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Embate Putin contra el EI al reinaugurar la Gran Mezquita de Moscú

Putin

La Gran Mezquita de Moscú tiene capacidad para diez mil creyentes. Foto Xinhua

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La Gran Mezquita de Moscú tiene capacidad para diez mil creyentes. Foto Xinhua

Por Juan Pablo Duch, corresponsal

Moscú. La inauguración de la Gran Mezquita de Moscú, tras ocho años de reconstrucción del antiguo edificio, se convirtió este miércoles en ocasión propicia para que el presidente Vladimir Putin, al reiterar el apoyo del Kremlin a “las ideas humanistas y los verdaderos valores del islam”, expresara un enérgico rechazo al Estado Islámico y otras organizaciones yihadistas en Siria e Irak.

Son grupos, subrayó el mandatario ruso, que con sus acciones “ponen en entredicho esa gran religión universal y siembran el odio, matan a personas inocentes, destruyen monumentos de valor histórico”.

Ante la crema y nata de esta sociedad –así como dos invitados extranjeros, Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, y Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, que aceptaron venir a Moscú a escuchar lo que Putin considera necesario comentar respecto a sus recientes conversaciones con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y ofrecer para intentar desbloquear el suspendido proyecto de gasoducto “flujo turco”, respectivamente–, el titular del Kremlin arremetió contra los islamitas radicales.

“El fundamentalismo es una ideología basada en la mentira, en una abierta distorsión del islam, y hoy por hoy, cuando tratan de reclutar adeptos también en nuestro país, es indispensable combatir todos los intentos cínicos de explotar los sentimientos religiosos con fines políticos”, subrayó Putin.

Dijo también que es importante que los jóvenes musulmanes rusos “se eduquen en los valores tradicionales del islam”, así como hacer todo para “impedir que se difundan entre nosotros tesis que nos son ajenas y nada tienen que ver con el auténtico islam”.

La Gran Mezquita de Moscú –cuyo esplendor se logró al coste de 170 millones de dólares (se comenta que la mayor parte la aportó Suleiman Kerimov, magnate de Daguestán)– tiene capacidad para diez mil creyentes, lo que la convierte en una de las más grandes en Europa, similar a la Baitul Futuh de Londres y a la Gran Mezquita de Roma.

Sin embargo, los dos millones de musulmanes que, según datos oficiales, residen en Moscú –ciertamente minoría frente a los creyentes cristianos ortodoxos, aunque con cerca de veinte millones de seguidores en todo el país, sobre todo en Tatarstán, Bashkiria y el Cáucaso del norte– no tendrán fácil acceder a la Gran Mezquita ni a las otras cinco mezquitas con que cuenta la capital de Rusia, muy escasas para la cantidad de adeptos a la religión de Mahoma.

Dicho con otras palabras, en las grandes fiestas musulmanas, como la inminente Kurban Bayram o celebración del sacrificio, el gentío que se congregaba ahí, en “su catedral”, volverá a desbordarse de su actual territorio, ensanchado hasta los 19 mil metros cuadrados, hacia las calles aledañas, causando el habitual caos vial en el centro de la capital rusa.