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Cinco veces más cubanos llegan a la frontera sur

Cinco veces más cubanos llegan a la frontera sur

Una patrulla de la Policía Federal realiza tareas de vigilancia en el centro histórico de Mérida, Yucatán donde se reunirán los presidentes de Cuba, Raúl Castro y de México, Enrique Peña Nieto . Foto Reuters / Henry Romero

Por Reuters

México, D.F. El número de cubanos que ha viajado a México como puente para llegar a Estados Unidos casi se quintuplicó en el último año, ante el temor de que La Habana y Washington pongan fin a beneficios migratorios luego del restablecimiento de sus relaciones.

El comisionado del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas, dijo en una entrevista con Reuters que en los primeros 10 meses del año 9 mil 149 cubanos ingresaron por la frontera entre México y Guatemala frente a los mil 871 en todo 2014.

“El anuncio del inicio de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba ha motivado este movimiento extraordinario de nacionales cubanos tratando de llegar al continente y tratando de llegar al norte”, dijo Vargas el miércoles.

Y en una muestra del marcado incremento, refirió que sólo el 2 de noviembre ingresaron casi 300 cubanos a Chiapas, estado sureño fronterizo con Guatemala.

La entrada de cubanos a Estados Unidos se disparó en un 78 por ciento a poco más de 27 mil  personas entre octubre del 2014 y junio del 2015, respecto al mismo período previo, según cifras del PewResearch Center, citando datos de la Oficina de Aduanas y Protección fronteriza estadounidense.

La legislación de ese país establece que los ciudadanos de Cuba pueden quedarse en Estados Unidos si pisan su territorio, pero no si son detenidos en las costas, en una política conocida como “pies secos, pies mojados”.

La mayoría sale de manera regular de Cuba para luego iniciar una larga travesía en la cual viajan principalmente en avión a Ecuador y de allí pasan a Colombia y atraviesan Centroamérica para ingresar a México por Chiapas, dijo Vargas sobre los que están llegando a su país.

“Ya no es el desplazamiento histórico de balsas y de lanchas. Creo que ya es hasta romántico pensar en este tipo de salidas de la isla”, afirmó.

Al ingresar a México, la mayoría se presenta en las estaciones migratorias donde se les expide un oficio de salida de entre 20 a 30 días que les permite atravesar el extenso territorio mexicano para llegar a Estados Unidos.

Vargas dijo que hasta hace poco eran retornados entre el siete y el ocho por ciento de los cubanos que llegaba a México tras hacer chequeos con Cuba y a solicitud de La Habana. Agregó que en los últimos dos meses no ha habido retornos, aunque no ahondó en las razones.

El funcionario adelantó que un memorando migratorio firmado entre Cuba y México en el 2008 será revisado esta semana, cuando el mandatario cubano, Raúl Castro, haga su primera visita de Estado al país.

MÁS Y MÁS CENTROAMERICANOS

Por otra parte, Vargas dijo que también ha aumentado el ingreso de desesperados inmigrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala que quieren atravesar México huyendo de la violencia y la pobreza de sus naciones para llegar a Estados Unidos, muchas veces con sus hijos a cuestas.

Adicionalmente ha crecido el número de menores que llegan solos en un intento por reunirse con su familia, un fenómeno que el año pasado colapsó las estaciones migratorias estadounidenses y llevó al Gobierno de Barack Obama a prometer un plan de ayuda a los países centroamericanos y a presionar a México para que implementara medidas para contener el paso por su territorio.

Entre enero y octubre de este año llegaron a México 147 mil 308 personas procedentes de estos tres países, frente a los 118 mil 660 de todo el 2014, dijo el comisionado de Migración.

Lo que México hace con los centroamericanos es un “retorno asistido” a sus países y no una deportación que impondría una prohibición de cinco a 10 años para poder ingresar otra vez, explicó.

Y muchas veces estos migrantes en su afán por llegar al gigante del norte hacen más de un intento de alcanzarlo.

“‘¡Nos vemos dentro de ocho días!'”, contó Vargas que le dijo un niño centroamericano cuando iba a ser retornado.