de celebración músicos del género banda. Con la tarola, bajo, guitarra y acordeón hicieron zapatear a los músicos de Mariachi y a los asistentes. De nombre Los Amigos Impostores, desprendieron rítmicas canciones rancheras y de banda. En un momento de la noche recordaron con una melodía a Cristóbal, un exmiembro del conjunto quien falleció recientemente.

Mientras, los visitantes podían apreciar el virtuismo de los ejecutores de canciones. En una mesa se repartieron tamales, café de olla y atole de guayaba. Algunos aprovecharon para tomar video o fotografías. Otros más cantaban. Y el resto sólo contemplaba.

Después, el llamado a la unidad. “¡Que las cuerdas, voces y trompetas se vuelvan sólo una!”. Alrededor de 25 músicos se colocaron en hilera. Los trompetistas por un constado, los guitarristas por otro. Cada par con su par. Las mañanitas aumentadas en fuerza. Un ferviente cántico con el rugir de las cuerdas y el aire de los instrumentos.

El mariachi era uno sólo. La celebración era sinónimo de un rezo y agradecimiento a Santa Cecilia. Por un año más de música y abundancia.