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‘Los mil y un Titanics’ narra el drama de los refugiados

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Un niño migrante se asoma de un tren en la estación de Tovarnik, en Croacia. Foto Reuter

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Un niño migrante se asoma de un tren en la estación de Tovarnik, en Croacia. Foto Reuter

Por Afp

Beirut. Érase una vez… un niño que se hace a la mar en busca de refugio en Europa: la obra teatral Los mil y un Titanicsrecurre en Líbano a la narrativa y al personaje de Sherezada para contar este drama.

“Si Sherezada estuviera viva hoy, quizá hubiera tomado el primer barco para Europa”, afirma Mahmud Hurani, el director palestino-británico de esta obra corta y silenciosa, de mimo y marionetas.

El éxodo masivo de migrantes “nos obliga a reflexionar sobre el estado de pánico de estas personas para decidir arriesgar la vida en un barco pequeño”.

Sherezada cuenta al rey Shahrayar la historia de Ahmed, un niño enclenque con una vida anodina en un país árabe.

Un buen día estalla la guerra. Llueven cohetes sobre su aldea otrora apacible y el niño se ve obligado a embarcar en busca de cobijo en Europa.

Entonces Ahmed aprieta las manos contra el corazón mientras su barco de papel se aleja… y el espectador se pregunta si habrá sobrevivido.

“Hemos querido mostrar los motivos que empujan a estas personas a partir de su país, pero también todos los riesgos mortales a los que se exponen en la carretera”, cuenta Carmen Omar, con un papel en la obra.

Esta refugiada sirio-palestina de 21 años, que viene del inmenso campamento de Yarmuk en Siria, escapó a este destino gracias a un programa francés de realojamiento.

La obra fue presentada hace unos días en Beirut y será representada en campamentos de refugiados palestinos y sirios de Líbano, país de cuatro millones de habitantes que acoge a 1.1 millones de refugiados sirios y otros cientos de miles palestinos.

‘Tragados por el mar’

La obra ilustra el dilema de los refugiados, que no saben si quedarse en un país devastado por la guerra o “desarraigarse para ir a otro”, explica Hurani, de 45 años.

“No sabíamos qué hacer. ¿Decirle a la gente que huya de la guerra y arriesgue la vida en el mar? ¿O decirle que se quede y se arriesgue a morir en su propio país?, reconoce.

Con todo, Los mil y un Titanics logra arrancar alguna que otra sonrisa al espectador.

Como cuando Ahmed intenta subir su maleta al barco de papel que flota sobre las tablas azulonas del teatro. A cada intento, la maleta se aleja, como si se negara a embarcar.

La maleta “no quiere irse del país que la vio crecer o bien oyó hablar de la suerte que corrieron las otras maletas que intentaron huir”, cuenta Hurani.

Lejos de las “historias mágicas como las de Las Mil y una noches“, Oriente Medio vive un día a día ritmado por los conflictos “que empujan a la gente a embarcar en barcos precarios, prácticamente en barcos de papel… Algunos migrantes son mujeres de la edad de mi madre -lamenta-, a menudo tragadas por el mar”.

El mensaje de humanidad de la obra -dice- resuena más allá de las fronteras porque “un refugiado es un refugiado, independientemente de su origen”.