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De último momento, salvan a migrantes naúfragos en el Egeo

Restos de la lancha usada por refugiados y migrantes para cruzar una parte del mar Egeo de Turquía a Lesbos. Foto Ap

Por Afp

Mar Egeo. Ahmad, Rami y Saleh creyeron que les había llegado su hora al caer en plena noche de su lancha, sacudidos por la fuerte marejada cuando navegaban entre Turquía y Grecia. Una ONG de ayuda a los migrantes los salvó.

En ese momento, en esa misma zona del mar Egeo, no lejos de la isla griega de Samos, otros no corren la misma suerte: seis personas mueren en el naufragio de su embarcación, diez desaparecen.

“Hemos recibido una llamada, hay un bote con 40 personas a bordo. Vamos para allá”, anuncia este viernes 15 de enero Ripley Davenport, un rescatista-submarinista de la ONG MOAS (Estación de Ayuda al Migrante por Mar).

MOAS fue creada por una pareja de Malta, Christopher y Regina Catrambone, tras un naufragio que dejó 400 muertos cerca de la isla italiana de Lampedusa, en 2013.

La pareja financia su barco, el Phoenix, y bajo el lema “Nadie merece morir en el mar”, ha rescatado a miles de migrantes en el Mediterráneo que navegan entre África y Europa. Desde diciembre su ONG opera además en el Egeo.

En 2015, tres mil 800 personas se ahogaron tratando de alcanzar la Unión Europea, a la vez que un millón lo lograba, en su inmensa mayoría ingresando por Grecia, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Entre el 1 y el 15 de enero, las entradas a Grecia superaron las 23 mil y el número de muertos fue de 50, indicó la OIM.

“Estamos aquí por el llamamiento del primer ministro griego (Alexis Tsipras), que pidió ayuda en la crisis de los migrantes”, explica Ian Ruggier, responsable de operaciones de MOAS. Los focos de la Topaz Responder, el nuevo barco de 51 metros fletado por MOAS, iluminan en el agua a Ahmad y Rami, dos hermanos sirios de 32 y 39 años, y a Saleh, un iraquí de 35. Cayeron de su bote y fueron arrastrados lejos por una fuerte ola.

Del azoramiento a la esperanza

Los tres se apresuran a alcanzar la embarcación, suben por la escalera de cuerda lanzada por los rescatistas, quienes les ayudan a subir al puente. El equipo a bordo localiza en seguida su lancha y recupera a sus otros 45 ocupantes, pese a la marejada que hace subir y bajar las dos embarcaciones.

Con secadores de pelo, los migrantes entran en calor y se visten con las prendas secas que les prestan. Reciben además cuidados médicos y alimentos.

Luego, el azoramiento inicial deja paso a la esperanza. Los niños pintan los dibujos distribuidos por la tripulación, Ahmad, Rami y Saleh se sumen en sus pensamientos y una joven, con la mirada pérdida, abraza con fuerza a su bebé.

Nura Shejan, de 26 años, está “feliz”. Al fin, este profesor de inglés de Damasco va camino a la UE, junto a sus padres y su cuñada, con la esperanza de unirse a su hermano, en Alemania desde hace cuatro meses.

Su periplo hasta aquí no fue fácil: debió pagar 700 dólares a los traficantes y permanecer encerrado junto a 80 personas durante cuatro horas en un camión entre Izmir y Didim (oeste de Turquía), de donde embarcaron tras haber sido rechazados en dos ocasiones por los guardacostas turcos.

Las autoridades griegas enviaron primero a MOAS a la isla de Lesbos, más al norte, pero hace tres semanas le asignaron esta zona de patrulla en este canal más ancho y, por lo tanto, más peligroso. Los 48 supervivientes desembarcaron finalmente el sábado en Vathy, en la isla de Samos, desde donde tienen previsto seguir su viaje hacia Grecia continental y Europa del Norte.

Antes, la Topaz Responder ayudó a una ONG sueca a buscar los cuerpos de las víctimas de otro naufragio, en vano.

MOAS “prevé quedarse al menos 90 días en Grecia”, según Ruggier. Después, “decidiremos en función de la financiación”.