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Libra juez orden de captura contra el ex presidente Lula

El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y su abogado, Cristiano Zanin Martins, se retiran del Instituto Lula, en el barrio de Ipiranga, en Sao Paulo. Foto: Xinhua

Eric Nepomuceno / Especial para ‘La Jornada’ 

Río de Janeiro.- Dieciocho horas después de que su pedido de habeas corpus preventivo fuese negado por el Supremo Tribunal Federal, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, favorito para las elecciones de octubre, fue objeto de una orden de aprehensión expedida por el juez de primera instancia Sérgio Moro. Se trata del mismo juez que lo condenó en un juicio que, en opinión de juristas y abogados no sólo de Brasil, sino de algunas de las más prestigiadas escuelas de derecho del mundo, estuvo plagado de arbitrariedades y manipulaciones, sin que hubiese una sola prueba en su contra.

Moro ordenó que Lula se presente a la Policía Federal en Curitiba, capital de Paraná, antes de las cinco de la tarde de este viernes. En un comunicado lleno de formalismos, Moro prohíbe expresamente el uso de esposas, “en atención a la dignidad del cargo que ocupó”.

Tanto el Tribunal Federal Regional de Porto Alegre, la segunda instancia que no sólo confirmó la condena de Lula, sino la aumentó, como Sérgio Moro, rechazaron recibir los recursos que habían sido presentados por la defensa del ex presidente. Argumentaron que se trataba de una “maniobra claramente destinada” a postergar el cumplimiento de la detención, aunque la presentación de recursos esté prevista con todas sus letras en la legislación vigente.

La noticia de la orden para detener al más popular presidente brasileño de las pasadas seis décadas, originada en dos tribunales que son señalados de actuar de manera arbitraria, sorprendió al país. Lula y sus abogados creían que ella no se daría antes del martes 10.

Ayer por la noche uno de los abogados del ex presidente, el renombrado y veterano jurista José Roberto Batochio, dijo que la ansiedad por detener a Lula antes que los recursos fuesen examinados “revela una arbitrariedad sin fin”. Agregó que intentará algún recurso de urgencia, pero que si resulta inútil el ex presidente deberá acatar la determinación de Moro y presentarse a la Policía Federal.

Cuando se supo de la decisión, Lula estaba reunido con auxiliares y amigos en el instituto que lleva su nombre. A los pocos minutos salió en un automóvil sin hablar con nadie y se dirigió al Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo del Campo, en el cinturón industrial de Sao Paulo, que presidió durante la dictadura y fue cuna de su carrera política.

Conforme la noticia recorría el país, dirigentes de otros partidos de izquierda convocaban a marchas populares para dirigirse a la residencia del ex presidente, también en San Bernardo. La directiva del Partido de los Trabajadores (PT) pidió una concentración en el mismo sindicato.

La CUT –Central Única de Trabajadores– convocó a movilizaciones para este viernes en todo el país, y estudiaba decretar un paro general en caso de que Lula sea efectivamente preso, lo que parece inevitable.

En días recientes, en conversaciones con amigos e integrantes de su círculo más cercano, Lula admitía que difícilmente podría evitar la cárcel. Al fin y al cabo, decía, verlo tras las rejas era el objetivo central del golpe institucional que destituyó a la presidente Dilma Rousseff en 2016. La pasividad con que la Corte Suprema actuó el miércoles pasado, rechazando por un voto la concesión de un habeas corpuspreventivo, confirmó las previsiones de Lula, quien se mostró bastante afectado.

Ayer, antes de que se conociera la orden para encarcelarlo, le dijo a los amigos con quienes se reunió que era preciso “poner gente en las calles”, aunque admitió que eso difícilmente ocurriría antes que lo llevasen detenido, algo que pensó ocurriría la próxima semana. “Será importante mantener gente en las calles mientras yo esté preso”, dijo, para tener a la militancia activa en su defensa.

Alrededor de las ocho de la noche se supo que Lula permanecía en el Sindicato de Metalúrgicos, en lugar de dirigirse a su casa. La propuesta de los sindicalistas era mantenerse en vigilia permanente al lado del ex presidente, con la idea de obligar a la Policía Federal a invadir el local a partir de las cinco de la tarde de este viernes.

Mientras gruesas columnas de manifestantes se dirigían al local del sindicato, Lula examinaba con sus abogados y su círculo de confianza qué hacer.

Hasta conocer la orden de detención, Lula había decidido presentarse tan pronto fuese notificado. La previsión era que eso ocurriría luego que sus recursos fuesen rechazados por el Tribunal Regional Federal la semana que viene. La intempestiva medida adoptada por la corte, de no recibir los recursos, de inmediato asumida por Sérgio Moro, lo llevó a repensar el asunto. Para el ex presidente, Moro actuó de manera totalmente arbitraria e inadmisible, lo que amerita otro tipo de actitud.

Al final prevaleció la opinión de los abogados y Lula programó dirigirse a Curitiba a las 11 de la mañana de este viernes, en automóvil, un viaje de cinco horas de duración.

En varios momentos Lula reiteró la necesidad de una “resistencia pacífica”, evitando enfrentamientos.

Luego de la decisión de Moro aumentaron las preocupaciones de mayor inestabilidad social y creció el riesgo de protestas callejeras, con enfrentamientos entre defensores y acusadores de Lula da Silva.

Ninguna de esas preocupaciones importó a los seis miembros de la Corte Suprema que el pasado miércoles negaron un habeas corpuspreventivo al ex presidente hasta que se agotasen todas las instancias a las cuales podría recurrir.

 

JSL
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