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En España, torero es cornado en el cuello, pero sobrevive

El País – Jiménez Fortes, un torero de Málaga durante la fiesta de Las Ventas, sufrió una grave cornada doble, luego de no levantarse bien al intentar hacer una estocada. El astado le atravesó el cuello y por milímetros no le tocó las principales venas y arterias, aunque sí le comprometió el esófago, la garganta y varias vértebras.

Todo ocurrió en el inicio de faena al sexto de la tarde. Fortes, el joven malagueño, acaba de brindar al público en un gesto inequívoco de que estaba decidido a jugarse la vida para abrir la puerta grande que le había entreabierto la oreja conseguida en su primero. En la primera tanda, con la mano derecha, el animal echó la cara arriba, lo desarmó y le enganchó la muleta en un par de ocasiones; cambió de mano y, en el primer cite, el toro volteó al torero, lo mantuvo entre los pitones y lo estrelló contra el suelo; quedó de medio lado y, al intentar rodar sobre sí mismo, el toro le clavó el pitón izquierdo en el cuello y lo levantó como un trapo. Jimenez Fortes quedó boca abajo, pero consiguió ponerse de rodillas antes de que llegaran las asistencias. Para entonces, ya se había llevado las manos al cuello y se vio claramente que manaba sangre. Por su propio pie recorrió unos pasos hasta que fue izado por sus compañeros hasta la enfermería, donde comprobaron que llevaba dos cornadas, aunque las primeras noticias fueron tranquilizadoras.

Como suele ocurrir, todo sucedió en unos pocos segundos que parecieron interminables. La plaza quedó conmovida porque la impresión fue terrorífica y espantosa. Mientras Uceda Leal acababa con el toro, el herido quedaba en manos del equipo médico.

Parte médico

Dos heridas por asta de toro, una en región cervical derecha con trayectoria ascendente y hacía adentro de 15 cm que bordea la glándula tiroide y esófago que contusiona la vena yugular y la arteria carótida y llega a la fascia prevertebral y la otra en regiónsubmandibular izquierda de 10 cm que bordea parótida y lesiona músculo esternocleidomastoideo.
Es intervenido quirúrgicamente en la enfermería de la plaza de toros pasando a la clínica San Francisco de Asís a cargo de la Freternidad.
Pronóstico muy grave.
Ciertamente, el caso de este joven torero es digno de estudio. Ya en sus comienzos parecía que tenía condiciones para ser figura, pero sus aspiraciones se han visto siempre frenadas por numerosas cogidas; y todavía se discute el motivo por el que este torero visita con tanta frecuencia las enfermerías. De hecho, fue uno de los toreros heridos el pasado San Isidro la tarde en que se suspendió la corrida por las cogidas de David Mora, Antonio Nazaré y el propio Fortes.

Volvía a Las Ventas decidido, muy decidido, con una actitud realmente encomiable, a alcanzar el triunfo que se le negó la temporada pasada. Prueba de ello es que recibió a sus dos toros de rodillas en la puerta de toriles con sendas largas cambiadas, se esmeró a la verónica, quitó por chicuelinas y gaoneras, y se jugó el tipo de verdad ante su primero, un animal de corto viaje, -con un ventarrón como molesto visitante-, que lo puso repetidamente en aprietos. Fortes resolvió la papeleta con dignidad y valentía, aguantó como si tal cosa taracadas y gañafones, y aun así pudo dominar por momentos la muleta y dibujar algunos muletazos interesantes. Al final, puso la plaza en pie cuando citó por ajustadísimas bernardinas -en dos de ellas cambió la trayectoria del toro- antes de cobrar una estocada. La oreja, facilona y propia de esta modernidad que se está llevando por delante verdades que parecían inamovibles, le dio pie a brindar la faena del casi inválido sexto momentos antes de que se produjera el brutal suceso que dejó a todos conmovidos.

La corrida de hoy

Toros de Parladé, para los diestros Miguel Abellán, Miguel Ángel Perera e Iván Fandiño. El resto de la corrida tuvo poca historia. Ya en el paseíllo hizo acto de presencia un fuerte viento que molestó y puso en peligro a los toreros; la corrida remendada de Salvador Domecq fue una mansada sin clase, a la que solo le hizo frente de verdad el torero herido.

Uceda se las vio, en primer lugar, con un manso de libro que buscó con desesperación el camino de la dehesa y no gritó de miedo porque no sabía. Tampoco tuvo clase alguna el cuarto, lo cual no fue motivo para que Uceda apareciera perdido y rutinario. Si la veteranía es un grado, qué menos que un detalle de torero experimentado. Nada. Y lo que es peor: quien tiene fama de tan buen estoqueador, dejó claro que no aprobó el examen del descabello. Demasiados intentos errados para alguien de su prestigio.

Y el tercero, el mexicano Diego Silveti, llegó renqueante de una cogida en un tobillo en Aguascalientes el pasado día 3, y ofreció una pobre impresión que no parecía guardar relación con la herida. Se coloca según la norma moderna, al hilo de pitón y despegado, le cuesta confiarse, desprende poco mando y su toreo resultante es anodino y vacío. Dio muchos pases, pero toreó poco. Sus oponentes no destacaron por su clase, pero tampoco el torero.

JSL
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