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Kim y Putin se reúnen en histórica cita en Vladivostok

El presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, hoy en Vladivostok. Foto: Afp

Juan Pablo Duch

Moscú. Con un retraso de ocho años desde que asumió el cargo el huésped, Kim Jong-un, el líder de Corea del Norte y su anfitrión, Vladimir Putin, celebraron este jueves en el puerto de Vladivostok –en el Lejano Oriente de Rusia– su primera reunión cara a cara, sin otro propósito que mandar un claro mensaje en el sentido de que es imposible resolver las controversias en el mundo únicamente, con sanciones y amenazas, como pretende el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En conversaciones a puerta cerrada, tanto en el encuentro de los presidentes solos como en la reunión con miembros de sus comitivas –y a falta de los trascendidos interesados que suelen producirse–, poco puede saberse de qué acuerdos alcanzaron los líderes ruso y norcoreano, si es que hubo alguno.

Se sabe, en cambio –por las declaraciones formuladas a la prensa por Putin al término de la visita oficial del presidente norcoreano, que el titular del Kremlin, convencido de que es la única vía para un arreglo que satisfaga a todas las partes, ofreció a Kim intentar reanimar el formato de negociaciones a seis bandas (además de Corea del Norte y Rusia, Corea del Sur, China, Estados Unidos y Japón) si bien no parece ser una solución de corto plazo mientras Pyongyang no cuente con sólidas garantías de seguridad a cambio de renunciar a su programa nuclear.

Tampoco se infiere que Kim haya cambiado de opinión respecto a negociar sólo con Estados Unidos, lo cual hubiera podido presentarse como un éxito de la habilidad de Putin para convencer al líder norcoreano de la necesidad de desnuclearizar su armamento, algo que Rusia, como potencia nuclear, también está interesada, si bien es consciente de que Corea del Norte tiene derecho a presentar la defensa de sus intereses nacionales como principal argumento para negarse sin obtener nada a cambio.

Dos días antes de la cumbre, el asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, adelantó que no estaba previsto que los presidentes firmaran ningún documento ni habría tampoco, en contra de lo que se acostumbra en casos de cumbres similares, comunicado oficial ni conferencia de prensa conjunta.

Por ello, a nadie sorprendió que la única fuente para tener información de qué pasó detrás de las paredes fue el propio Putin en declaraciones cuidadas, aparte de las imágenes de cordialidad que se dispensaron ambos líderes ante los reporteros gráficos y la televisión, en las tomas de escenas protocolarias.

En ese contexto de hermetismo, llamó la atención que Putin no prometió a Kim promover en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la conveniencia de flexibilizar de modo paulatino el régimen de sanciones que padece Corea del Norte como posible reacción a la “moderación” de su programa de armamento nuclear ni hizo referencia a la tesis de que es necesario lograr “un enfoque por etapas para un arreglo” que Rusia y China firmaron en una declaración conjunta.

Putin tampoco hizo suya una de las condiciones principales que pone Kim para aceptar la “desnuclearización” exigida por Washington, la cual presupone que Estados Unidos abandone la intención de instalar una “escudo” sobre Corea del Sur y Japón.

En el plano estrictamente de la relación bilateral, Putin hizo públicas sólo buenas intenciones: nada dijo en concreto sobre un proyecto de construir un gasoducto, ni de fórmulas de trueque para intercambios comerciales sin usar transferencias bancarias, ni siquiera sobre cómo resolver el problema de los 10 mil trabajadores norcoreanos en Rusia que, a fines de este año, tendrían que regresar a su país por las sanciones internacionales.

“Algo se nos ocurrirá”, prometió Putin a la prensa.

JSL
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