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“Tengo canciones de hace 15 o 40 años, vergonzosamente vigentes”: Chávez

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Por Arturo Cruz Bárcenas

El sábado 29 de agosto cumpliré mi mayoría de edad en el Auditorio Nacional: 18 años de conciertos consecutivos en ese inmueble, tras su remodelación; espero no defraudar a nadie, sobre todo porque estarán conmigo los infaltables, el Trío Los Morales; los trovadores David Haro, Rafael Mendoza y Jorge Buenfil, y Panteón Rococó, expresó en entrevista El Caifán Mayor, El Estilos,de la película de 1966 de Juan Ibáñez.

A sus 80 años de edad, ni en pesadillas deambula la idea de caerle a la cama del amor eterno, como llaman a los ataúdes los personajes de Los Caifanes (tocó madera). Ha ensayado hasta la madrugada para que todo salga lo mejor posible. Siente cierta presión, porque vía Internet convocó a su público a que le dijeran el repertorio, las canciones que quieren oír en el concierto, porque si no lanza a los cuatro vientos tal o cual hay enojos y gritos de: ¡Canta una que me sepa!

El resultado de esa consulta popular fue una listota, de la que tuvo que hacer una selección. “Obviamente, sí estarán Macondo, La niña de Guatemala… ¡Claro que voy a cantar algunas novedades, pero serán pocas”.

Otras que si no interpreta, arde Troya son Hasta siempre, Por ti y Nunca jamás. “Voy a cantar una nueva versión de La casita”.

No se protege a los trovadores

Con Haro y Mendoza, afirmó, ocurrirá una minibohemia. “También se animó a echarse un palomazo Panteón Rococó, y se agregó el yucateco Jorge Buenfil. Ahí vamos.

“De David voy a cantar Dulce capricho, muy bella, y Mozambique. De mí, una rancherita, con Rafa, que se llama Será mañana. Vamos a hacer un pequeño recordatorio de Marcial Alejandro, con una composición de él que se llama ¡Que me lleve la tristeza!”

Consideró como injusto que México no proteja a sus trovadores, como Haro y Mendoza, quienes han demostrado elevada capacidad musical, como sí se ha hecho en Cuba y Venezuela. “Así son las cosas y, perdón que me incluya, esto de andar… ¡es muy injusto y muy triste!, pero son las reglas del juego, porque gente como Rafa o David… tienes que andar bregando por defender tu trabajo, porque tampoco se trata de caer en el juego de los monopolios disqueros. Ahora sí que caer en sus redes, para que despedacen toda o la mucha calidad que persigues. Te vienes abajo, ¡te devoran!, ¡envilecen tu trabajo! Entonces, hay que dar la batalla, como la estamos dando, No queda de otra. Sorprende la enorme obra de gente como Rafa y David, quien sacará pronto dos discos.

“Lo del Panteón Rococó salió luego de que estuve con ellos en su concierto de aniversario en la Arena Ciudad de México. Les fue maravilloso y me recibieron muy bien. En reciprocidad, y pasándome de lanza, ahora los invité yo. ¿Del ska? La verdad no conozco tanto, pero Rococó y yo nos entendemos perfectamente. Con ellos serán dos palomazos. Habrá una sorpresa.

Jorge Buenfil, bueno, hemos sido amigos toda la vida. Él es el heredero de los grandes de la trova yucateca y ha hecho un gran trabajo a través de los años. Vamos a cantar dos números, de su tierra, claro.

La coyuntura sociopolítica será un tópico más. “Voy a cantar una mía, que es un poco larga, pero ni modo: Se vende mi país; también, de nuevo, el hermoso poema de José Emilio Pacheco Alta traición. No me da tiempo y siempre hay mucho material.

“Tengo canciones de hace 15 o 40 años que son vergonzosamente vigentes. Pasa algo trágico y luego ocurre otra cosa peor, que lo tapa, y así. En esto tiene que ver la televisión, el duopolio dueño de la noticia. Todo es una olla de grillos con un manejo sórdido. Bola de cínicos, inescrupulosos. Corruptos. Como en tiempos de Nerón, con unos cuantos muy ricos y las mayorías pobres.

Eduardo Lizalde, presente

“Voy a leer ¡Oh, César!, de Eduardo Lizalde, que dice: I. César, no tiembles, sólo existe una cosa peor para ti que mi desprecio, y es el sincero amor de aquellos que te sirven. II. Si no fueras ridículo, bello serías. Y no serías ridículo si fueras bello. III. El César manda, no hay duda. Por eso van al Zócalo estos puercos. IV. César, tú no desciendes a la mala y fácil Roma literaria de las amas de casa. Simplemente la compras para el pueblo. V. Se ha hablado mal del César porque tiene mal gusto literario. Error: finge acaso el mal gusto, como todos los grandes estadistas. VI. César es hombre, seguro: goza de todas las hembras, aún de aquellas que no son humanas. VII. Querido César, hubiéramos podido ser amigos si en el camino al Senado no te hubieras convertido –tan fielmente– en mi perro. VIII. Yo sé que la Revolución, César magnánimo, necesita destruir –en bien del pueblo– algunos cuantos asesinos infieles. Terminarás siendo el único habitante del imperio. XIII. No te preocupes, César, por tus cándidos hijos. Si tu especie se extingue será una bendición: pueden prohibirse en forma constitucional los matrimonios entre cerdos. XIV. Colofón. Una palabra más, César: no creas que todo el tibio y graso lodo de este libro es para ti. No hay un solo poeta tan estúpido como para escribir un libro contra sólo un dictador, y no hay un dictador tan vil y carnicero que sea capaz, él solo, de inspirar un libro.”