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Víctimas exigen ser escuchadas en la cumbre contra la pederastia

El sacerdote italiano Federico Lombardi, ex vocero de Benedicto XVI, y el papa Francisco durante las discusiones del minisínodo en el Vaticano. Foto: Ap

Bernardo Barranco 

Sábado 23 de febrero de 2019.  Aparentemente, la segunda jornada de la cumbre antipederastia convocada por el papa Francisco ha transcurrido sin sobresaltos; sin embargo, se mueven posturas enfrentadas tanto al interior del encuentro como al exterior. En el Vaticano, pese al frío, el clima eclesial es incandescente. En la cumbre hay fuerzas que empujan la confluencia en direcciones opuestas. Los altos monseñores, con tecnicismos canónicos, creen sortear el temporal mientras las víctimas piden ser escuchadas, demandan medidas contundentes y muestran impaciencia. Los medios de comunicación, especialmente norteamericanos, han preferido visibilizar la causa de las organizaciones civiles de víctimas. Han seguido sus testimonios, sus actos y, sobre todo, sus críticas.

El segundo día de esta reunión planetaria de los obispos se dio bajo la sospecha de la regresión. Las víctimas y sobrevivientes cuestionaron airadamente que en los discursos y deliberaciones de los obispos haya desaparecido el concepto detolerancia cero; en la rueda de prensa, Federico Lombardi, ex vocero del papa Benedicto XVI, se desmarcó. Dijo que es un término muy norteamericano que lleva a la frontalidad y que en cambio prefiere enfrentar la pederastia clerical como un fenómeno más complejo que requiere de aristas muy distintas en términos de formación, cultura interna y sutileza canónica. Ya imaginará el lector la reacción de los diversos grupos de la sociedad civil excluidos del encuentro.

Muchos han juzgado que el planteamiento de los obispos tiende a calmar las aguas tomando el tiempo como su mejor aliado. Resolver un problema de tal magnitud tomará tiempo y por tanto habría que bajar las expectativas. El problema, repetido constantemente por el Papa, es el clericalismo, el abuso de poder, concebir a la Iglesia como el centro civilizatorio, sujeto –por tanto– de privilegios. Si la Iglesia posee el espíritu de las personas, se domina su conciencia y, en consecuencia, su cuerpo. Romper esta inercia requiere un cambio de mentalidad y de actitudes. Es decir, llevará tiempo.

Mientras, las víctimas demandan abrir archivos, castigos ejemplares a curas abusadores, revisar expedientes y castigar a aquellos encubridores del pasado, así como modificar el código canónico, entre muchas otras medidas. El principal problema de las agresiones a menores en la Iglesia, dicen, no son sólo los abusos, sino la impunidad. Han querido imponer al clero por encima de la sociedad y de la ley. Si una persona civil comete un delito, va a prisión; si un sacerdote abusa de un menor, los problemas se solucionan con oraciones. Los abusos a menores son delito y deben ser juzgados por los jueces, no por los obispos.

Rendición de cuentas en la Iglesia

En la segunda jornada se habló al interior del minisínodo sobre la obligación de rendir cuentas en una Iglesia colegial. En el Nuevo Salón del Sínodo, 190 delegados abrieron sus trabajos en nombre de la escucha y la conciencia. El cardenal Oswal Gracias, de Bombay, India, reivindicó la recepción religiosa del accountability o rendición de cuentas, en la que cada uno de los obispos es responsable de toda la Iglesia. Y el abuso sexual a menores tiene que ser afrontado por la institución de manera colegiada como una responsabilidad compartida.

Accountability, un concepto decisivo en el derecho corporativo, el pilar de cada cadena de mando digna de ese nombre. Hasta hoy, de hecho, desconocido en el mundo eclesiástico pero que ahora entra en presunción en la ley canónica: la responsabilidad de los obispos en casos de abuso sexual de menores en la Iglesia.

El Papa se asomó al trabajo reivindicando el esfuerzo de las mujeres en la búsqueda de encontrar soluciones a la grave crisis que enfrenta la Iglesia.

Las lágrimas de las víctimas

Los diarios italianos han exaltado el evento en sus primeras planas: La Repubblicacabeceó: “Iglesia y pedófilos: el dolor después de la hipocresía”. Destacando otra nota: “Las víctimas delante del Papa, esto es nuestro infierno”. Por su parte, Il Menssaggero dice en primera plana: “El Vaticano ante las lágrimas de los abusados. El puño del Papa pide medidas concretas”.

En una nota titulada “Vaticano, la sombra de Maciel en la cumbre antipedófila”, se menciona a Alberto Athié, ex sacerdote mexicano, que recuerda a los cientos de víctimas de Marcial Maciel, el pedófilo fundador de los Legionarios de Cristo, comparado por muchos con un verdadero demonio, y no los críticos de los que se queja el papa Francisco. ¿Cuántos casos como el de Maciel guardan los secretos de la Iglesia? ¿Cuántos nuevos escándalos depararán? Para hoy se ha anunciado una marcha de víctimas y la última jornada de trabajos de los obispos. En espera, el domingo, del pronunciamiento final del papa Francisco.

JSL
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