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El golpeado Rajoy sigue al frente de las apuestas por el ‘Gordo’

Rajoy

Mariano Rajoy acaricia a su perro en el Palacio de la Moncloa, en Madrid. Foto: Reuters

Por Josetxo Zaldua, enviado

Madrid.

Diría Pedro Almodóvar que, en términos electorales, España está al borde de un ataque de nervios. Un periodista lo dijo de otro modo: la noche del 20 puede ser la primera vez de muchas cosas que ocurran en una elección. Será una lotería, como la de el Gordo que se juega en Navidad. Miles de españoles gastan cientos de miles de euros en estas fechas para ver si algo toca. El sueño es elGordo pero, a estas alturas del partido, vale hasta el flaco.

De unos días para acá los madrileños forman una fila interminable frente al expendio lotero de doña Manolita, una anciana experta en vender billetes ganadores, el Gordo incluido. Su despacho está en el centro de Madrid y los soñadores acuden a él desde mucho antes que abra sus pequeñas puertas.

Esperan horas aguantando el frío mañanero hasta que les toca su turno. Hay desde gente veterana en estas lides –las que más– hasta los jóvenes que buscan en el azar lo que la vida no les da. A todo ese ejército los une doña Manolita y su mágico toque, cual María Sabina, pues.

En las apuestas electorales sigue el golpeado Mariano Rajoy al frente, pero como las diferencias son tan estrechas, nadie se atreve a vaticinar cómo quedarán los candidatos que le siguen. Lo que sí parece claro es que el gobernante Partido Popular, ganando, no logrará mayoría en el Congreso.

Abajito de él los jóvenes gallitos encarnados en la neoderecha de Ciudadanos y la medio extrema izquierda de Podemos han enfilado sus baterías en el PSOE, que aspira a ganar o, de perdida, a terminar en segundo lugar. Dicen que Podemos está ganando terreno en la misma medida que Ciudadanos lo está perdiendo. Que el líder de la neoderecha, Albert Rivera, aparece cada vez más acartonado mientras Pablo Iglesias, candidato de Podemos, ha logrado encantar con su discurso cambiante y mareador.

Sea lo que sea el desenlace será de infarto, a menos que el 25 por ciento de indecisos registrados en las últimas encuestas se decanten mayoritariamente por alguno de los caballos contendientes. Sí está claro que el bipartidismo desaparecerá y que a partir de mañana la política española se parecerá mucho a la italiana.

Gobiernos precarios y amenaza permanente de elecciones anticipadas. La llave la tienen los indecisos. De 25 por ciento de esa tropa 62 por ciento son mujeres, que representan un millón más en el censo electoral que los hombres. Con razón el candidato Rajoy le espetó a su rival socialista Pedro Sánchez en el debate cara a cara: señor Sánchez, parece que quiere sacar los votos de la mujeres.

Ni un centavo por las alianzas

Nadie da un centavo de euro por las alianzas porque, salvo el PP, los otros tres partidos le apuestan al escenario italiano. Ellos piensan ya a mediano plazo y no quieren quemarse políticamente con un PP precariamente ganador, porque agotarían su futuro en un santiamén.

Y lo mismo da que gane el PP o, en un milagro, el PSOE. La precariedad será la misma y nadie querrá mojarse por adelantado. La política en este país cambiará radicalmente tras el 20 de diciembre. Parece imposible que ese cambio sea para empeorar las cosas, de modo que los líderes políticos deberán usar algo más que la imaginación y las promesas electorales para mantener el apoyo de sus huestes.

La noche del 20 de diciembre, como vaticinó el colega español, será la primera vez de muchas cosas que ocurran en una elección.