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El pop navideño, más que nostalgia, es una seducción que abarca todo

El pop navideño, más que nostalgia, es una seducción que abarca todo

Por Peter Silverton

Se dice que las canciones de Navidad nos regresan a nuestro ser más joven. Por eso cada año, al llegar diciembre y deambular entre los decorados pasillos de las tiendas departamentales, sentimos júbilo al flotar en la sopa aural de la temporada, compuesta por Blanca Navidad, La última NavidadFeliz Navidad a todos, de Noddy Holder. Tonadas para alegrarnos y atraernos con recuerdos de una niñez dulce y perfecta. Recuerdos que hasta pudieran ser verdaderos.

Hay canciones que sólo los de corazón más grinch podrían despreciar, como Santaclós viene a la ciudad. Hay polkas: Debe ser Santa.Hay oscuridad: Por favor, papá (No te emborraches esta Navidad). Hay soul lascivo: Back Door Santa (El Santa de la puerta trasera). Hay temas que nos remontan no sólo a la infancia, sino a las maravillas iluminadas con velas de la semana de tres días de 1974: I Wish It Could Be Christmas Everyday (Me gustaría que todos los días fuera Navidad).

Pero en la música pop navideña hay más que nostalgia. El disco sencillo de Navidad es el centro que aún se sostiene. Es, más o menos, todo lo que pervive de la cultura compartida de éxitos pop de la segunda mitad del siglo XX; una reliquia de un mundo en el que las listas de éxitos eran símbolos que daban capacidad y fuerza.

La seducción eterna de esa cultura que abarca todo y recorre todos los estratos sociales es la razón por la que el pasado noviembre me encontré, entre avergonzado y emocionado, hurgando entre mi extensa colección de pop navideño. (Mi iTunes me dice que tengo 801 tonadas de temporada, sin incluir las de Hanukkah.) Durante 10 años o más, he acopiado pop de temporada –tomado de cedés, álbumes de vinil y suficientes discos viejos de 45 rpm para llenar una rockola– e integrado una selección para compartir. En un principio era la tarjeta de Navidad familiar, en un cedé, con portada impresa; más recientemente ha sido una liga de Dropbox.

Cultura compartida

El pop navideño es una forma de mantener la fe, con esa cultura compartida de música pop intergeneracional que ahora se ha ido casi por completo y tal vez para siempre, por las razones conocidas: la descarga de música de Internet, los criterios de las listas de reproducción de Apple, la torpeza de las empresas. En ella hay sitio para todos los géneros, desde el country hasta el gospel e incluso el rap.

Tampoco estoy solo en esto de conjuntar una compilación navideña. En Spotify se comparten decenas de listas de temporada y todos los días se añaden nuevas canciones. Hasta ahora la más popular es Mystic Snowman (Muñeco de nieve místico) de la banda tributo femenina Lez Zeppelin. Más abajo en la lista está un nuevo lanzamiento de un ex Zeppelin de verdad, Robert Plant, quien canta The Light of Christmas Day (La luz de Navidad) con Alison Krauss.

Bill Adler, amigo de temporada que vive en Nueva York, ha presentado su propia compilaciónChristmas Jollies, que arranca en los tiempos prehistóricos del caset. Y Bill tiene genuinas credenciales en el pop navideño; es responsable de una de sus verdades eternas: como publirrelacionista de la banda Run DMCm sugirió a Rev Run, religioso y fundador del grupo, crear un rap de temporada para A Very Special Christmas (Una Navidad muy especial), álbum destinado a recaudar fondos para los Juegos Olímpicos Especiales en 1987.

El buen Rev recibió la llamada en el desayuno y garrapateó en un papel manchado de huevo la que cree que es la mejor letra de su carrera, Christmas In Hollis.

Esa historia se cuenta en Jingle Bell Rocks!, documental acerca de coleccionistas de pop navideño que se presenta actualmente en el Doc’n Roll Festival, en Londres y Liverpool. El filme es dirigido por Mitchell Kezin, canadiense que se sintió atraído por el tema al leer un artículo en el número 15 en la más excéntrica de las revistas,Cool And Strange Music! El artículo,La locura de las compilaciones navideñas, fue escrito por Dennis Flanagan, quien estuvo entre los activistas de Misisipi en 1964, fue legislador del estado de Washington y, por supuesto, es compilador navideño. Ahora de 76 años, viudo, divorciado y vuelto a casar, Flanagan se considera un antiguo marinero de la música.

La película es, en parte, la historia del director. Su padre, un borracho mujeriego, rara vez llegaba a casa en Navidad. Para consolarse, Kezin tocaba una y otra vez El niño al que Santaclós olvidó, de Nat King Cole, canción escrita en 1937 por Tommie Connor, irlandés-inglés a quien debemos también The Biggest Aspidistra In The World (La aspidistra más grande del mundo). Connor escribió otra pieza muy tocada en esta temporada, I Saw Mummy Kissing Santa Claus (Vi a mami besando a Santaclós), tema que abrió un subgénero en el que figuran Santa Looked a Lot Like Daddy (Santa se parecía mucho a papá), de Buck Owen; I Saw Mommy Spanking Santa Claus (Vi a mamá dándole de nalgadas a Santaclós), de Dick Cooper, y Santa Claus is a Black Man (Santaclós es un hombre negro), de Teddy Vann.

En el negocio no se requiere tener alguna creencia

El pop navideño es promiscuo. Está el género nostálgico conocido como americana, como en Just Like Christmas (Igual que en Navidad), del grupo Low, de Minnesota. Hay tonadas creadas por excelentes letristas estadunidenses: Have Yourself a Merry Little Christmas (Ten una pequeña feliz Navidad) fue escrita en 1944 por Hugh Martin y Ralph Blane y tanto Judy Garland como Frank Sinatra la hicieron memorable en distintos momentos. Martin era adventista del séptimo día y los Low son mormones, pero en el negocio de las canciones de temporada no se requiere ser cristiano o tener alguna creencia. Irving Berlín, autor deBlanca Navidad, era judío. También lo era el neoyorquino Johnny Marks, autor de Rockin’ Around the Christmas Tree (Roqueando alrededor del árbol de Navidad), A Holly Jolly Christmas y la duología rodolfinaRudolph, the Red-Nosed Reindeer (Rodolfo el reno de la nariz roja) yRun Rudolph Run (Corre, Rodolfo, corre).

El pop navideño es una contraposición afirmadora de la vida e incluyente a las sombrías aseveraciones de que la Navidad ha sido arruinada por el comercialismo. Como si la letanía de obsequios en Los doce días de Navidad no hubieran dado un mentís a eso desde por lo menos finales del siglo XVIII. La Navidad no es nada sin el tintineo de las cajas registradoras… afinadas a un ambiente melódico de temporada.

jinglebellrocks.com

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya