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Prumsodun Ok convierte una danza milenaria en belleza refrescante

danza
 El artista aprendió de maestros depositarios de la danza jemer, sobrevivientes del genocidio en la década de los 70 a la dictadura de Pol Pot. Foto Luis Humberto González


El artista aprendió de maestros depositarios de la danza jemer, sobrevivientes del genocidio en la década de los 70 a la dictadura de Pol Pot. Foto Luis Humberto González

Por Alondra Flores

Depositario de la danza milenaria jemer, originaria de Camboya, el bailarín Prumsodun Ok rompió el esquema de este arte tradicional para construir un sutil manifiesto amoroso y festivo, una ofrenda de historia homo-erótica en el espectáculo Eros burning in the field of flowers (Eros ardiendo en el campo de flores), que tuvo su estreno mundial en el Foro A Poco No el 31 de julio pasado.

La violencia, la homofobia y la dignidad están inmersas en una investigación personal sobre el amor homoerótico desde los tiempos ancestrales hasta la época contemporánea. Interpretar una danza de mil años es tener una belleza refrescante que nunca muere, afirmó en conferencia de prensa Prumsodun Ok, sobre su apropiación de la danza hacia lo contemporáneo.

Las flores han sido un símbolo del imaginario asociado al deseo y a la homosexualidad en diversas culturas, como en Camboya, en los poemas musulmanes o en el Xichipilli, en México; es parte de las referencias del título, que también se inspiró del episodio histórico de la plaza romana Campo d’ Fiori, cuando en 1576 fueron quemados vivos 11 españoles y portugueses por contraer matrimonio homosexual. Además de que la pieza retoma el nombre de Eros, dios griego del amor.

Devastación que inspira

La destrucción de las antiguas esculturas budistas en Afganistán por grupos fundamentalistas también inspiraron esta pieza que defiende los derechos humanos y la libertad de ser, como una declaración contra la intolerancia religiosa.

Ok aprendió de maestros depositarios de la danza jemer, sobrevivientes del genocidio en la década de los 70 del siglo pasado bajo la dictadura de Pol Pot.

El sonido del chocar metálico de un dorado collar irrumpe en el escenario, entre flores doradas y el torso desnudo del bailarín. Una serenidad gozosa se dibuja en los labios rojos del pálido rostro, en este diálogo teatralizado del cuerpo, en el que son evocados dioses antiguos, monjes budistas, orishas y guerreros samuráis.

Mi investigación es una meditación sobre la relación entre sexualidad, religión y espiritualidad, y su conexión con el cosmos, afirmó el creador, quien se ha convertido en activista escénico en Estados Unidos, donde radica actualmente, y quien es una estrella en Camboya, su país natal.Los bailarines son un puente entre los dioses y quienes viven en la Tierra, dijo sobre estas danzas que hacen pensar en la naturaleza.

Las propuestas escénicas programadas por el sistema de teatros de la Secretaría de Cultura de la ciudad de México a partir del 31 de julio fueron presentadas en conferencia de prensa. Además del espectáculo Eros ardiendo en el campo de flores, se brindaron detalles de los montajes dancísticos Residuos de acciones y Un viento llamado Virginia Woolf.

En el primero, Leonor Maldonado hace un discurso sobre el dolor, la memoria, la historia del cuerpo, sus limitantes y transformaciones; se escenificará del 4 al 13 de agosto en el teatro Sergio Magaña (Sor Juana Inés de la Cruz 114, colonia Santa María La Ribera).

Tras ejecutar una danza incómoda, fragmentada, casi antinatural, la coreógrafa y bailarina comentó que su pieza unipersonal surge a partir de las diversas lesiones que ha tenido en el cuerpo e intenta reivindicar el dolor y la imperfección. Agregó que se busca representar el cuerpo en contra de la normalización.

Por su parte, la coreógrafa Leticia Alvarado, directora de Tándem Compañía de Danza, detalló que Un viento llamado Virginia Woolf toma como punto de partida la novela Las olas, de la escritora británica. De la literatura a la danza, es como se calificó a la coreografía inspirada en la vida y obra de Woolf, con música de las Cuatro estaciones, de Antonio Vivaldi, que tendrá funciones hasta el 9 de agosto en el teatro Benito Juárez (Villalongin 15, colonia Cuauhtémoc).

Eros ardiendo en el campo de flores continuará sus presentaciones en el Foro A Poco No (República de Cuba 49, en el Centro Histórico) hasta el 9 de agosto.