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El racismo de Trump

El presidente de EU, Donald Trump y su ex colaboradora, Omarosa Manigault Newman. Foto Afp

David Brooks, corresponsal 

Nueva York. Durante días, y a pesar de noticias mucho más importantes, la atención del público estadunidense se ha ocupado con el enfrentamiento de la ex asesora y afroestadunidense de más alto rango de la Casa Blanca quien acusó a su ex jefe Donald Trump de racista.

No fue una gran revelación. Como comentó uno de los observadores más influyentes del país, el conductor del Late Show Stephen Colbert, era “la noticia menos sorprendente posible”, agregando con sarcasmo: “por fin tenemos pruebas de que el cuate que rehusó rentar departamentos a inquilinos negros, que dijo que un mitin nazi-klan tenía algunas ‘gentes finas’ y llamó a África un hoyo de mierda -¡es un racista! Destruyan sus libros de historia, reescriban los textos. ¡No sabíamos!”.

Trump, quien se refirió a a su ex colaboradora como “esa perra” el martes, sabe bien que su ex empleada, Omarosa Manigault Newman, no se acaba de dar cuenta que su jefe es racista. Ella impulsó este debate con fines de lucro: está promoviendo su nuevo libro sobre la vida dentro de la Casa Blanca de Trump. Aprendió de Trump, a quien conoció como concursante en su reality show “El aprendiz”, sobre cómo monetizar todo (incluyendo estancias en la Casa Blanca).

Manigault Newman, nutriendo el debate, acusa que hay grabaciones de Trump usando la palabra más denigrante para los afroestadunidenses (“nigger”), algo que primero fue rechazado tajantemente por el propio Trump pero que esta semana la vocera de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders se vio obligada afirmar que “no puedo garantizar” que el presidente nunca haya usado esa palabra.

Estas exhibiciones verbales racistas manchan a esta presidencia desde sus inicios. Trump arrancó su campaña acusando a mexicanos de ser criminales y violadores, impulsó medidas anti musulmanas entre sus primeros actos presidenciales y más recientemente ha atacado a atletas y periodistas afroestadunidenses.

Cuando la famosa estrella de basquetbol profesional Lebron James, entrevistado por Don Lemon, periodista de CNN, la semana pasada, hizo un par de comentarios críticos sobre el presidente, Trump tuiteó: “Lebron James acaba de ser entrevistado por el hombre más tonto en la televisión, Don Lemon. Hizo que Lebron se viera inteligencia, lo cual no es fácil hacer”. Ambos son afroestadunidenses.

“Esto es aparentemente lo que el presidente de Estados Unidos siente necesario compartir con el mundo… es una desgracia. Es racista. Y es el producto de odios pequeños pero peligrosos”, respondió incrédulo el veterano periodista Dan Rather.

Anteriormente Trump también acusó de “baja inteligencia” a la representante federal Maxine Waters, feroz crítica del presidente, y afroestadunidense.

“Cuando Donald Trump menosprecia a afroestadunidenses con eso del ‘bajo I.Q’ y deshumaniza a mujeres negras como ‘esa perra’, está hablando el idioma de la supremacía blanca”, comentó el columnista Eugene Robinson del Washington Post.

Trump se ha obsesionado con los jugadores de futbol americano profesional que se han hincado o elevado un puño durante el himno nacional antes de todo partido como protesta contra la violencia policiaca contra afroestadunidenses, acusándolos casi de traidores a la patria.

Al mismo tiempo, hace un año después de una manifestación de militantes neonazis y del Ku Klux Klan en Charlottesville, Virginia, que acabó en actos de violencia contra una contramanifestación repudiando el acto y la muerte de una activista antirracista, Trump provocó ira nacional al afirmar que ambos lados eran responsables de los incidentes y que había también “gente fina” de ambos lados. Muchos de los líderes de organizaciones supremacistas blancas y fuerzas antimigrantes festejaron la elección de Trump y hoy día lo continúan elogiando.

Pero el racismo no es sólo verbal sino se expresa en acciones políticas impulsadas por la presidencia como las medidas contra inmigrantes y refugiados de América Latina, el Caribe y África, en el desmantelamiento de programas de asistencia social, educación, salud como el endoso d mano dura en la aplicación de leyes que afectan dramáticamente a comunidades afroestadunidenses y latinas, y por otro lado, medidas para la supresión del voto de estos sectores minoritarios.

Aún más peligroso, agrupaciones de ultra derecha han florecido más abiertamente desde que Trump llegó a la Casa Blanca con lo cual se han incrementado los casos de crímenes de odio. El Southern Poverty Law Center, que monitorea estas actividades, registra a más de 100 personas asesinadas o heridas por integrantes de estos grupos o los que han sido influenciados por ellos durante el último año.

Vale recordar que la primera aparición de Trump en el cambio público -la primera vez que fue noticia- fue en 1973 cuando fue acusado, junto con su padre, por el gobierno federal de discriminación racial contra inquilinos afroestadunidenses en los edificios del negocio de su familia. Hasta el gran cantautor Woody Guthrie hizo una canción sobre el “el viejo Trump” [https://www.youtube.com/watch?v=kkwEIuTFBgA].

JSL
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