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Ni rivales ni enemigos: EU; aún tenemos mucho que dialogar: Cuba

Cuba

El secretario de Estado de EU, John Kerry, y el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, se saludan durante una conferencia en La Habana, Cuba, el 14 de agosto de 2015. Foto Reuters

Por Blanche Petrich, enviada

La Habana.

Ya ondea la bandera de Estados Unidos frente a su embajada en el malecón habanero. El momento memorable se cumplió en apenas 26 minutos. Pero con todo y los aires de una nueva era que rodearon la ceremonia, presidida por el secretario de Estado John Kerry frente a un centenar de invitados, sus palabras recordaron las profundas distancias entre los dos gobiernos y que Washington todavía aspira, ahora ejerciendo la diplomacia y el poder suave, a cambiar el sistema surgido de la revolución cubana.

Dijo: Vamos a seguir insistiendo en que el gobierno de Cuba cumpla sus obligaciones con los convenios de derechos humanos de la ONU y del sistema interamericano. Seguimos convencidos de que al pueblo de Cuba le beneficiaría una democracia genuina, donde la gente pueda elegir a sus líderes, expresar sus ideas, practicar su fe. Y que el compromiso con la justicia social y económica es más pleno ahí donde las instituciones rinden cuentas y la sociedad civil es independiente.

Matizó: No es realista esperar que la normalización de las relaciones tenga un impacto transformador a corto plazo.

La puesta en escena

El escenario para la ceremonia de la bandera fue preparado cuidadosamente por el personal de la embajada. El mar de fondo, la hora cerca del mediodía insolando a los presentes, incluidos los centenares de cubanos que se aproximaron a la zona –cercada por razones de seguridad– para estar cerca del momento histórico; estacionados sobre el malecón, ubicados para quedar en el tiro de los camarógrafos y fotógrafos, tres Chevrolets de los años 50 primorosamente restaurados por el ingenio de los mecánicos cubanos. Fue el toque nostálgico chic.

Me alegra ver que mi transporte está esperándome allá afuera, bromeó el secretario de Estado, el primer funcionario de ese rango que pone pie en la isla desde hace 70 años. Al final se quedó con las ganas de su tour vintage, aunque sí se tomó algunos minutos para pasear a pie –acompañado por el historiador de la ciudad, Eusebio Leal– por La Habana Vieja cuando, al atardecer, concluyó la reunión bilateral de las dos delegaciones y la conferencia de prensa conjunta.

Apoyado en su bastón, Kerry caminó por la plaza de San Francisco, tomó un refrigerio en el Café de Oriente y recorrió parte del convento franciscano bellamente restaurado. También provocó un considerable tumulto de turistas y transeúntes y consiguió que el dueño de uno de los almendrones que dan servicio en el casco histórico le prometiera que cuando Obama visite la isla le ofrecerá un paseo gratuito.

Ya para culminar su viaje de 10 horas a la isla, Kerry se trasladó al barrio de San Francisco de Padua, para visitar la casa museo que habitó su paisano el escritor Ernest Hemingway, donde se interesó particularmente por la biblioteca que aún conserva varios de los tomos que fueron propiedad del autor de El viejo y el mar.

Por su parte, los habaneros de El Vedado, particularmente los que habitan los edificios de cara al mar en la zona –calles M y N– que desembocan en la embajada estadunidense y la plaza llamada Tribuna Antimperialista desataron desde la noche anterior un duelo de banderas. No dejaron que la de las barras y las estrellas fuera la única que protagonizara la jornada, sino que colgaron enormes, grandes y pequeñas banderas cubanas en los alrededores.

Pasaban de las 10 cuando hicieron su aparición en el patio frontal de la embajada tres marinos jóvenes y tres viejos, los primeros marciales, los segundos ya no tanto. Entre los veteranos, Jim Tracy, el mayor, llevaba en brazos la bandera que en enero de 1961 fue arriada por ellos, cuando eran parte de la guardia de la agregaduría militar de la embajada. Fueron recibidos como héroes, aunque no se les conozca otra gesta más que aquella, la de haber bajado la insignia.

