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Por la violencia México entero es una herida: Gustavo Monroy

Mónica Mateos-Vega

Gustavo Monroy

‘‘Ahora, no pienso si voy a vender o no, o a exponer, o si una institución oficial me va a dar cabida. Atestiguo mi tiempo, mi momento, porque es muy doloroso vivir en una época así y no puedo voltear para otro lado”, expresa Gustavo Monroy (DF, 1959), en su estudio, junto a una de sus obras, titulada Fosas, 2014. Foto Luis Humberto González

La historia de México es un relato de cicatrices que no cierran jamás porque nunca ha llegado la justicia, afirma el pintor Gustavo Monroy (DF, 1959), quien desde hace 17 años comenzó a reflexionar a través de su obra acerca de la violencia que se vive en el país.

Acteal, Aguas Blancas, la guardería ABC, Tlatlaya, el niño José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo muerto por una bala de goma en Puebla y ahora Ayotzinapa, son acontecimientos que hacen eco en el pincel del artista debido a diferentes circunstancias, entre ellas, el hecho de que vivió su niñez en esa tierra de nadie que es la frontera norte.

“En los años 70 sucedía ahí lo que ahora pasa en todo el país –recuerda en entrevista con La Jornada– es como si el pasado regresara, pero el problema hoy es que México entero es una herida.”

El pintor vivió algunos años en Europa, su regreso al país, en 1997, coincidió con la matanza de Acteal, Chiapas: Fue a partir de ese suceso que hice mi primer cuadro sobre la violencia en México. Me decían que estaba loco, que esas cosas no pasaban aquí, me pedían que pintara algo más. Pero no dejé el tema de lado.

Guerrero y Lucio Cabañas

Gustavo Monroy comenta que ha sido difícil encontrar espacios en México para exponer ese trabajo, en contraste con la manera en que lo hace en el extranjero, debido a que es muy solicitado en Estados Unidos y Europa.

“Paradójicamente, la etapa más difícil para difundir mi obra en mi país es ésta. Es una contradicción, pero debemos reconocer que durante los dos sexenios panistas sí hubo una apertura y la libertad de expresión que no existía antes de Vicente Fox. Expuse en el Museo de Arte Moderno, en el Festival Internacional Cervantino, en universidades.

Ahora hemos vuelto a la censura, a la represión, a la persecución; hay mucha investigación de las autoridades sobre la sociedad civil, están fichando personas. Es decir, volvemos a la vieja escuela priísta, lo vemos en Puebla, donde la modalidad para reprimir es acusar de robo de celulares, con ese pretexto te sacan de tu casa y vas a la cárcel, como lo ocurrido hace unos días en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En cuanto a los acontecimientos en Guerrero, el pintor considera que se ve con claridad el fantasma de Lucio Cabañas, el líder guerrillero asesinado en 1974, fue una herida que jamás cerró, porque nunca llegó la justicia. Por eso el país entero es una cicatriz que sangra, se nos olvidó suturarla. ¿Cómo sanarla? Haciendo justicia. En eso reflexiono y pinto sin esperar nada, para hacer de cada cuadro un testigo de lo que ocurre.

Entre la obra reciente de Gustavo Monroy hay varios cuadros que hacen referencia a Ayotzinapa y a las fosas clandestinas descubiertas cerca de Iguala.

No se trata, añade, de estar inventando, pues en la historia del arte se ve el trabajo de muchos creadores que plasmaron la guerra y sus horrores, como los expresionistas alemanes, o Goya, o Delacroix o el mismo Picasso, “testigos de su tiempo, a alguno de los cuales les tocó vivir en carne propia periodos violentos. Lo que hicieron fue dejar constancia de ello.

Ahora, no pienso si voy a vender o no, o a exponer, o si una institución oficial me va a dar cabida. Atestiguo mi tiempo, mi momento, porque es muy doloroso vivir en una época así y no puedo voltear para otro lado. Es una cuestión elemental.

No obstante, el artista deplora que en estos días hay una suerte de regla no escrita que impide exponer este tipo de expresiones plásticas. Tenía planeado presentar una muestra individual en un museo de la ciudad de México y de un momento a otro los directivos la cancelaron.

“Los funcionarios tienen un miedo impresionante. No sé si llamarlo cobardía, simplemente es que no quieren perder su puesto, ellos obedecen a alguien que está más arriba y la instrucción es no mandar un mensaje al extranjero de lo que pasa aquí, pero tampoco aquí hay dónde exponerlo, entonces se cierran puertas.

“¿Cómo vivir eso como artista si los museos son ahora usados para fiestas privadas? (como documentó La Jornada, 14/11/14). No sabemos lo que verdaderamente está pasando dentro de esos espacios. Vivir esa situación es muy desalentador, porque lo que deseamos los pintores es sentir que las instituciones nos respaldan, respetan y atienden, es su obligación. Pero vivimos una degradación institucional y política, porque jamás los partidos políticos han estado tan degradados como ahora”, puntualiza.

La sociedad civil tiene la fuerza

Aunque el ejercicio de pintar se hace en solitario, el maestro Monroy señala que “ese archipiélago de vanidades que representa el gremio artístico por primera vez está diciendo ‘formemos un continente, unámonos para hacer algo’. No obstante, son procesos largos y no se sabe qué tanto se pueda lograr a corto plazo, porque también está el Estado que se encarga de dispersar, de infiltrar, de perseguir.

“Hay que dejar a un lado a los políticos, ellos no atienden el clamor social, no buscan justicia, no sufren tu sufrimiento, no les interesa. Si entendemos eso claramente vamos a darnos cuenta de que tenemos poder como sociedad civil, sea un gremio de artistas o no.

“Las voces de artistas que se alcen serán bienvenidas, pero es la sociedad civil la que tiene la fuerza que no poseen 10 pintores juntos. Es muy fuerte lo que diré: los políticos en México funcionan como un cártelmás. Me duele mucho, porque la política debería ser algo más elevado en lo social, humano e histórico”, concluye el pintor.