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El bloqueo hacia Cuba, debilitado pero vigente a largo plazo

bloqueo

Por David Brooks, corresponsal

El bloqueo económico estadunidense aún obstruye la normalización de los vínculos entre Washington y La Habana, ya que en momentos en que se restablecen las relaciones diplomáticas seguirá en vigor algo que la mayoría de la opinión pública –incluyendo los cubanoestadunidenses, así como casi toda la cúpula política y económica de este país– considera una estrategia fracasada y anacrónica.

Los cambios anunciados por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro el pasado 17 diciembre detonaron los esperados gritos de protesta de sectores conservadores, sobre todo por el coro de legisladores cubanoestadunidenses, los cuales repudiaron los acuerdos como unregalo a los Castro, y afirmaron que defenderán el embargo hasta el final.

El bloqueo económico impuesto por el presidente Dwight D. Eisenhower en 1960, antes de la ruptura diplomática en 1961, fue establecido empleando la autoridad ejecutiva hasta los 90 (o sea, hasta entonces podría haber sido levantado por acto presidencial). Pero el embargo fue ampliado y codificado en la llamada Ley Helms Burton, promulgada por el presidente demócrata Bill Clinton en 1996. Por ello, las restricciones del bloqueo hoy día sólo pueden ser anuladas por acto legislativo, ya que esa política ya no está en manos de la Casa Blanca.

El propio gobierno de Obama ha reconocido que no se puede hablar denormalización hasta que se levante la medida. En mayo, altos funcionarios del Departamento de Estado afirmaron que “el presidente ya ha llamado a levantar el embargo, y es cierto que relaciones plenamente normales no incluyen un embargo económico, no incluyen sanciones económicas –eso no es una relación política y económica plenamente normal”. Agregaron que eso será parte de unanormalización de largo plazo.

A pesar de los llamados de Obama, la cúpula empresarial y un amplio elenco de políticos y figuras influyentes a poner fin al bloqueo, casi nadie espera que esto sea una posibilidad a corto plazo, sobre todo en el contexto del inicio de un ciclo electoral presidencial en el que toda acción política se evalúa en torno a eso, y donde los estrategas buscan evitar cualquier acto potencialmente costoso.

Sin embargo, el presidente Obama, al anunciar su nuevo enfoque en la relación con Cuba, lo que incluye restablecer embajadas en Washington y La Habana a partir del 20 de julio, ha modificado una serie de medidas que aún están bajo su autoridad, es decir, no controladas en la Ley Helms Burton.

De hecho, ha contado con apoyo bipartidista –y con la ayuda del sector empresarial, entre otros– en promover legislación para aflojar algunas partes del embargo, que comprenden cambios en la prohibición de viajes, comercio con algunas partes del sector privado cubano, telecomunicaciones y otros rubros.

Pero a la vez algunos sectores republicanos –entre ellos obviamente legisladores cubanoestadunidenses– han anunciado su intención de hacer todo lo posible por entorpecer o descarrilar todo intento para anular el bloqueo y la normalización de relaciones, incluyendo intentar bloquear la ratificación de un nuevo embajador estadunidense, suspender fondos necesarios para el manejo de la embajada y, sobre todo, mantener la aplicación estricta de la Ley Helms Burton.

Por tanto, el bloqueo se mantendrá, aunque cada vez más debilitado, por ahora, entrampando no tanto a Cuba, sino más que nada a las cúpulas políticas estadunidenses.

El sueño de los Castro

Como se esperaba, la disputa interna en Estados Unidos sobre Cuba se intensifica mientras Obama y Castro proceden a definir las primeras bases hacia una normalización, y aunque las críticas se expresan a alto volumen, el eco es cada vez más débil. Sin embargo, algunos de los opositores siguen teniendo el poder para entorpecer el proceso.

El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, repitió recientemente sus ataques contra el giro de política desplegado por la Casa Blanca, acusando que Obama está entregando a los Castro su sueño de por vida de legitimidad sin obtener nada para el pueblo cubano, que es oprimido por esta dictadura comunista brutal. Agregó que las relaciones con elrégimen de los Castro no deberían de ser revisadas, y menos aún normalizadas, hasta que los cubanos gocen de la libertad, no un segundo antes.

El senador y candidato presidencial republicano Marco Rubio, cubanoestadunidense de Florida, también acusó a Obama de hacerconcesiones unilaterales a eserégimen odioso. En un artículo de opinión publicado en el New York Times el 8 de julio, afirmó que al promover relaciones con líderes de países así, Estados Unidos hace un trato faustiano contrario a nuestros valores nacionales y también a nuestros intereses estratégicos, y sostuvo que serán los oligarcas en el poder los que se beneficiarán de la apertura a Cuba del señor Obama, no el pueblo cubano.

El mismo argumento fue expresado por el senador demócrata cubanoestadunidense Robert Menéndez (quien ha perdido su poder político al enfrentar cargos de corrupción), así como el también senador y aspirante presidencial Ted Cruz, y no faltan los representantes Ileana Ros Lehtinen y Mario Díaz Balart, junto con colegas conservadores.

Oportunidad perdida

El Washington Post publicó un editorial el mismo día –el primero de julio– que Obama anunció el acuerdo de reabrir las embajadas para criticar a la Casa Blanca por no exigir más de Cuba. No nos oponemos a contactos diplomáticos o embajadas estadunidenses en países como Cuba, en principio. Pero los resultados de la iniciativa del señor Obama hasta ahora subrayan la oportunidad perdida al no requerir aún un alivio modesto en la represión de la dictadura a cambio de lo que a fin de cuentas es un rescate político y económico de un régimen fallido.

Pero estas voces saben que ahora son minoría ante un consenso cada vez más amplio, no sólo entre la cúpula política, sino la Cámara de Comercio de Estados Unidos, las principales iglesias nacionales, organizaciones latinas y de derechos civiles, otros medios nacionales junto con una creciente mayoría de los estadunidenses, según encuestas recientes, que favorecen y aplauden el giro hacia la normalización. Más aún, saben que el anterior consenso cubanoestadunidense en Florida ya está fracturado. Todo eso, según algunos analistas, asegura que no habrá marcha atrás por ahora en este rubro.

Los gritos furiosos de la oposición a este giro podrían obstaculizar algunos pasos hacia la normalización, pero por ahora no pueden descarrilar el proceso. Aunque lo que queda del bloqueo y sus defensores entorpecen cambios en la política exterior estadunidense, Cuba –o por lo menos el tema de Cuba– ya ha generado un cambio dentro de Estados Unidos.