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Efectos económicos palpables de sismos son limitados: Bancomer

BBVA Bancomer vislumbra un sesgo al alza en las previsiones de crecimiento para 2018 debido a la reconstrucción. Foto Cristina Rodríguez

Roberto González Amador

Ciudad de México. Los terremotos registrados en el país en septiembre provocaron pérdidas materiales por dos mil 500 millones de dólares, unos 45 mil millones de pesos, que equivalen a 0.3 por ciento del producto interno bruto (PIB). Los efectos en la producción sólo son palpables en regiones muy específicas. Por tanto, no generan un cambio importante en las tasas de crecimiento económico a nivel nacional, sostuvo este miércoles BBVA Bancomer, el mayor intermediario financiero del país.

El costo material de los terremotos del mes pasado es alrededor de una quinta parte, 21 por ciento, del causado por el terremoto del 19 de septiembre de 1985, que es calculado en 11 mil 500 millones de dólares, de acuerdo con el área de investigación económica de BBVA Bancomer.

“Nuestra evaluación general sugiere que, más allá de las pérdidas económicas causadas por el desastre natural, los efectos palpables son limitados y sólo relevantes para regiones muy específicas. A largo plazo es probable que observemos un incremento marginal en la actividad del sector de la construcción, así como en el gasto privado y público, que fomentaría un efecto positivo marginal en 2018”, estableció el grupo financiero.

Los desastres naturales suelen tener tres efectos distintos sobre la actividad económica. El primero es inmediato y comprende la destrucción del acervo de capital. El segundo es de corto plazo y abarca el impacto negativo sobre la actividad económica. El tercero es de mediano y largo plazo y consiste en un impulso debido a las labores de reconstrucción. El efecto global sobre el crecimiento del PIB puede ser de mayor o menor magnitud, dependiendo principalmente de la naturaleza de las pérdidas y de la duración del deterioro económico en las regiones afectadas, explicó.

En ese sentido, apuntó que los terremotos de septiembre en México no dañaron la capacidad productiva de la economía, ya que la infraestructura productiva resultó indemne en su mayor parte.

El principal efecto a este respecto comprende la pérdida de propiedad privada, esencialmente viviendas, no infraestructura pública o capacidad productiva privada, y está focalizada y sólo es relevante a nivel local, sostuvo.

En Ciudad de México se han visto afectadas alrededor de cuatro mil casas, de las cuales probablemente 30 por ciento presentan un severo deterioro estructural y, por lo tanto, quedaron inhabitables. Aunque considerable, este número representa sólo 0.2 por ciento del parque habitacional de la ciudad, mientras que la cifra para el estado de Morelos es de alrededor de un 2.1 por ciento y para Oaxaca y Chiapas de un 12.3 por ciento.

Estos últimos son dos de los estados con menor desarrollo económico a nivel nacional y representan 3.2 por ciento del PIB, y en ellos la mayor parte de la vivienda se autoconstruye. La Ciudad de México representa 16.8 por ciento del PIB.

El segundo efecto es de corto plazo y abarca la interrupción de la actividad en el sector servicios, lo que incluye turismo, comercio, escuelas, restaurantes, alojamiento, bienes inmuebles y servicios de alquiler en las zonas cero.

En conjunto, los cinco estados afectados (Ciudad de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas) representan 32 por ciento del PIB total del sector terciario, si bien Bancomer prevé un impacto de sólo una décima parte del valor actual de todos los servicios producidos en esas regiones.

Este efecto negativo se verá parcialmente compensado por el dinamismo temporal en el comercio al por menor debido a un aumento en el gasto privado para la asistencia por desastre a las víctimas del terremoto. Teniendo en cuenta que el plazo en el que se produjo el efecto es de sólo 12 de los 92 días del tercer trimestre, los especialistas prevén una reducción del crecimiento del PIB del tercer trimestre de entre una y dos décimas de punto porcentual.

A partir de la desaceleración ya prevista para el tercer trimestre, la economía podría registrar un crecimiento del PIB intertrimestral próximo a cero en ese periodo de julio a septiembre pasados, que difiere marginalmente del pronóstico previo a los terremotos que había hecho el propio grupo financiero, que era de una avance de 0.1 por ciento.

El tercer efecto asociado a los desastres naturales tiene un horizonte de mediano y largo plazo y está relacionado con la actividad de recuperación posterior.

La economía probablemente repunte en los próximos trimestres, debido a un impulso a la construcción conforme el capital perdido es remplazado de manera gradual. En México, el sector de la construcción representa 7 por ciento del PIB.

Así, la reconstrucción, unida a un mayor gasto público y privado en los meses siguientes debido a las donaciones, la reclamación de pérdidas aseguradas (alrededor de 9 por ciento de las viviendas dañadas) y el uso del fondo gubernamental de emergencia para desastres naturales (Fonden), introducen un sesgo al alza en las previsiones de crecimiento para 2018, estableció Bancomer.

Los especialistas del grupo financiero no anticipan una política fiscal más flexible, es decir, aumento del gasto, ni tampoco impacto alguno en las cuentas públicas por el esfuerzo de reconstrucción. Esto, según mencionaron, porque los recursos empleados sólo serán reasignados como ayuda para catástrofes.

En ese sentido -tal como lo dijo el viernes pasado la Secretaría de Hacienda- no prevén cambios en el objetivo de generar un superávit fiscal primario -antes del pago de intereses de la deuda-, como se ha comprometido el gobierno.

“Nuestra evaluación general sugiere que, más allá de las pérdidas económicas causadas por este desastre natural, los efectos palpables son limitados y sólo son relevantes para regiones muy específicas, por lo que no generan un cambio importante en las tasas de crecimiento económico a nivel nacional. A largo plazo es probable que observemos un incremento marginal en la actividad del sector de la construcción, así como en el gasto privado y público, que fomentaría un efecto positivo marginal en 2018”.