En el momento culminante, el tambor del Quinteto de Alientos de la Armada estadunidense tocó a redoble. Lentamente la bandera fue ascendiendo y cuando fue visible desde las calles, el público que se aglomeraba estalló en aplausos y gritos. En el patio de la embajada las emociones fueron mucho más contenidas.

Entre los invitados que se derretían bajo el sol se encontraban el cardenal Jaime Ortega y el nuncio papal quienes, hoy se sabe, jugaron roles cruciales en el proceso de acercamiento que se desarrolló en absoluto secreto entre la Casa Blanca y la oficina del general y presidente Raúl Castro con la intermediación del papa Francisco. Asistieron también cabilderos estadunidenses que durante años recientes han promovido decenas de viajes de un lado al otro del estrecho de la Florida, el cuerpo diplomático presidido por el embajador de la Confederación Helvética, Didier Burkholder –quien recibió un reconocimiento especial por parte de Kerry–, y la delegación cubana que encabezó la viceministra de Relaciones Exteriores Josefina Vidal.

Las palabras inaugurales corrieron a cargo del embajador Jeffrey DeLaurentis, quien recordó que él empezó su carrera diplomática justamente en esa sede en 1991, cuando esto se llamaba de otro modo, dijo para no mencionar a la ahora desaparecida oficina de intereses.

Una ocasión memorable

Kerry inició su discurso elogiando la valentía de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, quienes decidieron dejar de ser prisioneros de la historia.

Y a la historia se remitió cuando dio su versión de las causas que llevaron a cerrar su embajada, después de una escalada de fricciones. Cuando Fidel Castro solicitó a Washington reducir al mínimo el personal de la misión, el presidente (Dwight) Eisenhower decidió que no le quedaba otra opción mas que cerrar la embajada.

Pasó a los recuerdos personales al hablar de la crisis de los misiles soviéticos en 1962. Yo era estudiante. Aún recuerdo el mapa sombrío que mostraba el movimiento de los barcos enemigos, el plazo fatal que se acercaba y una palabra peculiar: cuarentena. Cerrábamos los ojos en la noche sin saber qué íbamos a encontrar al abrirlos el día siguiente.

Las generaciones de esos años conflictivos, puntualizó, nos hemos hecho viejos. En Europa cayó el muro de Berlín y los países de Europa Oriental se democratizaron. Puso un ejemplo aun más dramático: su reciente visita a Hanoi para conmemorar el 10 aniversario de la normalización de relaciones entre los dos países que sostuvieron hasta 1975 una guerra larga y cruenta. Veinte años de acercamientos y 20 años de intercambios convenientes para los dos países han hecho de Vietnam una nación dinámica. Y en estos procesos de reconciliación en el mundo, Cuba y Estados Unidos se mantuvieron atrapados en el pasado.

Esto cambia a partir de ahora: Ya no seremos rivales ni enemigos. Somos vecinos. Y como vecinos tenemos mucho de qué hablar.

Luego pasó a la autocrítica que ha estado presente en el discurso de Obama desde que se hizo público este deshielo: Las políticas del pasado no nos llevaron a una política de transición democrática en Cuba.

Añadió: No sería realista esperar que la normalización de las relaciones tengan un impacto de transformación a corto plazo. Después de todo, es a los cubanos a quienes corresponde forjar el futuro de Cuba.

Los únicos aplausos que recibió fueron cuando aseguró que su gobierno apoya las iniciativas en el Congreso para levantar el embargo comercial y económico a la isla.

Mientras, el presidente Obama ha dado pasos para aliviar las restricciones a remesas, exportaciones e importaciones para ayudar a los empresarios, las telecomunicaciones y los viajes familiares. Queremos ir más allá.

La meta de Washington, reconoció, es que los cubanos estén mejor conectados y mejoren sus condiciones de vida.

En el tema del embargo manifestó que es una vía en dos sentidos y que corresponde ahora al gobierno cubano hacer su parte.

Esto es: Que a la gente no le sea tan difícil abrir sus negocios, comerciar y acceder a la información en línea.

Por último, entre los agradecimientos, mención especial merecieron los líderes latinoamericanos. Por muchos años nos pidieron dar el paso que ahora estamos dando.

Izada la bandera, Kerry recogió su bastón del piso y emprendió la retirada. En su mástil, la bandera estadunidense quedó a merced de la brisa.