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Francisco el Hombre llevó ritmos del Amazonas a Guadalajara

Los músicos durante su presentación en el teatro Diana. Foto cortesía de Cultura UdeG

Natalia Luján

Si Guadalajara fuera mujer, sería una rockera enamorada. Siempre le ha de llorar a todos los festivales. En este caso le llueve o le llora al Fimpro, el Festival Internacional de Música Profesional.

El olor a tierra mojada cruza entrada, vestíbulo, pasillo y escaleras del teatro Diana. Sólo una puerta evita que llegue hasta las primeras filas de asientos, que están llenos de personas que cabecean y miran su celular; están haciendo de todo, menos ver a Anelis Assumpsçao.

Casi es un milagro que a nadie le diera un ataque cardiaco cuando el grupo de Francisco el Hombre empezó a tocar. Si Anelis había arrullado a todo el teatro con su voz, que competía de grave con la del bajo, ese grupo que parecía sacado del mismo Amazonas brasileño llegó para alborotar, invitar a bailar y en no pocos casos, para despabilar a los que se estaban quedando jetones.

Entraron felices. Energéticos. Más que grupo eran tribu que cantaba en portugués y español con el alma de los pueblos que viven en lo más profundo de la selva. Gritos coreados, armoniosos. Tambores poderosos. El público se vio envuelto en ese rito nocturno. Los artistas, de tanto saltar, por allá sacaron volando las ligas que les detenían el cabello.

Una pausa. El primer silencio. Los corazones exaltados seguían latiendo. La cantante primero dedicó una canción a todas las musicistas mujeres. Su voz llenó hasta el último rincón del Diana, donde los productores aburridos se vieron obligados a voltear.

Una vibración clara, fuerte y profunda que venía desde lo más profundo de la garganta de Juliana Strassacapa revibró en los oídos, en las paredes. Y de repente, el olor a lluvia ya no llegaba por las escaleras, el pasillo, el vestíbulo y se colaba por la puerta.

El olor a lluvia llegaba de enfrente, de lleno, desde el escenario. Francisco el Hombre había retado a nuestra rockera llorona enamorada a ver quién llovía más fuerte. Y por un instante mágico e interminable, le ganó.