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TTP y ETN atrancan sus puertas grises

Jaime Nava

Conocer los posicionamientos, estadísticas, información sobre seguridad en carreteras o acerca de casos similares al de la agresión física y sexual de la cual fue víctima Rosa Margarita Ortiz, que hubiesen sido registrados en los últimos meses tanto por la gerencia de la Terminal Terrestre Potosina como su parte homóloga de la línea Enlaces Terrestres Nacionales (ETN) es imposible en el estado.

Al medio de ayer La Jornada San Luis acudió a las instalaciones de la central camionera para realizar entrevistas que permitieran conocer el nivel de seguridad que actualmente existe para los pasajeros, desde los mecanismos de prevención con los que debería contar la propia terminal como los que existen en los autobuses y las carreteras del país; sin embargo, no fue posible obtener declaraciones de quienes están al frente de las actividades de la central como de las líneas de autobuses, concretamente, de ETN.

El sistema automático de acceso al estacionamiento de la central me recibió con la advertencia por escrito de que el costo por hora o fracción sería de 15 pesos. Después de deambular por los pasillos tratando de encontrar algún señalamiento que indicara la ruta hacia las oficinas de la gerencia, el poco éxito forzó a este reportero a preguntarle a una vendedora de revistas y periódicos si conocía su ubicación.

“Tiene que hablar con el guardia que está a la vuelta y él le dice”, me indicó, y así lo hice. Recorrí la sala de espera ubicada del lado izquierdo de la terminal y le pregunté a la persona del equipo de seguridad referida dónde podía encontrar al gerente del lugar. Después de responderle quién era, de dónde venía y cuáles eran mis intenciones, me señaló una puerta metálica de color gris.

Detrás de la puerta me encontré un pasillo largo y ancho en cuyo fondo existe un altar con una virgen iluminado por una serie de luces, una escalera con una reja que impide el acceso, una joven recepcionista y por lo menos dos puertas de madera. Me presenté con la persona detrás del escritorio y solicité hablar con la gerente. “No se encuentra y la sub está en junta”, dijo, y le hice saber que la esperaría. “Se va a tardar mucho”, replicó.

Para no desperdiciar el tiempo de espera salí hacia los andenes con la intención de entrevistar a los elementos de seguridad acerca del trabajo que desempeñan y el estado del equipo de prevención que se encuentra instalado en la terminal, como son los detectores de metales. “No puedo, estoy trabajando. Mejor entrevista al que está allá, él nunca hace nada”, me respondió el primer guardia al tiempo que señaló a uno de sus compañeros. Enseguida me dirigí con el elemento indicado y le solicité una entrevista. “No se puede. No podemos hablar mucho tiempo con la gente”, fue la justificación que me dio y me envió con el “jefe”.

El “jefe” era una persona visiblemente más joven, nuevamente me presenté y le pedí que me respondiera unas preguntas, solicitud que una vez más fue evadida por la simple razón de que “no se puede”. ¿Los detectores de metales funcionan?, pregunté y guardó silencio momentáneamente, antes de que me respondiera le dije: Si yo traigo un cuchillo en la mochila debería haber sonado ahorita que crucé la puerta ¿no?, volvió a permanecer en silencio y para su tranquilidad le revelé que mi mochila no guardaba ningún cuchillo. Reímos. “Hasta por el cinturón suena”, me aseguró.

Continué mi camino por el andén hacia donde se encontraban autobuses de la línea ETN. La joven que recibe los boletos, reparte los refrigerios e indica los asientos que ocuparán los pasajeros me detuvo: “El autobús ya se va”, dijo en el momento preciso en el que otro camión de la misma empresa hacía su aparición para estacionarse. Le di las gracias y le dije que entrevistaría al chofer que venía llegando. Poco pude hacer para interrogar al conductor ya que, otra vez, el “jefe” de seguridad me advirtió que estaba en una “zona federal” y que no podía hablar con los choferes sin previa autorización.

A pesar de que inicialmente aseguró desconocer dónde se ubicaba la oficina de la gerencia de ETN finalmente me explicó que esta se encontraba detrás de una puerta metálica y gris, paralela a la puerta de iguales características visitada minutos antes; pero me negó el acceso bajo el argumento de estar en “zona restringida” y me envió al área de venta de boletos de ETN. “Imagino que es por lo ocurrido, ¿verdad?, me dijo el “encargado de turno” de ETN y me informó que la gerente no se encontraba y no sabía si regresaría; no obstante me entregó un papel con un 01 800 de atención a clientes.

Regresé al lugar donde se encuentran las oficinas administrativas de la central para conocer si la junta ya había concluido y alguien podría atenderme. A través del teléfono alguien le preguntó a la joven quién era y de dónde venía. “De La Jornada”, expuso a la persona del otro lado de la línea. “No hay entrevistas con ningún medio”, dijo al terminar la breve llamada y me pidió que dejara mis datos y/o apuntara un teléfono donde posiblemente me darían cita. Hice ambas cosas y, posteriormente, acepté la invitación de tres elementos de seguridad que insistían en que este reportero no podía ni debía estar en ese lugar. ¿Y las fotos? Prohibidas también: “Si te vemos tomar una foto se te pediría tu celular para borrarlas”, me avisaron.

JSL
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