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Sucesos violentos echan por tierra versión oficial

violento

Operativo de seguridad en la carretra 57. Foto: César Rivera

Desde balaceras en plena calle, hasta asesinatos contra políticos y activistas

Ricarlos I

El hecho violento en la madrugada del pasado domingo, ocurrido en la carretera 57, y que dejó como saldo un muerto tras la intervención de una nutrida fuerza policiaca, dista mucho de ser un hecho aislado. En todo el estado desde hace meses han estado ocurriendo incidentes que echan por tierra el clima de seguridad y paz que los gobiernos estatal y federal presumen, y han ido desde balaceras en plena calle hasta asesinatos contra políticos y activistas.

Solamente en 2015, ha habido una serie de hechos violentos, balaceras y llamativos operativos que han roto la tranquilidad de la capital. A principios de enero, 20 días después de haber sido detenido Ricardo Gallardo Cardona, el ex alcalde soledense, la zona de la Central de Abastos, la avenida B. Anaya y la carretera a Rioverde, se vio alterada en su quehacer cotidiano cuando decenas de patrullas y camionetas, tanto de las policías estatal y federal como del Ejército, se mantuvieron desde las cinco de la tarde haciendo revisiones y vistosas rondas a alta velocidad. Los rumores hablaron de detenciones, pero ni en boletines o registros hemerográficos se dio cuenta del hecho.

Luego, el 18 de enero, en el fraccionamiento San Miguel, en la Zona Industrial, dos supuestos grupos delictivos se encontraron en la calle Don Marcelo, desatando una balacera. Al acudir las corporaciones policiacas varios minutos después, sólo encontraron un tractocamión con balas de calibre grueso y manchas de sangre, sin rastro del conductor.

Apenas unos días después, el 26, otro tiroteo ocurrió en Milpillas, donde se encontraba un palenque clandestino y el resultado de una pelea de gallos causó que los presentes se dispararan, con saldo de un muerto, sin que se pudiera detener al responsable.

Una semana después, el 4 de febrero, un hombre, padre de uno de los custodios del reclusorio de La Pila, fue “ejecutado” a plena luz del día luego de haber ido a dejar a su hijo al Ceprereso. No hubo pistas ni detenciones sobre el caso. Dicho asesinato ocurrió en el momento exacto en que el titular de la Policía Estatal, José Luis Urban Ocampo, era galardonado por el Congreso del Estado.

Más tarde, nuevamente en el oriente de la ciudad, se registró una nueva balacera entre policías y civiles armados, terminando en la detención de cinco supuestos delincuentes, en un hotel de la carretera a Rioverde. La policía no aclaró si dicho enfrentamiento estuvo relacionado con la “ejecución” de la mañana.

Luego, el 20 de ese mismo mes, y a tan solo unos días de haber participado en la convención de delegados del PRI de la que salieron los candidatos tricolores a varios puestos de elección popular, Cecilia Izaguirre Camargo fue emboscada y asesinada en Río de Pinihuán, Lagunillas, en un caso cuya resolución ha quedado pendiente y no libre de sospechas, toda vez que al principio se dijo que se trató de cuatreros, aunque luego salieron a relucir fricciones al interior del PRI que habrían sido causa de su homicidio.

Hasta hora, varios políticos han quedado bajo sospecha, pero ninguno consignado, algunos de ellos cercanos al grupo del gobernador Fernando Toranzo.

Si bien en marzo no hubo hechos tan notorios, ocurrieron incidentes que pusieron de manifiesto la falta de coordinación de las policías estatal y federal: en una ocasión, el día 14, se registró una fuerte movilización en el poniente de la capital, alarmando a muchos ciudadanos en las redes sociales y los canales temporales de WhatsApp, pues al parecer se trataba de la persecución y arresto de algún líder criminal. Al final resultó que fue un choque verbal entre agentes del orden y guardaespaldas de un alto funcionario, lo que causó que se vieran por varias zonas de la ciudad convoyes de patrullas circulando a alta velocidad para llegar al lugar, pues no sabían de qué se trataba la emergencia. Todo ello, acompañado de la histeria colectiva.

También en marzo ocurrieron otros temas que hicieron a la ciudadanía desconfiar de la palabra de las autoridades, pues rumores sobre robo de infantes en varias zonas de la capital y el estado, comúnmente frustrados por las posibles víctimas, hicieron que luego oficialmente se admitiera la situación, aunque tampoco los oficiales del gobierno señalaron casos concretos, números ni nada.

Luego, el 9 de abril, una balacera en un table dance, el Men’s Club, ocurrida durante la madrugada, fue seguida de la colocación de narcomantas en varios puentes peatonales de la avenida Salvador Nava, y poco después la PGJE informó que habían conseguido la detención de varios integrantes del cártel de Jalisco-Nueva Generación, a raíz de la balacera de la madrugada de ese mismo día.

Igualmente en abril, el 20, un tiroteo se suscitó en una fonda en Soledad de Graciano Sánchez, y el día 25, una persecución en la Huasteca, tras un asalto en Tancanhuitz, dejó ocho heridos de gravedad.

A todo esto se unen los reportes prácticamente diarios de narcomenudistas detenidos, peleas pandilleriles con armas de fuego, asaltos a ciudadanos a plena luz del día no sólo en zonas consideradas conflictivas por su extracto socioeconómico, sino también en áreas de alto perfil; incluso la Policía Federal ha reportado hallazgos fortuitos de sus agentes en el aeropuerto Ponciano Arriaga, descubriendo, más por instinto que por procedimiento, decenas de kilogramos de droga, armas largas y lanzagranadas para fusil de asalto, con sus respectivas municiones.

JSL
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