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Campeonato 12 del América

America

Oribe Peralta anotó el tercer tanto ayer en el estadio Azteca. En la imagen, remata con la cabeza entre dos marcadores. Foto Víctor Camacho

Marlene Santos Alejo

Contra todo y contra todos, Antonio Turco Mohamed alzó la copa para regalarse un adiós con gloria tras vencer 3-0 a Tigres, y de paso dar una bofetada con guante blanco a su directiva, pues gracias a su excelente torneo dejó ubicado al América como el equipo más ganador de toda la historia del balompié mexicano, tras conquistar su duodécimo trofeo.

Lo mejor de Tigres de nuevo fue su afición. El equipo norteño se descompuso de forma grotesca. Llegó con ventaja de un gol, pero sucumbió 3-0, para un global de 3-1 favorable a las Águilas.

Los tantos, todos dedicados a Mohamed, fueron marcados al minuto 35 por Michael Arroyo, al 60 por Pablo Aguilar y al 77 por Oribe Peralta.

Tras el pitazo final Mohamed se dejó abrazar por sus jugadores; incapaz de controlar el llanto agachó la cabeza, pero pronto se rehizo, y cuando se encontró con los directivos –con Ricardo Peláez primero, esos que en plena liguilla contrataron a su suplente, Gustavo Matosas–, el Turco no eludió el abrazo y las felicitaciones.

En la tribuna el grito era uno solo: “Oe, oe, oeee, oee, Turco, Turco…” Mohamed, celular en mano, grababa todo.

Al minuto 35, cuando el tedio descomponía algunos rostros al contemplar una lucha sorda en el medio campo, sin desenlace y con pocas emociones sobre las porterías, Arroyo aprovechó un error defensivo, explotó por el carril izquierdo, avanzó hasta casi perder el ángulo de tiro y entonces soltó un efectivo riflazo de zurda.

Nahuel Guzmán, portero de Tigres, no supo ni por dónde entró la ráfaga mortal, que puso el 1-0 y en un parpadeo aniquiló la ventaja que los felinos traían del Volcán.

Arroyo apenas celebró con quien se cruzó en su camino, pues su ruta era directa hacia Mohamed. El estratega, virtualmente desempleado, vivía sus últimos minutos en el timón azulcrema y quizá por eso realizó un festejo desmesurado. Se abrazaron sin hacer caso de un estadio enloquecido.

El 70 por ciento del graderío era un manicomio. Voló cerveza, los brazos estaban empuñados en forma retadora, las miradas triunfales se dirigían hacia la cabecera sur, donde yacían pasmados los fanáticos del equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

Miguel Layún (19) y otros jugadores intentan calmar a Damián Álvarez, quien recibió la tarjeta roja. Foto Víctor Camacho

Todo comenzó un par de horas antes con la invasión felina en pleno. Los cerca de 30 mil aficionados regiomontanos colmaron la cabecera sur y varias veces forzaron a que la barrera de granaderos que los resguardaba se moviera para expandir su masa vibrante, gritona y jubilosa, que al pasarse lista con la mirada, satisfecha y orgullosa entonó: ¡Y ya lo ven, y ya lo ven, somos locales otra vez!

Ayer no hubo artilugio ni maniobra que les impidiera arribar al estadio Azteca para apoyar a su equipo con su avalancha de cánticos y rugir al unísono, con el ya clásico estallido de ¡Ti-gres, Ti-gres!, que se oponía al de ¡Á-gui-las, Á-gui-las!

La pausa a la rivalidad la puso Ricardo Tuca Ferretti, quien jamás ha sido echado por ningún club y lleva 23 años dirigiendo sin parar. Esperó la aproximación de Mohamed a su banca y le dio un abrazo solidario y fraternal.

Cada vez que los de casa entonaban el alentador vaaaamos, vamos Améeeerica, que esta noche, tenemos que ganar, los visitantes replicaban con un burlón: Otra, otra, otra.

Pero tras el gol del empate global, nada pudo acallar el grito de los aficionados locales en todo el estadio. En tanto, Ferretti se ancló al borde del área técnica, con las manos en los bolsillos.

Al minuto 7 Arroyo ya había dado muestras de su peligrosidad con un tiro cruzado que pasó cerca de la meta. Sin embargo, desde el minuto 15 el cancerbero visitante empezó a ser molestado con un rayo láser. Al 18 de acción el silbante Paul Delgadillo recogió el balón mientras el sonido local pedía no agredir a los jugadores con esa luz.

Al final de la primera mitad, Guzmán corrió hasta el árbitro para reclamar airadamente por esa situación, hasta que sus compañeros lo jalaron.

Tigres hizo su primer relevo al inicio del complemento: Gerardo Lugo dejó su sitio a Emanuel Tito Villa, pero el América estuvo cerca del segundo tanto al minuto 55, cuando Oribe Peralta remató a bocajarro con gran reacción de Guzmán, quien echó el balón para arriba.

Sin embargo, cinco minutos después Rubens Sambueza puso un soberbio centro hacia el defensa Pablo Aguilar, quien desde la derecha cabeceó bombeado y la pelota techó al portero Guzmán, para el 2-0 (2-1 global).

Ferretti movió de nuevo piezas, sacó a José Torres y metió a un nervioso Hernán Burbano, quien en su primera intervención jaló a Miguel Layún cuando éste escapaba rumbo a la portería. El silbante Delgadillo no titubeó y lo expulsó.

La debacle felina se hizo estrepitosa al minuto 66, cuando su capitán, Damián Álvarez, quiso agredir de un puñetazo a Ventura Alvarado; el árbitro no perdió detalle y lo mandó a las regaderas al mostrarle la roja directa.

La UANL tenía nueve hombres y el colmo fue cuando perdió a su portero. Nahuel ya estaba amonestado y tiró una patada a Michael Arroyo tras un mano a mano dentro del área, en el que ya había sido marcado fuera de lugar. Delgadillo le mostró el segundo cartón amarillo. Tuca se fue a hundir en su banca. El sacrificado fue Joffre Guerrón para la entrada del cancerbero suplente Enrique Palos.

Los felinos, desmadejados, desconcentrados, cedieron otro tanto. Peralta recibió el balón, afinó la puntería y clavó el tercer gol con disparo pegado al poste derecho al minuto 77. Quick Mendoza, quien había entrado al 71 en lugar de Sambueza, fue expulsado (78) tras burlarse de sus adversarios y recibir un golpe en el rostro.

Fue la fiesta de Mohamed, quien se robó la noche al convertirse en el personaje más aclamado de esta conquista y radiante escuchó el oeee, oe, oe, campeón, campeón y las notas de We are the champions.

El técnico dio el título 12 al América, que deja al Guadalajara con 11.