Polarización
20 junio, 2018
En el mundo, 30 millones de menores refugiados: Unicef
20 junio, 2018

Crisis en la Casa Blanca por la política migratoria

Durante una protesta en Arizona, una niña de ocho años narra cómo fue la separación de su padre cuando agentes de migración lo detuvieron luego de cruzar la frontera.Foto: Ap

David Brooks

La condena ahora universal dentro y fuera de Estados Unidos a la política de separación de niños y su detención en jaulas por el régimen de Donald Trump está generando una crisis política sin precedente para la Casa Blanca.

Los gritos de niños pidiendo por sus padres, las imágenes de ellos en jaulas en centros de detención, los innumerables testimonios de niños arrancados de los brazos de sus madres que se han difundido durante las recientes semanas han obligado a casi todos, incluyendo a aliados conservadores del presidente, a tener que denunciar esta política como “cruel” e “inhumana”.

Por ahora, Trump rehusa revertir su política de “cero tolerancia” que ha llevado a la separación de miles de niños –algunos de dos años de edad– de sus padres y madres inmigrantes, insistiendo en que “odia” hacerlo, pero que sólo está cumpliendo con una ley promovida por los demócratas (no existe tal ley).

Afirmó vía tuit que “los demócratas son el problema. No les importa el crimen y quieren que inmigrantes ilegales, sin importar qué malos puedan ser, se viertan e infesten nuestro país”.

Funcionarios de su gobierno aseguraron este martes que los menores de edad bajo su custodia son “bien tratados” y ofrecieron nuevas cifras: de los aproximadamente 12 mil niños en instalaciones gubernamentales, unos 2 mil 342 que ingresaron por la frontera entre el 5 de mayo y el 9 de junio fueron separados de su padre y/o madre, mientras el adulto era formalmente acusado y detenido (miles más fueron separados en meses anteriores, según otros informes). Esos niños son enviados a albergues en 17 estados bajo supervisión del Departamento de Salud y Servicios Humanos, y nadie sabe cuántos han sido reunificados con sus padres. Un alto funcionario del gobierno informó al Washington Examiner que están recibiendo unos 250 niños cada día.

Pero la creciente condena de estas prácticas –a pesar de las justificaciones y el “buen trato”– ha llegado a tal nivel que sus propios aliados han tenido que romper con Trump en lo que se refiere a esta política.

El líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, anunció este martes que toda su bancada (50) apoya una legislación para poner fin a la separación de familias inmigrantes al proponer que sean mantenidos juntos en detención mientras se procesan sus casos. Hasta el ultraconservador senador Ted Cruz abandonó su apoyo inicial a esta política para condenarla ahora y proponer un mecanismo para contratar a más jueces de inmigración, a fin de agilizar los procesos en la frontera.

Trump calificó de “locuras” algunas de estas propuestas de sus propias filas y reiteró que esta situación podría quedar resuelta si el Congreso aprueba sus medidas para limitar severamente la inmigración legal, reducir el asilo y otorgar los 25 mil millones de dólares que desea para construir su muro fronterizo.

Sin embargo, esta maniobra de usar a estos niños para promover su agenda legislativa antimigrante no está funcionando. Cada vez más legisladores republicanos se están alejando de la posición del presidente, incluyendo conservadores de alto perfil, algo que no había sucedido en público anteriormente durante esta presidencia.

A la vez, gobernadores de ocho estados –dos de ellos republicanos– anunciaron que retirarán o ya no enviarán tropas de la Guardia Nacional a la frontera sureña en protesta contra la política de separación de niños de Trump.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos y el Business Roundtable, dos de las principales asociaciones empresariales del país, también condenaron la política, afirmando que es “cruel” y que “esto no es quienes somos, y se le tiene que poner fin”.

Líderes demócratas han exigido la suspensión inmediata de la práctica de separación, con toda la bancada demócrata del Senado impulsando una legislación para ello.

El estado de Nueva York presentará una demanda judicial contra el gobierno de Trump por “violar los derechos constitucionales de niños inmigrantes y sus familias, quienes han sido separados en la frontera”, anunció este martes el gobernador demócrata, Andrew Cuomo.

Por otro lado, más de 600 clérigos y miembros de la Iglesia metodista nacional están presentando cargos religiosos contra el procurador general, Jeff Sessions, quien es metodista, por promover la política de separación de familias al acusarlo de abuso de niños, inmoralidad, discriminación racial y difusión de doctrinas contrarias a las normas de la Iglesia Metodista Unida.

Un gran número de las jerarquías nacionales religiosas ya han repudiado esta política junto con toda la constelación de organizaciones nacionales de derechos humanos y civiles, incluida Amnistía Internacional, que calificó la práctica de “tortura”.

Las asociaciones médicas nacionales de sicólogos, siquiatras, pediatras y enfermeras pediatras han denunciado estas medidas señalando “daños irreparables” para menores de edad como resultado del trauma de la separación de sus padres, así como su estancia en centros de detención.

El rockero Tom Morello propuso un “ejército de liberación de los niños” para enfrentarse con la migra, mientras la multitud de organizaciones y artistas progresistas del país está protestando.

Dos terceras partes de la sociedad se oponen a esta política, según las primeras dos encuestas sobre el tema, una de CNN y otra de Quinnipac (aunque una mayoría de republicanos lo aprueba).

“Lo que está sucediendo ahora… es un acto deliberado de crueldad con la intención de usarlo como palanca para construir un ‘muro bello’, y es un muro con la intención no sólo de bloquear el ingreso de mexicanos y centroamericanos a Estados Unidos, sino para dividir al propio Estados Unidos, a fin de retener el poder”, escribió David Remnick, editor de The New Yorker. Concluyó que Trump “rehúsa oír (los gritos de) los niños. Si el electorado estadunidense podrá o no oírlos decidirá no sólo una elección, sino también quiénes somos y qué tipo de país queremos ser”.

JSL
JSL