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Vicente Rojo juega con el tiempo en ‘Abecedario’

‘Abecedario’ es un proyecto que Vicente Rojo comenzó hace años en ese recinto de Polanco, con la muestra ‘Escrituras’, y a partir de allí evolucionó. Las escrituras pasaron a los alfabetos, explica el artista en su estudio de Cuernavaca. Foto Víctor Camacho

Merry MacMasters, enviada

Cuernavaca, Mor. Al artista Vicente Rojo (Barcelona, 1932) le daría mucho gusto que los niños se acercaran a su inventado y falso abecedario, porque son cuadros que a pesar de mi larga edad, también están hechos por un niño.

En ellos, explica en entrevista con La Jornada, hay cierta inocencia; entonces ojalá un niño pudiera darse cuenta, detalla el pintor, escultor y grabador con motivo de Abecedario, exposición de un centenar de obras que este sábado abrirá en la Galería López Quiroga.

Abecedario es un proyecto que empezó precisamente hace varios años en ese recinto de Polanco con la muestra Escrituras. A partir de allí evolucionó. Las escrituras pasaron a los alfabetos y ahora a los abecedarios, afirma Rojo en su estudio de Cuernavaca.

Aunque hay cuatro o cinco cuadros anteriores a la magna exhibición montada en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (Muac), todos los demás son posteriores: Para mí ha sido una manera de poder defenderme de unos tiempos que han sido difíciles.

Cuando empezó a crear sus abecedarios falsos, don Vicente se hizo la ilusión de que dentro de 200 o 300 años alguien tratara de descifrarlos; claro, no lo veremos.

La idea de que alguien de repente pensara que siglos atrás manejara un alfabeto así es simplemente una broma de Rojo, porque aquél es legible sólo visualmente en la medida que una persona se acerca y tiene la curiosidad de ver qué hay allí. Si sus cuadros son falsos en cuanto a la lectura, espera que sean muy reales en relación con la pintura.

Trabajar muchas cosas

Recorrer la más reciente exposición de Vicente Rojo es adentrarse en su dinámica de trabajo porque pintura, escultura, grabado y publicaciones que la articulan constituyen proyectos que trabaja de forma simultánea. Mi sistema de proceder consiste en trabajar muchas cosas al mismo tiempo. Más que repartir, se trata de aprovechar el tiempo y saber qué puede hacerse en determinado momento.

Por ejemplo, Vicente Rojo pinta 12, 15 o 20 cuadros al mismo tiempo. Empiezo a apartar algunos que creo están terminados, o, al hacer el tercero, por decirlo así, me doy cuenta de que no lo estaban y tengo que volver a ellos. Es estar dando vuelta todo el tiempo al conjunto de pintura. Este sistema es el que me crea los problemas para poder regresar a un cuadro que teóricamente ya estaba acabado. Es un juego perfecto, el ideal para hacer mi trabajo.

El material empleado parte del mismo sistema de trabajo: un pegamento, polvo de mármol, y a veces arena o aserrín, que le resulta muy cómodo. El pegamento lo puedo usar muy denso o muy líquido, además lo puedo mezclar con los colores acrílicos. Respecto del colorido de los tiempos recientes, acota que hay cuadros bastante sombríos y grises, aunque también de más pequeño formato un colorido mucho más libre”.

En la planta baja de la galería se exhiben los cuadros, el libro Leer y escribir, que comprende 20 grabados de Rojo –impresos en el taller de Lorena Zozoya– y textos de Alberto Ruy Sánchez, cuyas pruebas de autor se exhiben, 12 esculturas también de sus letras, mientras en la planta alta se muestra lo que tiene que ver con la literatura y lo hecho para ilustrar libros. Por ejemplo, las imágenes que hizo pero nunca exhibió del libro Leer y escribir, de Bárbara Jacobs. También se muestra el gran Autorretrato, de 1.40 por 1.40, que hizo para el libro Apología de las cosas, pero que no había exhibido.

Autorretrato se hizo para acompañar Apología de las cosas,tercer libro de la serie Las apologías, que Rojo hizo con Arnoldo Krauss –el más reciente, Apología del polvo, será presentado el lunes 27 en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara–. También se montará una muestra de su polvo de estrellas. Como se trataba de las cosas, el artista decidió recurrir a sus propias cosas. Es decir, las cosas que he guardado siempre, que soy incapaz de tirar. Los pinceles y lápices viejos, los tubos de colores usados, los meto en una bolsa. Entonces, pensé que esos elementos po-drían constituir mi autorretrato. Que sería una manera de mostrarme junto con lo que he trabajado toda la vida.

Sin representación física

En Autorretrato hay de todo: pinceles, reglas, lápices, plumas, escuadras, una pizarra, juguetes, compases, incluso, algunas fotografías. Lo único ausente es la figura de Rojo: No es un autorretrato físico. Sólo aparezco por medio de las cosas con las que he trabajado, que he tenido en las manos, que me han ayudado a pintar o hacer grabado. No hay ninguna representación física, por fortuna.

En realidad, Rojo no tiene gusto por los autorretratos: “Una vez hice uno un poco divertido, se llamaba Autorretrato doble, antes y después, y no sé donde esté. Era una broma. También tengo un autorretrato muy anterior a los años 60 del siglo pasado, a partir de una fotografía que me tomaron”.

–Dicen que los artistas suelen pintarse a sí mismos.

–No es mi caso, hice bromas y porque no tengo capacidad para hacerme uno.

Rojo igualmente creó 12 pequeños autorretratos en la medida que le quedaba material.

(La Galería López Quiroga se ubica en Aristóteles 169, colonia Polanco.)