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Corrupción impide que trasnacionales dejen beneficios: especialistas

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Por Susana González G.

México, DF. La corrupción gubernamental y los propios intereses de las grandes trasnacionales de petróleo, gas, minería y electricidad impiden la transferencia de tecnología, el incremento del contenido nacional en los productos que generan y la creación de cadenas de proveedores nacionales en los países donde se instalan, pese a que son beneficios que se anuncian en la apertura de dichos sectores.

Así lo advirtieron especialistas de organismos internacionales al participar en la Conferencia Global sobre la conciliación entre comercio y el desarrollo de contenido nacional: las industrias extractivas para la diversificación de las economías locales, que organizaron el Banco Mundial (BM) y la Secretaría de Economía (SE).

Si bien coincidieron en que el sector energético puede propiciar el desarrollo y diversificación de otras industrias o sectores productivos en los países que cuentan con recursos petroleros, mineros o de gas para detonar el crecimiento económico, la creación de empleos y el bienestar en general para sus habitantes, objetaron que en la realidad se presentan muchos obstáculos al respecto.

“Desarrollar las capacidades productivas es clave para cada país. La receta ya se conoce, pero no se implementa y hay una razón. Es el acceso limitado a las élites políticas y económicas que crean limitaciones institucionales en cada país. Las compañías no ganan licitaciones por presentar las mejores ofertas, sino por favoritismo, eso está intrincado en muchísimas sociedades. Se tiene que jugar con esas reglas de acceso limitado. No es cuestión de individuos corruptos, sino de todo el sistema entero, construido en una lógica para cooptar grupos o élites. Entonces se gasta más en cooptar gente y lubricar las redes de clientelismo, no hay un interés crear una diversificación productiva”, expuso Tilman Altenburg, quien encabeza el departamento de desarrollo social y competitividad del Instituto Alemán de Desarrollo, considerado como uno de los diez centros europeos de investigación con más influencia en el mundo.

La industria extractiva, puntualizó, debe servir para utilizar bien los ingresos fiscales pero enfrenta problemas que no tiene que ver con la falta de soluciones técnicas o tecnológicas sino por cuestiones políticas.

Además, la inversión extranjera directa (IED) “no es garantía ni regla” de que sirva para incrementar el contenido local en los productos de las industrias extractivas. “La gran frustración es que rara vez las grandes compañías que trabajan bien replican sus modelos en otros países, su modelo de negocios no se los permite. Pocos de sus programas se replican”, indicó Michael Levett, principal asesor del Centro de Estudios Estratégicos del Centro para el Desarrollo Global, otra institución Think Tanks de gran influencia en el mundo, ubicada en Washington, y que produce y conduce estudios y análisis de seguridad, política y economía.

“Cuando una compañía tiene buena experiencia en un país, no necesariamente la va a trasladar a otro. Uno de los mensajes (que deja la ponencia de Michael Levett) es que hay que presionar a las compañías para que lleven sus prácticas óptimas a las naciones porque por sí solas no lo van a hacer”, destacó Alan Gelb, moderador en la mesa sobre el dilema entre las políticas productivas contra las economías abiertas y quien es representante del Centro para el Desarrollo Global, otra institución de investigación de Estados Unidos.

Isabel Ramdoo, del Centro Europeo para el Desarrollo, indicó que los gobiernos de los países que abren sus sectores energéticos tienen que ofrecer subsidios, apoyos financieros e incentivos fiscales a las grandes empresas del sector energético como “zanahoria” o “premios de recompensa” para que acepten cierto contenido nacional.

En cambio, Anita George, directora de la práctica global de energía del Banco Mundial, aseguró que entre 40 y 80 por ciento de las utilidades de las industrias energéticas se destinan a los ciudadanos de los países donde se instalan, excediento a veces sus propias regalías. Los enlaces productivos y el contenido nacional, dijo, no sólo es responsabilidad social de las empresas sino también un negocio.

A su vez, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo remarcó que en México se ha buscado un equilibrio entre la apertura con tratados comerciales y el contenido nacional. En el caso del sector energético presumió que aunque se llegó tarde a dicha apertura se establecieron las mejores prácticas mundiales y por mandato constitucional se fijó un 25 por ciento de contenido nacional de manera inicial en el sector energético, a incrementarse hasta 35 por ciento en 10 años.