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Inanición, costo a pagar por los griegos por seguir en el euro

griegos

Atenas. La semana pasada los bancos griegos sufrieron una corrida de depositantes. Los dueños de las cuentas retiraron en cinco días 4 mil 200 millones de euros –unos 4 mil 750 millones de dólares. Es un botón de muestra de la especulación financiera que alimenta los temores de que Atenas incumpla con un pago al Fondo Monetario Internacional (FMI) a finales de mes y ese hecho, de ocurrir, abra la puerta a la salida del país de la eurozona, el Grexit.

Para este lunes ha sido convocada una junta de urgencia entre los ministros de finanzas de la Unión Europea. Si las negociaciones entre el gobierno del primer ministro Alexis Tsipras y los acreedores fracasan, existe el peligro concreto de que Europa se desintegre, dijo este sábado Sigmar Gabriel, vicecanciller del gobierno Alemán. La inanición es el precio que tendrían que pagar los griegos por permanecer en la Unión Europea, considera, por su parte, el Centro de Investigación sobre la Globalización.

En el corto plazo, la salida del euro generaría caos y sumiría a Atenas en una gigantesca inflación, pero las consecuencias no serían graves ni para Alemania ni para la economía mundial, dijo Peter Bofinger, ministro de Economía, al diario Passauer Neue Presse. Pero el Grexit cambiaría el carácter de la eurozona y atraería a los especuladores financieros, alertó. Grecia representa 3 por ciento de la economía de los países que tienen el euro como moneda.

Tiene una deuda de 317 mil millones de euros, cantidad que equivale a 175 por ciento de su producto interno bruto. Es la proporción más alta de la eurozona. Los bancos alemanes, fraceses y españoles se cuentan entre los principales acreedores de Atenas. Una suspensión de pagos del país afectaría en primera instancia los balances de esos bancos, con un efecto imposible de predecir sobre la economía, que no logra superar los efectos de la recesión de 2009. Especular (sobre una quiebra griega) nos lleva a un terreno desconocido, declaró esta semana Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, reiteró el jueves pasado la postura inflexible del organismo: Grecia debe reducir, todavía más, las pensiones de sus trabajadores y pagar antes de que concluya este mes mil 600 millones de euros, si desea renovar las líneas de crédito. El Banco Central Europeo, por su parte, exige un nuevo recorte del gasto público, en esta ocasión por 2 mil millones de euros, que Atenas insiste en que es imposible. El gobierno de Tsipras insiste, en cambio, en restructurar la deuda y acceder a nuevos financiamientos, hasta por 7 mil 200 millones de euros.

Mientras el tira y afloja entre Grecia y sus acreedores se juega un nuevo episodio, quizá uno de los últimos el próximo lunes, Tsipras ha fortalecido la cooperación con Rusia, un acercamiento que es visto con recelo en las capitales de la eurozona.

Esta semana, los gobiernos de ambos países concretaron un acuerdo por 2 mil 300 milones de dólares, para que Rusia pueda llevar gas a Europa a través de Grecia. El trato, que comenzará a funcionar en 2016, permitirá a la rusa Gazprom –la principal gasera del mundo– extender la capacidad de un gasoducto que ya opera en Turquía.

El país, sin liquidez, trata de destrabar el desembolso de 7 mil 200 millones de euros, como parte del último tramo de su rescate financiero internacional. Pero los prestamistas exigen a Grecia más recortes en el gasto y en los pagos de pensiones, tema en el que Atenas no ha cedido, al afirmar que los griegos han resultado muy afectados por la crisis que sumió al país durante los pasados seis años.

La disputa final entre el gobierno griego y sus acreedores gira en torno a recortes adicionales por 450 millones de euros (511 millones de dólares), afirmó el ministro de Estado heleno, Alekos Flambouraris. Mencionó este sábado varias opciones para ahorrar unos centenares de millones de euros adicionales: acelerar la supresión de las prejubilaciones, una idea que el gobierno parece haber aceptado, y bajar el umbral impositivo de los beneficios de las empresas.

Grecia, que considera que ya ha hecho demasiados sacrificios y que ha presentado una lista coherente de propuestas con reducciones de gastos, subidas de ingresos y reformas estructurales, no esconde su decepción.

Vamos a llevarles medidas que cubran la diferencia (entre las estimaciones de los acreedores y las de Grecia respecto a las necesidades financieras del país), prosiguió Flambouraris en una entrevista con el canal de televisión Mega.