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Robota: teatro y tecnología

Miguel Ángel Saldaña

El Rinoceronte Enamorado abrió sus puertas a la tecnología con la obra Robota, producida por Jesús Castro Martínez e interpretada por Anahí Ordaz; es una pieza multidisciplinaria que incluye el baile, el teatro, el cine, elementos electrónicos y música para hacernos reflexionar sobre la relación humano-máquina.

En entrevista con La Jornada San Luis, Jesús Castro habló sobre la producción de la obra y su gestión: “recibimos un fondo de parte de Conaculta para el proyecto ON, y conseguirlo sólo dependió de el anteproyecto”; para obtenerlo, apuntó, “tuvimos que ser muy directos al respecto, desarrollar muy bien el aspecto tecnológico y actoral. Utilizamos la tecnología no sólo como un recurso, también como un medio, un intérprete más”, y esto es importante, pues la idea para generar esta puesta en escena sugirió, en palabras del creador, “del acercamiento a un trabajo extenso, en el que usábamos diferentes interfaz y queríamos programarlo para algo mas, algo lleno de contenido artístico”.

Desarrollar este proyecto les tomó cuatro meses de arduo trabajo: “tuvimos diferentes periodos; el primero fue de experimentación y producción, el cual nos tomó cerca de dos meses”. Muchos de los integrantes trabajaban al respecto desde antes: “ya revisábamos técnicas de una forma bastante intensiva, no es una idea surgida en el momento”, destacó.

La obra se desarrolla de una manera diferente; la utilización de recursos electrónicos y el montaje desde la entrada del público tienen un papel primordial: “desde que el público llega, incluso antes de entrar, ya son parte de la obra, y esto ayuda a relacionarnos mejor con ellos”. Y es que, al entrar, te hacen recorrer una serie de pasos parecidos a los que se llevan a cabo en los laboratorios: “tenemos en mente la experimentación de las máquinas, pero también la humana; sabemos que lo hacen, y para esto ya hay máquinas especiales destinadas a este propósito, quisimos indagar más”, ahondó.

Agregó que “la relación hombre máquina siempre ha sido mal tratada, y es por esto que al final podemos ver que esta relación puesta en escena fracasa; esto se debe a que las máquinas tienen la función de destruir, pues así las programan”. La obra tiene un trama bien definido y en ella podemos denotar diferentes partes, las primeras tres, así como la última, son desarrolladas por el público; las restantes se llevan a cabo por la intérprete y los robots. “La interacción de estos aparatos con la actriz desarrollan todo el trama, desde el despertar reconocimiento de ambos hasta la incursión de otros dos robots que bien se integran a los primeros actores; el clímax se desarrolla cuando entran cuatro sujetos correctivos a escena y tiene como resultado la destrucción de todos”, detalló.

“En los últimos 20 años no se ha presentado ningún otro evento artístico cuyo papel de la tecnología sea tan relevante. La incursión de los medios electrónicos, no como herramienta sino como artista es algo nunca visto en San Luis”, presumió. Sin duda, una obra que supera todas las expectativas y nos deja pensando.