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VF Agencia Literaria, una aventura esencial para autores mexicanos

Vanessa Fuentes y Verónica Flores, quienes sueñan con que sus representados sean los más leídos. Foto: Guillermo Sologuren

Por Ericka Montaño Garfias

La figura del agente literario es conocida en Estados Unidos, Europa y algunos países latinoamericanos, baste recordar a la mítica Carmen Balcells, fallecida el año pasado; pero en México los autores que cuentan con este tipo de representantes lo hacen mediante agentes extranjeros, de ahí la necesidad de crear en el país un puente entre escritor y editor, en el que el beneficiado sea el lector. Así nace VF Agencia Literaria, la única funcionando en el país.

Ha habido otros intentos de establecer aquí una agencia literaria, pero no con las características que nosotras trabajamos, señala Verónica Flores, directora y fundadora de la agencia que lleva su nombre y en la que comparte labor y lecturas con Vanessa Fuentes, ambas con una carrera dentro de la industria editorial: Verónica como directora de Tusquets-México durante 16 años y Vanessa como responsable de prensa y comunicación de la misma editorial por más de una década y ahora socia y agente literaria.

A menos de un año de su creación, la agencia cuenta ya con una cartera de 50 autores entre historiadores, narradores y periodistas, y en distintos géneros, tanto de ficción y no ficción, y de literatura juvenil y para adultos. Entre sus autores se encuentran Élmer Mendoza, Antonio Malpica, Alberto Chimal, Ana Clavel, Cecilia Eudave, Beatriz Rivas, Verónica Murguía y Alejandro Páez Varela. La apuesta no sólo es trabajar con escritores mexicanos, sino también extranjeros.

El establecimiento de esta agencia, creada en abril del año pasado, era una aventura necesaria para los autores mexicanos. Ellos así lo han tomado y muchas veces nos preguntan por qué a nadie se le había ocurrido. Claro, no es fácil, pero en estos meses hemos logrado tener 50 autores en catálogo, expresa Verónica, y agrega: “En México la figura del agente es conocida como una especie de eco; hay muchos autores del país que tienen agentes españoles, estadunidenses o argentinos, pero no mexicano, porque no había.

Lo más valioso de una agencia es montarla en el país donde el autor tiene su mercado. Eso haremos nosotras: tratar de allegarnos a los autores que más nos gustan a nivel personal, pero que también son rentables. Los autores son nuestros clientes y nosotros tenemos que responderles de acuerdo con ello.

Sí existía una necesidad de agentes literarios nacionales, señala Vanessa. “Parecería que no, pero sí estaban ávidos, quizá por malas experiencias con otros agentes o malos contratos. Con nosotras no tienen que esperar siete horas –que es la diferencia horaria con Europa, si es que tienen representante allá– para hablar con su agente. Ellos mismos nos recomiendan a otros escritores, porque aquí tienen el acompañamiento en todo el proceso”.

El reto como agentes, plantea Verónica, “es posicionar y crear autores marca como, en su día hicimos como editoras. Un autor marca significa que sea referente literario, que esté en boca de todos y en manos de los lectores. Lo más difícil es introducir a alguien en este mercado, en este lado lúdico que es la literatura. Descubrirlo, darle esa oportunidad. Queremos ser muy fieles a que no damos gato por liebre; a un lector podrá no gustarle lo que está leyendo, pero estará de acuerdo en que es un libro muy bien escrito. Eso es lo que nos distingue respecto de otras agencias.

Como agentes nos convertimos en el puente que va del lado creativo hasta el lector, y en el momento en que llegue a manos de un editor seremos su mejor aliado, porque hay poquísimas agencias que te entregan un texto editado de manos de un profesional, con años de experiencia.

Los libros que llevan a las negociaciones con las editoriales están prácticamente listos para su publicación, ya fueron leídos, revisados, comentados y trabajados con los autores, ya se hicieron las correcciones necesarias y no sólo por una de ellas, sino por las dos, ya que ambas leen un manuscrito al mismo tiempo. El promedio es de cuatro manuscritos por semana.

Sobre estigmas

Los editores con quienes se busca el contrato obviamente leen lo que les proponemos; podrán hacer alguna corrección, pero difícilmente dirán que al autor le faltó trabajar alguna parte. No seremos una piedra en el zapato, hay una especie de estigma de que el agente es incómodo, porque suele sobrevender o malvender a un autor. Queremos dar la medida justa a cada libro, a cada autor, puntualiza Verónica, lo cual significa también encontrar la mejor editorial para publicar su historia y llevar los derechos de publicación no sólo a escala nacional, sino internacional.

“Los editores están muy acostumbrados a trabajar con agentes, sobre todo con todos los extranjeros, y con los autores mexicanos están acostumbrados a trabajar con sus agentes de España o Argentina, pero no a sentarse a la mesa a negociar a un autor con uno mexicano, pero se irán acostumbrando, a la par de que los autores se sienten más seguros.

El gran sueño que tenemos es lograr que nuestros autores sean los que más lectores tengan. Cualquiera sueña con tener un premio Nobel en su agencia, como ocurrió con Carmen Balcells, y que tengan el máximo prestigio y reconocimiento internacional.

Vanessa Fuentes y Verónica Flores, quienes sueñan con que sus representados sean los más leídos. Foto: Guillermo Sologuren

Vanessa Fuentes y Verónica Flores, quienes sueñan con que sus representados sean los más leídos. Foto: Guillermo Sologuren